Mañana, agridulce.
El día empezó como empiezan casi todos en esa casa: con silencio.
No un silencio tranquilo, sino uno tenso y espeso, como si las paredes escucharan.
Brian estaba despierto desde las seis, no porque tuviera que estarlo, sino porque su cuerpo ya no entendía otra cosa, así que después de 5 minutos mirando a la nada, decidió levantarse y hacer la cama meticulosamente.
Agarró un cigarro del paquete que había en su mesita de noche, lo encendió y, mientras le pegaba su primera calada, se quedó mirando su segundo armario, que era ligeramente más grande, lleno de recuerdos y armamento.
Finalmente, saldría de la habitación para cruzar el pasillo y entrar al cuarto de baño.
Se duchó en agua fría; mientras él aún salía levemente de su cabeza: champú anticaspa, gel de baño barato, espuma para quitarse la barba y fuera.
Salió y se secó levemente con la toalla, dejando medianamente húmedo su pelo castaño que llegaba hasta sus hombros.
Vistió con ropa cómoda, como de costumbre: camiseta y tejanos.
Bajó a la cocina cuando el sol apenas entraba por la ventana rota del este.
Encendió su cafetera y puso una cápsula de café fuerte. El tipo de café que te abofetea en vez de activarte, más si viene de una cafetera con más años que tornillos.
Mientras esperaba, miró el calendario colgado junto a la nevera, una fecha marcada en rojo.
Mañana, 16 de septiembre de 2025
No lo pensó demasiado, no todavía.
Después se quedó prendido mirando el cielo desde la ventana de la cocina, un día bastante soleado.
Algo raro. En Seattle, más en un 15 de Septiembre.
Una clara señal, según Brian, de que el mundo cada vez se está volviendo más loco.
El café salió lentamente de la taza, donde ya se había desbordado; quién sabría cuánto tiempo estaría mirando la ventana.
Lo sacó rápidamente, donde sin querer manchó el mármol de la cocina.
—Mierda. —gruñó levemente Brian.
Lo limpio rápidamente con un trapo, para después poner el azúcar en el café.
—¿Ya estás en modo soldado? —dijo una voz somnolienta detrás de él.
Giselle.
Su querida hermana de 17 años.
Brian se giró al instante, con café en mano.
Llevaba una camiseta larga, demasiado larga, con un diseño de calaveras rosadas que le caía sobre los muslos.
Con miles de pulseras en sus delgados brazos.
Uñas totalmente puntiagudas y mal pintadas.
El pelo revuelto pero siempre en su característico peinado, ojeras suaves pero relucientes por sus ojos verdosos, sus piercings de siempre y pies descalzos en contacto con el frío suelo.
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Más allá de la sangre.
Action"Se supone que lo debo querer, pero, ¿deberia ser de esta manera?" Hay una delgada linea que los separa, pero cada vez se vuelve más frágil y inestable... Giselle O'Niell. Una adolescente Scene Emo, con tendencias autodestructivas. Popular, arrogant...
