Era un día tranquilo en Mondstadt. Las calles guardaban el más fúnebre de los silencios, únicamente interrumpido por incontables bramidos, el constante retumbar de pasos y...
—¡Eula, esas cosas se están acercando! ¡Pronto estaremos rodeados!
Una chica vigilaba con ansiedad el torpe, pero constante avance de las criaturas que habían infestado toda la ciudad.
—Se acabó el tiempo, caballeros. Nuestra prioridad es volver al cuartel con tantas provisiones como podamos cargar.
Digna e imperturbable, una mujer de corto cabello azul, armada con un mandoble, se movía entre los caballeros que ajustaban sus mochilas con nerviosismo y prisa.
Nadie sabía de dónde habían salido esas cosas. Algunos murmuraban que era un castigo de los arcontes; otros, que habían escapado de las mazmorras bajo la ciudad o que eran alguna creación de los alquimistas de las montañas. Pero todos coincidían en algo: esas cosas no eran humanos.
—Recuerden una última cosa —dijo Eula, colocándose una mochila en su espalda —: rápidos y vivos... o lentos y muertos.
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En medio de un campo rodeado de cerezos, a un costado del monte del Gran Santuario Narukami, una brisa cálida mecía los pétalos que caían a nuestro alrededor. Frente a mí, la tengu por excelencia del clan Kujou me observaba con su habitual indiferencia.
—Sara... ¿qué estás haciendo aquí?
—Vine para devolverte esto —respondió, sosteniendo mi solicitud para unirme al ejército de Inazuma. Sin vacilar, la rasgó en dos—. No vuelvas a intentarlo. La Comisión Tenryou jamás aceptará que te unas.
—¿De qué estás hablando?
Del estante a su costado tomó dos katanas de madera. Una la lanzó hacia mí, y me apuntó con la otra.
—La Comisión Tenryou no te ve como un soldado, sino como alguien que podría ser un mejor detective que Heizou. Pero tienen una propuesta para ti. ¿Crees que puedas vencerme? Si lo haces, están dispuestos a nombrarte vice general en el ejército que comando.
Con decisión, tomé la katana y adopté la postura del clan Kujou. Pero antes de que pudiera moverme, Sara ya había golpeado mi costado con precisión.
Intenté cubrirme, pero su siguiente estocada impactó directo en mi pecho, derribándome contra el suelo.
—Todavía recuerdo la primera vez que te escabulliste hasta el patio del clan Kujou para verme entrenar —dijo, con una sonrisa apenas perceptible—. Y cómo, a pesar de que reforzaron la seguridad, continuaste infiltrándote día tras día hasta que te permitieron entrenar junto a mí.
Me incorporé con esfuerzo y me lancé hacia ella apuntando al torso.
—Como soldado, no tienes posibilidad de ser reclutado —continuó, desviando mi ataque con facilidad—. Pero sabes que la Comisión Tenryou está asombrada por tus habilidades de infiltración. Incluso trataron de convencer a la Suma Sacerdotisa de permitir tu adopción. Si tan solo aceptaras unirte a la división de detectives...
—¡No lo haré! —respondí, con la respiración entrecortada—. La Comisión Tenryou ve a sus espías como peones sin honor. Además... de esa forma no podría estar junto a ti.
El golpe que siguió fue más fuerte. Su espada de madera se hundió contra mi cuello, dejándome sin aire mientras caía de nuevo.
—TN, no puedes venir conmigo —dijo con voz suave, extendiendo su mano hacia mí—. Aún eres demasiado inocente para sobrevivir al campo de batalla.
KAMU SEDANG MEMBACA
Resident Impact
Fiksi Penggemar¿Qué pasaría si un virus zombie azotara el mundo de Teyvat? ¿Cómo reaccionaría cada nación ante esta nueva amenaza? Cuando un misterioso virus comienza a propagarse por todo el continente, las naciones se hunden en el caos. El protagonista de nuestr...
