¿Vas a saltar?

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Para las almas que despiertan en medio de la noche...esas a las que nadie ve, pero que cargan batallas que jamás contarían en voz alta.





—¿Vas a saltar?

La voz surgió detrás de él, suave pero desconocida. Rei se tensó; jamás la había escuchado.

—Eso duele, ¿sabes? —continuó ella, acercándose con una sonrisa dulce, casi fuera de lugar—. Dependiendo de cómo caigas, podrías terminar con las tripas o el cerebro esparcidos por todas partes.

Rei frunció el ceño, confundido por la ligereza con la que lo decía.

—La verdad... tú tampoco quieres hacerlo, ¿verdad? —añadió ella—. Tus ojos no mienten.

La vida de Rei era una basura. Desde su punto de vista, seguir vivo no valía la pena. Y aun así, sin entender por qué, su cuerpo reaccionó antes que su mente: tomó la mano de aquella desconocida y se alejó del borde donde minutos antes había decidido terminar todo.

—Woah, este lugar es altísimo... qué vértigo —comentó ella, agachándose para mirar hacia abajo, justo por donde Rei pensaba saltar—. Qué bueno que no lo hiciste. Habrías sido comidilla para esos estudiantes basura que hay aquí. Les habrías dado entretenimiento gratis.

Aún en cuclillas, giró la cabeza hacia él con una sonrisa juguetona.

—Y eso sería lo peor, ¿no crees?

Rei seguía sin decir una sola palabra. No porque no quisiera... sino porque ella no paraba de hablar, y porque él no tenía idea de qué demonios debía decirle.

—¿Quién eres? —logró preguntar por fin. No sonreía; ella sí.

La chica lo observó un momento, en silencio, como si intentara leerlo solo con mirarlo a los ojos.

—Perdón, qué maleducada. Me llamo Luna. Mucho gusto, Rei —extendió la mano hacia él otra vez, acompañada de una sonrisa brillante.

Rei dudó, nervioso... hasta que algo lo golpeó.

—¿Cómo sabes mi nombre?

La desconfianza subió de golpe por su espalda. Un nudo frío se le formó en el estómago. Pensamientos intrusivos lo asaltaron sin piedad:

"¿La habrán mandado ellos?"
"¿Se está burlando de mí?"
"¿QUÉ QUIERE DE MÍ?"

Retrocedió de manera brusca, pero se detuvo cuando sintió una calidez suave en su muñeca.

—No te haré nada —susurró ella.

(¿Cómo... ?)

—¿Cómo sabes mi nombre? Nunca te había visto —insistió él. Su voz tenía un filo de amenaza; no confiaba en nadie, y ella no era la excepción.

Luna sonrió otra vez... pero ya no era la sonrisa cálida de antes. Esta era rara, torcida... como si escondiera dolor. O algo más.

—Yo... te he estado observando —dijo al fin, mientras entrelazaba los brazos detrás de su espalda y le daba la espalda—. Tranquilo, no soy ninguna acosadora, jaja... Solo llamaste mi atención.

Rei abrió la boca para responder, pero no alcanzó: Luna se acercó de golpe y lo tomó por la mejilla, sujetándolo con delicadeza, pero firme.

—Tu cara... ha estado magullada todo este tiempo —murmuró—. Debe doler.
Dime... ¿no quieres salir de aquí conmigo?

...

—Oye... nos estamos alejando mucho...

Sin que él aceptara nada, Luna lo arrastró por todo el pueblo. Fueron a un salón de juegos, luego a una tienda de conveniencia donde comieron ramen instantáneo; pasearon, rieron y hablaron de cosas absurdas e interesantes. Rei no podía negarlo: se lo estaba pasando increíblemente bien. Quizá, pensó, nunca en su vida había sentido algo así.

¿Vas a saltar?Opowiadania do pokochania. Odkryj je teraz