Primavera.
La estación en la que el aire parece más ligero, en la que los cerezos tiñen el paisaje de pétalos rosados y el mundo entero da la impresión de comenzar de nuevo.
Una época asociada al amor, a las promesas silenciosas y para desgracia de muchos, al inevitable regreso a clases.
Las calles de la ciudad de Zaun estaban llenas de estudiantes que avanzaban en pequeños grupos hacia el instituto.
Risas, saludos efusivos, abrazos apresurados y conversaciones superpuestas formaban una melodía juvenil que flotaba sobre la acera.
Algunos corrían para no llegar tarde; otros caminaban con la calma de quien aún se resiste a abandonar la libertad de las vacaciones.
Entre toda esa vitalidad destacaba una figura solitaria.
Un chico de cabello blanco ,tan llamativo como nieve bajo el sol de la mañana avanzaba con las manos en los bolsillos y el ceño fruncido con intensidad casi permanente.
Sus ojos avellana, profundos y expresivos, contrastaban con su gesto de fastidio.
Ekko Lennox no compartía el entusiasmo general.
Cada paso parecía un recordatorio de que debía volver a ese lugar que consideraba una tortura diaria: la escuela.
Varias chicas se giraban discretamente para mirarlo al pasar.
Algunas se cubrían la boca para ocultar sonrisas nerviosas; otras se sonrojaban sin remedio.
-¿Quién es? Es muy guapo... -susurró una.
-¿No lo sabes? Es Ekko Lennox. Dicen que es problemático... pero sí, es muy atractivo -respondió otra en tono cómplice.
Ekko escuchó cada palabra. ..
Su oído era demasiado bueno para ignorar murmullos, y aquello solo conseguía incomodarlo.
Nunca había entendido a las mujeres.
No era timidez, ni desinterés fingido: simplemente no le importaba.
Para él, la mayoría eran ruidosas, insistentes y agotadoras con sus amigas tenía más que suficiente; no necesitaba a nadie revoloteando a su alrededor como un insecto obstinado.
En resumen, ekko no quería novia.
Ni la buscaba.
Ni pensaba hacerlo.
Cruzó la entrada del instituto con paso firme, saludando apenas con un gesto a algunos conocidos, y se dirigió directo a su salón.
-¡E-KKO!
Un chico de cabello negro corría hacia él agitando los brazos como si temiera que desapareciera.
Ekko sin alterar el ritmo, levantó el antebrazo y lo detuvo en seco.
El impacto resonó con un sonido sordo.
-Hola, jayce-dijo con absoluta tranquilidad, continuando su camino.
-Hey, jayce... parece que ekko viene de excelente humor hoy, ¿no crees? -comentó otra estudiante, una chica de cabello negro y ojos marrones, que se había subido despreocupadamente sobre la espalda del caído.
-Muérete, mel... -gruñó jayce desde el suelo, con un hilillo de sangre escapando de su nariz.
Ekko ya no les prestaba atención.
Entró al aula y se dirigió a su asiento habitual, junto a la ventana.
Aquel lugar era su refugio silencioso.
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Accidental mistake
FanfictionUn bailé El alcohol y un solo beso encendió la llama entre nosotros pero ahora la consecuencias de ese día han llegado.
