Summer
Que la cafetería Sweet Waves estuviese llena día sí y día también se había convertido en la excusa perfecta para sentarme cada tarde con aquella chica pelirrosa de ojos color tormenta.
Ya había pasado una semana desde que nos conocimos oficialmente, y cada día habíamos compartido un ratito en la cafetería con la excusa ideal de que no había más mesas libres.
Cada vez que yo aparecía, Evie cerraba su portátil, se pedía otro té y charlábamos de cualquier tontería mientras yo me bebía mi limonada y, de vez en cuando, devoraba algún pastelito. Flynn, el cuñado de Evie, hacía los mejores pastelitos del pueblo.
Aquella tarde cuando el sol ya empezaba a esconderse tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados, salí del agua con mi tabla de surf bajo el brazo y una sonrisa de anticipación en los labios, pero cuando miré hacia la terraza de la cafetería, la sonrisa se me borró: no veía el pelo rosa de Evie por ninguna parte.
Extrañada, troté hasta allí y entré en la cafetería para buscar a Jack y preguntarle por ella. Él me vio enseguida, a lo que no tardó en dibujársele una sonrisa burlona mientras se acercaba a mí.
—¿Qué pasa, reina de las olas? ¿No encuentras tu ráfaga de viento? —bromeó, creyéndose muy gracioso.
Puse los ojos en blanco.
—Jackie, no haces gracia. ¿Dónde está?
—¿Quién? —preguntó con una sonrisa maliciosa.
Lo fulminé con la mirada.
—Sabes a quién me refiero.
Él soltó una carcajada y se encogió de hombros.
—Quizá se ha cansado de verte surfear.
—O quizá se ha cansado de verte las raíces sin tintar —contraataqué.
Jack abrió la boca ofendido.
—Oye, reina, eso ha sido un golpe bajo —dijo pasándose una mano por el pelo rubio, intentando tapar las raíces oscuras que empezaban a asomar.
—Lo siento, Jackie —me disculpé con una pequeña sonrisa—. ¿No hay mesas libres?
—No, cielo. Pero puedes sentarte en la barra si te apetece tomar algo.
—Vale, gracias, haré eso. Ponme una limonada, porfa.
—Marchando, doña venenosa —bromeó, a lo que negué con la cabeza divertida.
Saqué mi móvil de la bolsa de tela que usaba siempre que venía a hacer surf y busqué el chat de Evie, el cual aún no había estrenado, para preguntarle por qué no había venido aquella tarde.
Hailey salió entonces del baño y se colocó tras la barra, por lo que no tardó en verme.
—Hola, Summer —me saludó con una sonrisa amable.
—Hola, Hailey. Oye... ¿Y tu hermana? —pregunté intentando sonar despreocupada.
Hailey me dirigió una mirada de hermana mayor que parecía gritar que sabía mis secretos más oscuros, y luego cogió un trapo para limpiar la barra.
—En casa —respondió encogiéndose de hombros.
Me quedé mirándola en espera de que elaborara más su respuesta, pero cuando me quedó claro que no iba a hacer tal cosa, decidí reformular mi pregunta.
—¿Por qué no ha venido hoy? —curioseé.
Jack eligió el momento exacto en el que Hailey abrió la boca para responderme para aparecer con mi pedido.
—Toma, Summie, que te aproveche.
—Gracias, Jackie —contesté sin apartar la vista de Hailey, en espera de su respuesta—. ¿Y bien?
Jack nos miró con curiosidad, pero entonces, cuando Hailey abrió la boca de nuevo, Flynn la llamó desde la cocina.
—Joder —me quejé en voz alta después de que ella se disculpara y se fuera hacia allí.
—¿De qué hablabais? —inquirió mi amigo.
—Le acababa de preguntar por qué Evie no ha venido hoy—expliqué soltando un suspiro.
—Ahh. —Jack asintió con una sonrisilla—. Te veo muy interesada en la pelirrosa, Summie —canturreó.
—Venga, Jack, sabes que la chavala me gusta. Creo que nos lo podríamos pasar bien el tiempo que esté aquí —dije encogiéndome de hombros.
—Eh... Tía, ¿tengo que recordarte que escribe novelas de amor? Dudo mucho que sea una chica de rollos de verano.
—Oye, ¿y por qué no va a serlo? Eso es inspiración pura y dura para sus novelas —protesté, en desacuerdo con él.
—Summer, dos de sus tres novelas acaban en matrimonio, y en la que no, las protagonistas adoptan un perro juntas —me recordó, alzando las cejas con diversión.
—Joder... —mascullé de nuevo—. Mira, Jackie, no me comas la cabeza. Si quiere algo o no, ya me lo dirá ella.
En ese momento mi móvil vibró sobre la barra. Lo cogí con rapidez y Jack soltó una carcajada.
Hola, Summer
He amanecido con un resfriado de verano, por eso no he ido a la cafetería esta tarde
—¿Qué te ha dicho? —preguntó Jack inclinando la cabeza para leer los mensajes.
Apagué el móvil y sonreí ampliamente cuando se me ocurrió algo.
—Jackie, ¿tú sabes dónde viven tus jefes?
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Donde rompen las olas
RomanceUna escritora de éxito, una estudiante que ama el surf y un verano en un encantador pueblo de Australia, ¿qué puede salir mal? Evie tiene que entregar su nueva novela al final del verano, pero no consigue escribir ni una palabra. Por eso, decide vis...
