Fourth no recordaba haber soñado así nunca. No de esa forma. No con esa claridad incómoda, casi obscena, que le hizo olvidar por un momento dónde terminaba su cuerpo y dónde empezaba el del hombre que tenía delante.
O, mejor dicho, el hombre que tenía encima.
Pero todo empieza antes del sueño. O eso se repetía él mismo, mientras la oscuridad de la noche llenaba el dormitorio que compartía con Love.
El reloj marcaba las 2:50 a.m.
La respiración de Love era suave, constante, casi infantil. A su lado, Fourth parecía un animal atrapado: los ojos abiertos, el pecho agitado, la mente en un punto donde no quería estar.
Ese día había sido cualquiera, tan normal que casi dolía. Trabajo, tráfico, cena rápida, un beso apagado en la mejilla. La clase de rutina que debería dar paz...pero que últimamente sólo lo llenaba de un silencio extraño.
Un silencio que no sabía de dónde venía O quizá sí. Quizá venía de él mismo.
Cerró los ojos intentando obligarse a dormir. No quería pensar más, no quería sentir más.
Solo descansar.
Pero el sueño lo atrapó con la rapidez de un animal que ataca desde la sombra.
Y entonces lo vio.
No había un lugar reconocible. El sueño parecía no tener paredes, ni cielo, ni suelo.
Solo una oscuridad espesa con una luz suave cayendo desde arriba, como si alguien hubiera encendido una lámpara muy lejos, detrás de una cortina negra. Un escenario vacío, silencioso.
Hasta que apareció.
Un hombre alto. Ancho de hombros. De presencia sólida, como si lo hubiesen recortado de un cuadro.
Llevaba un traje negro que no reflejaba luz alguna y una máscara lisa, oscura, sin facciones.
Sólo una forma humana sin rostro fijo, pero con una intención tan marcada que Fourth sintió un escalofrío correrle por la espalda.
El hombre avanzó sin sonar. Los pasos parecían deshacerse antes de tocar el suelo.
Fourth dio un paso atrás por puro instinto.
—¿Quién eres? —preguntó, o creyó preguntar. La voz no salió de su boca, pero resonó en el aire como un pensamiento empujado hacia afuera.
El hombre no respondió. Solo inclinó la cabeza, como un gato evaluando a su presa, La máscara no tenía ojos, pero Fourth sintió la mirada encima. Una mirada que se deslizó desde su rostro hasta su pecho, su abdomen, más abajo, como si estuviera saboreándolo con la mirada
Y Fourth sintió calor. Ese tipo de calor que es casi un temblor.
El hombre avanzó dos pasos más. Fourth retrocedió uno, pero sus pies no obedecieron del todo.
Como si quisiera huir y quedarse al mismo tiempo.
El aire alrededor de ellos se volvió más denso. Él levantó una mano enguantada y la llevó al rostro de Fourth. No lo tocó, solo lo rozó con un gesto casi reverente.
El cuerpo de Fourth respondió sin permiso. Su piel se estremeció, su respiración se acortó, su corazón se aceleró con una ansiedad que no era miedo... no exactamente.
Era algo diferente. Algo parecido a deseo, pero un deseo tan desconocido que dolía.
La mano del enmascarado descendió, lenta, estudiando, como si recordara cada centímetro del cuerpo de fourth aunque nunca lo hubiera visto, su cuerpo se tensó, cada toque era electrizante
No quiso, pero no pudo evitarlo.
—No... —susurró.
El hombre acercó la máscara a su oreja. La voz llegó como un murmullo caliente.
YOU ARE READING
Nocturno sin rostro
Romance~ Fourth comienza a tener sueños húmedos con un desconocido enmascarado que parece saber demasiado sobre él. Lo que empieza como fantasía se vuelve realidad. Cada sueño deja marcas reales, cada encuentro lo hunde más en una obsesión que lo consume. ...
