Se detiene en un recuerdo particular. Es verano y están afuera de la tienda camino a casa. Están comiendo sandía y Hikaru mira hacia Yoshiki discretamente. Su cuello parece hecho de néctar, está rojo por el calor y tiene dos lunares juntos, uno deba...
Buscando entre estas palabras y estos conceptos, diría que se siente como tragar todo el helado de un cono particularmente escarchado en invierno. Como pequeñas cuchillas heladas que se abrieron paso sin expandir su garganta para tragar, pero sintiéndose lleno de aire en la tráquea.
Nuevo.
Pasados los primeros tres minutos de respiraciones y ensayos, al fin puede levantar este cuerpo... a Hikaru. La silueta de su cuerpo sobre la hierba ha dejado aplastadas ramas y musgo del bosque.
Sus manos se mueven ensayando pequeños movimientos. El estirar los dedos, contraerlos, acariciar las yemas de sus dedos. Su mano se eleva con la palma hacia afuera.
El pulgar, el anular y el meñique se recogen hacia la palma, mientras el índice y el dedo medio se extienden, separados en un ángulo abierto que dibuja claramente la silueta de una "V".
Un gesto familiar.
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Algo en su cabeza urge. Debe regresar al pueblo, todos estarán preocupados. Él estará preocupado.
Baja los brazos y comienza a caminar con naturalidad. Ha comprendido el balanceo de sus brazos, y la posición de su cadera al caminar. Entiende el peso de su chaqueta empapada y escarchada, comienza a sacudirse un poco para que no parezca que ha pasado días inmóvil en el frío y la humedad.
Yoshiki.
Necesita encontrarse con Yoshiki.
Puede sentir su cuerpo cosquilleando cuando recuerda al pelinegro. Y para HIKARU es la primera vez que recuerda a Yoshiki.
Lo mira en un recuerdo, mientras Hikaru lo esperaba clavado en su pupitre; una tarde antes de ir a casa. Puede verlo metiendo sus cosas al escritorio y seleccionando un par de plumas y lápices. Sus dedos son bonitos, y no se muerde las uñas. Sus pestañas son negrísimas y aun así, parecen atrapar motas de polvo que parece diamantina de la clase de arte porque ¿De qué otro modo parecerían brillar al atardecer? Yoshiki se gira para mirarlo, y le dice que antes quiere pasar por manjus a la tienda porque tiene hambre y deben irse ya mismo.
HIKARU entiende por qué Hikaru pidió por Yoshiki. Siente la ansiedad del pelinegro, su soledad, la urgencia de retirarse de sitios concurridos, del aula ruidosa donde una niña lo mira fijamente y él, incómodo por esa atención; busca apoyo en Hikaru.
Algo en ese recuerdo le revuelve el estómago y le pica el abdomen de emoción a partes iguales.
- Yo -shi-ki ~ -
Ensaya su nombre, marcando cada sílaba y acaba de darse cuenta que esta ha sido la primera palabra que ha dicho desde que este cuerpo murió.