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El mundo no cambió cuando los alfas comenzaron a aparecer en portadas de revistas científicas ni cuando los omegas dejaron de ocultar sus collares inhibidores bajo camisas de lino. La época moderna tiene rascacielos de vidrio, startups millonarias y aplicaciones de citas con filtros para feromonas compatibles. Pero el corazón humano sigue siendo un artefacto antiguo.
Jayce Talis lo sabía mejor que nadie.
Frente al espejo de su apartamento en Piltover, con la camisa a medio abotonar, se quedó quieto. La tela blanca colgaba abierta sobre su torso. Sus manos -firmes para sostener conferencias, firmes para firmar contratos, firmes para moldear el futuro de la tecnología hextech- temblaron apenas.
No era el desnudarse físico lo que lo detenía.
Era el otro.
Desvestirse significaba explicar por qué todavía usaba un collar con un significado fuerte, algunas cicatrices. Significaba contar que había sido el alfa prodigio que prometió cambiar el mundo... y que en el proceso perdió a la única persona que le importaba más que la gloria.
Su teléfono vibró.
Mel Medarda: Estoy llegando al restaurante. Sin presión, Talis. Solo vino y conversación inteligente.
Mel era impecable. Alfa dominante, segura, estratega política con una sonrisa que abría puertas. Su aroma era especiado, elegante, diseñado para no invadir. Todo en ella era cálculo amable.
Jayce cerró el botón superior y exhaló.
No era justo compararla.
Pero la mente no pide permiso.
La cita fue perfecta.
Demasiado perfecta.
Mel hablaba de inversiones en energía limpia. Jayce asentía, respondía, reía cuando correspondía. Sus feromonas se rozaban en el aire, sutiles, compatibles en teoría. La compatibilidad biológica es una ciencia extraña: análisis hormonales, algoritmos de apareamiento, porcentajes tranquilizadores.
Y sin embargo.
Cuando Mel rozó su muñeca al pasarle la copa, el gesto fue correcto. Medido.
No era como él...
El no tocaba para seducir. Tocaba como si estuviera comprobando la temperatura de una estrella. Como si cada contacto fuera una hipótesis que necesitaba validación.
Jayce bebió vino y recordó el laboratorio. Recordó el día en que los flashes de las cámaras se volvieron insoportables para esa persona. Los titulares: El omega genio detrás del alfa dorado. Las preguntas invasivas. Las especulaciones sobre cuándo formarían familia.
El quería desaparecer del foco. Quería una casa silenciosa. Hijos lejos de los micrófonos. Un jardín. Tiempo.
Jayce quería esperar. Quería consolidar el proyecto, expandirlo, asegurar su legado, su estatus.
Ambos tenían razón.
Y eso fue lo peor.
♥︎
Ahora, sentado en un banco del parque en San Valentín, Jayce entendía algo incómodo: el duelo no caduca con el calendario. Puede dormir, pero no muere.
Había salido del restaurante con Mel con una despedida cordial. Nada roto. Nada prometido.
Le dijo que la llamaría.
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Ámbar (Jayvik) Finalizada
FanfictionPorque Jayce reconocería esos ojos ámbar siempre..
