Capítulo 1 I didn't know if you'd care if I came back

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Cuando el viento sopló su cuerpo tembló. No era típico de ella, nunca, ni una vez, había sentido eso. El frío del invierno le caló en los huesos, la hizo apretar la mandíbula rechinando los dientes. Algo no iba bien y le daba miedo averiguar qué era.

Aligeró el paso de Nokk durante su caminata habitual por los alrededores del Bosque Encantado. Quería asegurarse de que cada hoja de cada arbusto siguiera en su lugar. Sostenía las riendas de Nokk con tanta fuerza que los nudillos se le veían blancos. Daba miradas intranquilas a cada criatura que sacudiera la paz reinante de la tribu. La ardilla sobre la rama del árbol siguió comiendo pese a ello, el saltamontes continuó su camino, los peces del río iban a contracorriente. Todo parecía tranquilo, normal, sin embargo, la sensación de presión sobre su pecho le seguía dificultando respirar.

Regreso al campamento todavía con la guardia en alto. Yelena estaba junto a un muchacho joven de la tribu enseñándole a limpiar el vientre de los peces para la cena de esa noche. Los hombres más grandes volvían con la caza del día, mientras sus hijos jugaban entre los árboles y el resto de la tribu preparaba los abrigos de piel para el invierno.

—¿Todo bien? —preguntó alguien fuera de su vista. Elsa agachó la cabeza y miró a Honeymaren sosteniendo una pila de abrigos recién terminados.

—¿Ah? ¡Ah! Sí, todo bien —repitió. Tardó un segundo en darse cuenta de que seguía montada sobre el espíritu del agua y bajó con cuidado de él —. Déjame ayudarte con eso —le quitó de los brazos una parte de los abrigos.

—¿Quieres acompañarme? Voy a entregarlos a los vigías de la frontera —preguntó esperando una respuesta pacientemente. Elsa seguía intranquila, pero siempre estaba dispuesta a pasar el día con Honeymaren. Ella le daba una extraña sensación de calma y justo eso necesitaba.

—Claro —respondió creando un trineo de hielo para soportar los abrigos que cargaban y otra tanda que una mujer les dejó a un lado mientras hablaban —, pero quisiera llevarles más provisiones, habrá una tormenta.

—¿No puedes desviar la tormenta? —alzó una ceja intrigada.

—No controlo el clima —lo recapacitó un segundo —. Digo, no el clima como tal. No estoy segura de poder hacer eso, nunca lo he intentado en realidad. Siendo sincera, me gustaría intentarlo con algo más ligero —volvió a temblar. El cielo seguía despejado, pero podía sentirlo en la sangre, una gran tormenta se acercaba.

Honeymaren se irguió en su lugar. La percibía diferente por el modo de hablar. Elsa estaba distraída y por lo visto no lo compartiría con ella. No eran esa clase de amigas todavía, aunque no estaba segura de qué tipo de amigas eran en realidad.

Se habían conocido el año pasado durante el otoño, cuando Elsa y Anna derribaron el muro de niebla mágico que había aprisionado el bosque durante más de treinta años. Desde entonces habían compartido mesa en las cenas, trabajado juntas, hablando a solas, aunque todavía existía una línea que no cruzaban para declararse amigas, pero a Honeymaren no le interesaba ser su amiga, quería ser más. No sabía que faltaba para romper esa línea, solo no quería forzarlo.

Cuando terminaron de juntar todas las provisiones, trajeron un reno para jalar el trineo hasta la frontera. El camino era silencioso e incómodo. Elsa no había dicho mucho desde que salieron del campamento, tenía la mirada inquieta en todas direcciones. Honeymaren moría por escucharla decir algo, cualquier cosa. Intentó sacar plática durante el trayecto, pero lo que sea que la estuviera distrayendo era demasiado profundo para responder con frases completas. Se rindió al llegar al pequeño campamento de guerreros.

Recibieron contentos los abrigos y provisiones de comida seca. Elsa les advirtió de la tormenta y les fabricó un iglú con un movimiento de su mano. Aclaró que haría lo mejor que pudiera para frenar la tormenta y los guerreros agradecieron la visita.

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