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​El aire en el pequeño pueblo rural de Japón siempre tuvo un aroma a tierra húmeda y a hojas de té. Para Yoshiki, era el olor de la tranquilidad, de su vida simple y monótona. Pero desde que Hikaru regresó, ese aroma se había mezclado con un dejo dulce y empalagoso, una fragancia de flores de cerezo que lo confundía y lo irritaba.

​Hikaru, su mejor amigo de la infancia, había vuelto de entre los muertos o, al menos, eso parecía. Pero la persona que regresó no era el Hikaru que Yoshiki conocía. Había algo... diferente. Su piel era un poco más pálida, sus ojos un poco más profundos, y lo que era peor, un aroma extraño, a la vez familiar y desconocido, emanaba de él.

​Yoshiki, un alfa cuyo olfato era tan agudo como su temperamento, lo supo de inmediato. Hikaru, su amigo beta, se había convertido en un omega. Y no solo eso, su aroma, su presentación, era el de un omega destinado a él.

​El rechazo de Yoshiki fue instantáneo y visceral. No podía ser. Su amigo, su hermano, ¿un omega? ¿Y su pareja destinada? La idea le revolvió el estómago. Hikaru, el chico con el que había escalado árboles y atrapado insectos, ahora era un ser frágil y vulnerable, con un aroma dulce que lo llamaba, que lo reclamaba.

​"No te acerques a mí", le había dicho Yoshiki, con una voz más fría de lo que pretendía.

"Tu olor... me molesta".

​La mirada de Hikaru, llena de una mezcla de confusión y dolor, lo persiguió durante días. Hikaru, que había estado tan feliz de verlo, tan ansioso por volver a su vida, se marchitó un poco con cada palabra de rechazo.

​Los días se convirtieron en semanas. Hikaru intentó mantener la normalidad, pero la distancia entre ellos era un abismo. Se sentaba en la misma banca de la escuela, pero un espacio vacío, un aura de soledad, lo rodeaba. Su risa, antes tan libre, se convirtió en una nota silenciosa.

​Yoshiki, por su parte, intentaba convencerse de que había hecho lo correcto. Este nuevo Hikaru no era el mismo. Era un extraño. Y un alfa no podía vincularse con un omega si no sentía nada más que amistad. No quería esa vida, no quería esa responsabilidad.
​Pero cada vez que cerraba los ojos, veía la cara de Hikaru, las lágrimas no derramadas en sus ojos, el rastro de dolor que dejaba su presencia. Y el aroma. El maldito y dulce aroma a cerezos que se aferraba a su ropa, a su casa, a su vida. Era un recordatorio constante de lo que había rechazado, de la conexión que había roto antes de que pudiera empezar.

​Un día, durante un festival local, Hikaru se le acercó, con una pequeña ofrenda en sus manos. "Te traje esto", dijo, ofreciéndole un pastel de arroz. "Es tu favorito".

​Yoshiki lo miró, y en lugar de ver a su amigo, vio a un omega ofreciendo una muestra de afecto. El instinto alfa dentro de él, el que había ignorado durante tanto tiempo, se rebeló.

​"No quiero tu pastel", le espetó, apartando la mano de Hikaru. "No quiero nada de ti".

​Las palabras cayeron como piedras. El pastel de arroz se deslizó de las manos de Hikaru, cayendo al suelo y rompiéndose en pedazos. Y por primera vez, las lágrimas de Hikaru cayeron, silenciosas y amargas.

​"¿Por qué eres tan cruel, Yoshiki?", susurró Hikaru, su voz temblorosa. "Te extrañé tanto..."

​Yoshiki se quedó helado. La verdad era que él también lo había extrañado. Pero el miedo a lo que se había convertido Hikaru, a lo que su propia naturaleza le exigía, era más fuerte que cualquier otra emoción.

​"Solo vete, Hikaru", dijo, girándose y alejándose, dejando a su amigo de la infancia, ahora un omega herido, de pie en medio de una multitud, con un pastel destrozado a sus pies. El aroma a cerezos se hizo más intenso, mezclado ahora con la tristeza y el dolor. Y por primera vez, Yoshiki se dio cuenta de que no solo había rechazado a un omega, sino que había roto a la persona que más amaba en el mundo.

Nuevoo

El omega de Yoshiki •Omegaverse• AngstHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora