1

3 1 0
                                        

Capítulo 1: La Beca y el Mapa Roto

"El olor a libros viejos y dinero nuevo siempre me mareaba."

Lía se ajustó la correa de su mochila, que ya estaba tan gastada como ella se sentía después de la semana de orientación. La Universidad Aethel no olía a conocimiento; olía a caoba pulida, café orgánico de trescientos pesos y la indiferencia arrogante de gente que nunca tuvo que preocuparse por la factura de la luz.

Ella era la beca andante, la mancha en el cuadro de la élite.

Su único refugio era el diminuto cuarto que compartía en la Residencia Hawthorne. O, más bien, el cuarto que había compartido.

Al abrir la puerta, el silencio la golpeó. El lado de David, su compañero de cuarto por dos meses, estaba perfectamente limpio. Demasiado limpio. No se parecía en nada al caos de cables y apuntes de ingeniería que usualmente lo definían.

David se ha ido, pensó Lía con un escalofrío que no tenía que ver con el aire acondicionado de alta potencia.

No había una nota, no había un mensaje de texto. Su teléfono estaba sobre el escritorio, cargando, como si fuera a volver de un momento a otro. Lo único fuera de lugar era una pequeña tarjeta de biblioteca que David nunca había usado (él siempre decía que los libros "físicos" eran una tortura) y un trozo de papel arrugado debajo de su alfombra.

Lía se arrodilló y recogió el papel. No era un mapa de la universidad. Eran garabatos, símbolos que parecían letras antiguas o, quizás, un código. Pero en la esquina inferior, había un nombre, escrito con una caligrafía temblorosa que no era de David:

Vance.

Vance. Un apellido que en Aethel era sinónimo de poder, de la fundación misma de la universidad y, lo más importante, de Elías Vance. El príncipe oscuro, el heredero silencioso, el hombre que llevaba el rumor de ser tan brillante como peligroso.

Lía recordó la primera regla no oficial que le dieron: Mantente lejos de la órbita de Elías Vance.

De pronto, un sonido metálico la hizo saltar. Provenía del pasillo. Lía metió el trozo de papel arrugado en su bolsillo justo cuando la puerta se abrió sin ser anunciada.

Un chico, alto, impecable y con una mirada de hielo que podría congelar un volcán, entró en la habitación. Era Elías Vance.

Sus ojos grises se clavaron en Lía, que seguía arrodillada junto al escritorio de David.

"¿Qué estás buscando?", preguntó Elías con una voz tan baja y controlada que sonaba más a una amenaza que a una pregunta.

Lía se puso de pie, su corazón latiéndole como un tambor de guerra. Tragó saliva, sintiendo el peso de la regla rota.

"Mi compañero... David... No está. Solo estaba..."

Elías no se movió, solo escaneó el cuarto y, finalmente, se detuvo en el teléfono de David sobre la mesa.

"David no es tu compañero", interrumpió Elías. Su mirada era cortante. "David es mi primo, y hace tres horas que debería haber estado en el funeral de su abuelo en la otra costa."

Lía sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.

"Tú no eres la única que sabe que se ha ido, Lía", continuó Elías, dando un paso lento hacia ella. "Y no eres la única que parece querer encontrarlo."

Se inclinó, y por un momento Lía pensó que iba a decirle la verdad. En cambio, su mano fue directamente a su bolsillo, sintiendo el relieve del papel arrugado.

"Dime, ¿qué tienes tú que le pertenezca a un Vance?"

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Nov 26, 2025 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

El Legado del EclipseStories to obsess over. Discover now