Raro

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Jungwon nunca fue un chico como los demás. Es amante de los silencios, de la soledad, no sale mucho de casa y sus pasatiempos son algo peculiares.

Incluso su gusto por una persona era diferente. Normalmente se esperaría que, si te gusta alguien, te acerques, lo invites a salir o consigas su número de teléfono. Pero para Jungwon, observar era lo que mejor podía hacer. Desde el primer día de clases, cuando conoció a Jay.

Jungwon comenzaba a sentirse frustrado, su lata de soda de manzana estaba ahí, atascada en la maquina expendedora. No sabia por qué. Presionó los botones como sabía hacerlo, introdujo la cantidad exacta de dinero que su madre le daba para su almuerzo, espero unos segundos y la lata se quedo atorada junto a las demás.

Intentó mover la maquina. Claro que su débil intento de fuerza no cambio nada, y cuando estaba decidido a irse, ya que no es como si pudiera sacarla con el solo pensarlo o quedarse como un tonto frente a ella.

- Hey, ¿te ayudo con eso?

Apareció frente a él el chico más guapo que había visto en toda su vida. Aun con el cabello despeinado, sonrojado y sudado, le parecía estar viendo un ángel. Incluso parecía brillar o era solo la luz artificial que colgaba sobre ellos. No pudo decir nada, solo asintió lentamente a las palabras del más alto.

Jay golpeó un poco la maquina, haciendo caer su lata de soda. La tomó y se la extendió a Jungwon, quien no pudo más que murmurar un suave "gracias", tan bajo que no sabe si el otro chico lo escuchó. Solo recibió una pequeña sonrisa provocando que su corazón latiera más rápido mientras veía a su chico ideal desaparecer por el pasillo.

Desde ese momento todo cambio para Jungwon. Necesitaba saber más de él, lo cual no fue muy difícil, ya que Park Jongseong, mejor conocido como Jay. Es uno de los chicos más famosos del colegio. Su familia maneja importantes negocios en todo el país, es amigo de muchos alumnos y además es capitán del equipo de fútbol.

Y, para la suerte y felicidad de Jungwon, compartían la clase de literatura. Todos los viernes a las ocho de la mañana Yang esperaba pacientemente en su lugar, al fondo junto a la ventana, a que llegara su caballero, como lo había apodado, y por las siguientes dos horas se dedicaba a observarlo.

Los días restantes, Jungwon lo buscaba en sus horas libres, esperando encontrarselo en los pasillos, en la cafetería a la hora del almuerzo. Y, claramente asistía a sus entrenamientos y partidos de fútbol. No era muy fan de los deportes, pero ver a Jay emocionarse cada vez que su equipo ganaba bastaba para alegrarle toda la semana.

Para Jungwon observar a Jay era suficiente. No tenia el valor de hablar con él, no sabría que decir. Además, esta seguro que Jay ni siquiera lo recordaría.

Todo lo que observaba de Jay, lo tenía apuntado en su libreta azul, una de sus favoritas. Le gusta escribir las cosas que hace, lo que le gusta, lo que no le gusta, su rutina, incluso conversaciones que tiene, aunque no sean con él. Puede parecer extraño pero es su forma de gustar de un chico. Y mientras nadie vea el contenido de esa libreta, todo estará bien.

Jungwon se encontraba comiendo el almuerzo que preparo su mamá, mientras escribía una nueva nota de Jay.

"Jay se pone nervioso al participar en clase. Hace movimientos rápidos con su mano derecha y su voz tiembla un poco. Suspira una vez termina de hablar y se limpia la frente aún cuando no hay ni una gota de sudor."

- ¿Jay? ¿Acaso estas escribiendo una carta de amor para mi amigo? - Jungwon brinca ligeramente del susto al escuchar esa voz. Intenta cerrar rápido la libreta, pero es tarde, el otro chico se la arrebata y corre al otro lado de la mesa.

- ¡Vaya! Oye, Kim, escucha esto "A Jay le gustan las bebidas sabor naranja, es la quita vez esta semana que bebe una lata en el almuerzo".

- Dios, es un acosador o algo así. Ni siquiera yo sabría eso. - Ambos se ríen fuertemente después de escuchar lo que Jun leyó de su cuaderno.

- Dame mi libreta, por favor. Es mía.- Jungwon súplica, pero es en vano, Jun sigue leyendo más notas, cada vez más fuerte, mientras se ríe a carcajadas con su otro amigo.

- ¡Jay! Deberías leer esto. ¿Es verdad que te gusta alimentar gatos callejeros después de clases? ¡Qué tierno eres! - Kim sigue riéndose exageradamente pero Jungwon deja de escucharlo un instante, cuando ve a Park Jongseong acercarse a su mesa. Su cara pierde color y siente que su corazón late incontrolablemente.

- ¿Qué es lo que te tiene riendo como idiota?

- Amigo, tienes que leer esto. Este tipo es tu admirador secreto, sabe todo sobre ti. - Jun le entrega el cuaderno a Jay, quien lo hojea rápidamente, leyendo lo que antes eran notas personales de Jungwon.

Jay golpea el cuaderno contra la mesa, ocasionando que Jungwon cierre los ojos por el fuerte ruido.

- ¿Qué mierda significa esto? - La voz de Jay es fuerte y molesta. Jungwon quiere huir, salir corriendo lo más rápido que pueda, pero parece que sus pies están pegados completamente al piso.

- Es mío... devuélveme mi cuaderno por favor. - Hace otro intento de súplica, pero cuando ve a Jay sonreír con burla y alejar el cuaderno de él, sabe que esta perdido.

- Aquí tiene mi nombre escrito. Muchas veces de hecho. Así que lo conservare, rarito.

Jay se da la vuelta, alejándose con sus dos amigos mientras se ríen. Las personas a su alrededor lo miran con burla. Jungwon por fin se permite correr, sus lágrimas caen desordenadas por sus mejillas. Se siente tan humillado.

Ahora Jay lo sabe. Sabe que es un chico raro que gusta de él.

Libreta - Jaywon Where stories live. Discover now