PRÓLOGO

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Hay personas que entran a tu vida como una tormenta. No piden permiso. No avisan. No llegan despacio.

Y después están las otras. Las que aparecen sin ruido. Las que no sabés en qué momento exacto se volvieron importantes. Las que, cuando te das cuenta, ya están demasiado adentro.

Harper Collins e Ethan Blackwell pertenecen a la primera categoría.

Se odiaron antes de conocerse de verdad. Antes de sentarse en la misma mesa. Antes de tener que compartir un trabajo, un silencio o una mirada sostenida un segundo de más. Se odiaron por intuición. Por defensa. Porque a veces el otro refleja justo lo que uno intenta ocultar.

Ella aprendió a sobrevivir siendo perfecta. Notas altas. Palabras medidas. Emociones bajo llave. Si todo está en orden, nada duele demasiado. O eso cree.

Él aprendió a sobrevivir cerrándose. Pocas palabras. Sarcasmo afilado. Mirada siempre lista para el golpe. Si no esperás nada de nadie, nadie puede decepcionarte. O eso se repite.

No se cruzaron por casualidad. Se cruzaron porque el caos siempre encuentra la forma de ordenarse. Incluso cuando duele.

Esta no es una historia de amor fácil. No hay fuegos artificiales desde el principio. No hay miradas cómplices ni gestos suaves. Hay discusiones. Hay silencios incómodos. Hay palabras que lastiman porque saben exactamente dónde hacerlo.

Hay pasillos donde se murmura. Hay casas con grietas. Hay guitarras que no se tocan. Hay nombres que pesan más de lo que deberían.

Y hay una frase. Una sola. Dicha en el momento menos esperado. Dicha sin ironía. Dicha sin armas.

Una frase que cambia todo.

Porque a veces no es el amor lo que te salva. A veces es alguien que decide quedarse. Incluso cuando no entiende. Incluso cuando tiene miedo.

Esta es la historia de dos personas rotas aprendiendo a mirarse sin huir. De enemigos que no saben en qué momento dejaron de serlo. De un caos que no destruye… sino que revela.

El caos que eresWhere stories live. Discover now