Los personajes de Naruto no me pertenecen. Solo los uso con motivos creativos.
La historia no esta ligada a un tiempo sentro de la obra.
***
La lluvia caía con una cadencia lenta sobre los ventanales del despacho, como si el cielo mismo estuviera indeciso entre llorar o callar. En el centro de la habitación, un hombre permanecía de pie, con los hombros tensos y la mirada clavada en el suelo de mármol negro. Naruto Uzumaki, empresario joven y ambicioso, había perdido el brillo en los ojos que alguna vez lo definió. Su empresa, construida con sueños y promesas, se desmoronaba como un castillo de arena bajo la marea del fracaso.
Frente a él, sentado tras un escritorio de madera oscura tallada con símbolos antiguos, estaba Sasuke Uchiha. Su figura era elegante, casi aristocrática, vestida con un traje negro impecable que contrastaba con la palidez de su piel. Sus dedos largos y delgados sostenían una copa de vino tinto, que giraba lentamente mientras lo observaba con una mezcla de curiosidad y desprecio.
—¿Sabes lo que me gusta de los hombres desesperados? —dijo Sasuke, con voz baja y afilada como una hoja mojada—. Que están dispuestos a entregar lo que más aman... sin siquiera darse cuenta.
Naruto levantó la vista, sus ojos azules apagados por la humillación. Había agotado todos los recursos, hipotecado su casa, vendido sus vehículos, y aún así, la deuda con Sasuke seguía creciendo como una sombra que lo devoraba. El préstamo que había solicitado meses atrás, con la esperanza de salvar su empresa de tecnología, se había convertido en una cadena invisible que lo arrastraba hacia el abismo.
—Necesito más tiempo —murmuró Naruto, con la voz quebrada.
Sasuke sonrió, pero no era una sonrisa cálida. Era la clase de gesto que uno ve en los depredadores antes de atacar.
—El tiempo es un lujo que tú ya no puedes pagar.
Naruto tragó saliva. Sabía que estaba tratando con alguien que no respetaba las reglas del mundo legal. Sasuke no era un banquero. No era un inversionista. Era algo más antiguo, más oscuro. Un hombre que movía los hilos del bajo mundo con la precisión de un cirujano y la crueldad de un poeta maldito.
—¿Qué quieres? —preguntó Naruto, sintiendo que cada palabra le costaba un pedazo de alma.
Sasuke se levantó con lentitud, caminó hacia él y se detuvo a pocos centímetros. El aroma de su perfume era sutil, casi imperceptible, pero tenía algo perturbador, como flores marchitas en una tumba recién abierta.
—Tu esposa —dijo, sin titubear.
Naruto retrocedió un paso, como si le hubieran golpeado el pecho. Hinata. Su Hinata. La mujer que lo había amado desde antes de que tuviera éxito. La que lo esperaba cada noche con una sonrisa, aunque él llegara con el mundo derrumbado sobre los hombros. La que jamás le pidió nada, excepto que no se rindiera.
—Estás enfermo —susurró Naruto.
Sasuke inclinó la cabeza, como si aceptara el diagnóstico con orgullo.
—Tal vez. Pero tú estás quebrado. Y en este mundo, la enfermedad gana sobre la ruina.
El silencio que siguió fue denso, casi físico. Naruto sintió que el aire se volvía más pesado, que la habitación se cerraba sobre él como una trampa invisible. No podía imaginar a Hinata en manos de ese hombre. No podía imaginarla lejos de él. Pero tampoco podía imaginar perderlo todo. La empresa, su reputación, su futuro.
—No la tocarás —dijo, con voz temblorosa.
Sasuke se acercó aún más, hasta que sus labios estuvieron a centímetros de su oído.
—No prometo nada.
Y con eso, se alejó, dejando a Naruto solo en la habitación, con el sonido de la lluvia como único testigo de su rendición.
Horas después, Hinata caminaba por el pasillo de su casa, con una taza de té en las manos, ajena al destino que se tejía en las sombras. Su vestido blanco flotaba suavemente con cada paso, y sus ojos perlados brillaban con una calma que pronto sería arrancada de raíz.
En algún lugar de la ciudad, un auto negro se ponía en marcha. Dentro, un hombre revisaba una fotografía: Hinata, sonriendo junto a Naruto en un parque. La imagen se dobló lentamente entre sus dedos, hasta que la sonrisa desapareció bajo el pliegue.
La deuda había sido sellada. Y el precio, marcado.
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Con mucho amor para las Sasuhina lovers :p
La historia toca temas sensibles, asi que por favor no me funen.
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Sick
FanfictionA veces amamos a quien más nos lastima. --- La historia y la edicion de la portada me pertenecen. Todos los derechos reservados.
