Beatriz permaneció apoyada en la mesada de la cocina por un momento, intentando descifrar cuál sería la comida ideal para el día de hoy: arroz con salsa de pollo o arroz blanco con queso y pollo al horno.
Obviamente que el pollo al horno era más llamativo, pero tampoco quería acostumbrar mal a sus hijos. Dos noches atrás, Enrique le señaló que debía ser más firme con ellos. Estaban muy caprichosos, especialmente Dieguito, el menor.
"Entonces hago un arroz con salsa de pollo. Listo".
Se ató el cabello con una coleta. No lo tenía tan largo, por lo general nunca dejaba que sobrepasara sus hombros, pero le molestaba a la hora de cocina. El color del cabello se alineaba con el de sus ojos, un tono negro brilloso. "Ojos de bola ocho", le decía Enrique, para fastidiarla.
Cortó unas cebollas por la mitad, las picó bien finas, en pequeños cubitos que apenas podía manejar con sus dedos. Recordó que la última vez que cortó cebollas, se lastimó un dedo y Enrique se asustó tanto que prometió comprarle una multiprocesadora cuando volviera del viaje. "Más te vale", le había dicho ella.
Él estaba sentado, mirando tele y jugando con Diego, que estaba inquieto sobre sus rodillas. Escuchó el grito de ella y casi arroja al pequeño por los aires para acudir al lamento. Al ver la sangre brotar de su dedo índice, casi se desmaya. Sufría una fobia irracional al ver sangre. Se mareaba, se le bajaba la tensión, permanecía pálido como una tiza.
Mientras colocaba las cebollas cortadas en la olla, pensaba en aquel momento y esbozaba una sonrisa involuntaria.
Una vez que puso en marcha la salsa, puso una olla más grande para hervir el arroz. Le agregó agua, un chorrito de aceite y un puñado de sal entrefina. Siempre le gustó ponerle sal entrefina. En realidad lo aprendió de Enrique, cuando eran novios. Él no usaba otro tipo de sal.
"En media hora llegan". Se dijo para sí, pensando en Ceci y Ana, quienes estaban en el colegio. Ambas volvían en el transporte, siempre a la misma hora: 12:30. Entraban por la puerta llenas de alegría, llevándose todo por delante.
Dieguito dormía su siesta de media mañana , como todos los días, excepto cuando estaba Enrique en casa. Era el único motivo por el cual permanecía despierto.
Dirigiendose a la ventana que daba a la calle, tomó el control remoto del televisor y puso el canal de noticias, ATC. Recordó que a la siesta tenía que visitar a Eugenia, para ver la novela en canal Nueve.
La luz del sol daba con fuerza sobre el firmamento, con más intensidad de lo habitual para aquella época del año. El verano y el duro calor se negaban a retirarse si bien faltaba una semana para la llegada formal del otoño. Las hojas de los árboles permanecían verdes y muchos vecinos tenían armadas las piletas de lona. Los pantalones cortos en los muchachos y los vestidos ligeros en la mujeres predominaban aún.
El sonido del teléfono la sacudió de su ensimismamiento. Retumbó en toda la casa, como una alarma contra incendios. Sonó dos veces antes de que ella llegara a atender.
-Hola...¿quien habla?
-¿Beti? Soy yo, Enri...
-¡Amor! ¿Cómo estás? ¿Estás bien?
La voz de él sonaba distinta, como perturbada y molesta.
-Si...si estoy bien...escuchame...¿cómo están? ¿Están bien?
-Si amor...pero...¿qué te pasa? ¿Estás bien vos?
-Si, si...pasa que...-un silencio de unos segundos-pasa que vi algo...
-¿Algo? Amor, ¿qué pasa?
-Pasó algo terrible...Fui testigo de algo que me asusta...ahora no puedo hablar pero el viernes cuando vuelva te cuento bien...dale besos a los niños...
-Amor...no sé qué es...pero cuidate...
-Si,si...estoy hablando desde la cabina en una estación de servicio. Una Esso. Estoy entre San Nicolás y Ramallo. Paré a cargar gasoil para el camión y después sigo viaje...El viernes estoy por allá...te amo...
-Yo también te amo...besos...
Colgó.
Abordada por una sensación antigravitacional, permaneció estática varios segundos.
No sabía qué hacer. Que pensar.
¿Qué pasó que sea tan terrible? ¿Un accidente? ¿Un robo? ¿Un ovni? Él siempre estaba hablando de esas cosas. No, un ovni no. Si bien él creía en esas cosas, se lo tomaba con cierto humor. Seguramente le contaría si hubiese avistado uno.
La televisión emitía sonidos que en ese momento parecían inciertos, lejanos. Un bullicio similar a ladridos de una jauría de perros.
Poco a poco fue volviendo a la realidad.
La pantalla mostraba la imagen de un helicóptero hecho pedazos, apiñado contra el suelo y, en simultáneo el rostro enorme del periodista, en pantalla dividida.
"Realmente entendemos que esto es una tragedia, algo inesperado. Esperamos despertar de esta pesadilla pero aparentemente estamos en la realidad."
A lo que quedaba del helicóptero lo rodeaban algunos policías y bomberos.
"Tenemos contacto con periodistas de la zona que han acudido al incidente trágico. Repetimos, aparentemente un accidente terrible se ha cobrado la vida de Silvano Beltra y, quien pilotaba la nave fue llevado de urgencia, con un aparente politraumatismo craneoencefálico grave."
Beatriz impulsó su mano buscando una silla. Su cuerpo se desplomó sobre ella, sin quitar los ojos de la impactante noticia.
"Tenemos imágenes exclusivas de Canal 4 Ramallo. Agradecemos la voluntad de retransmitir para todo el país, por Argentina Televisora Color. Un hecho lamentable. Impensado."
-¿Pero qué pasó? -preguntaba Beatriz, alterada.
"La policía está actuando en el lugar de los hechos, en conjunto con los bomberos y las ambulancias. Un trabajo notable, realmente. Repetimos: gravísimo accidente de helicóptero, en el que viajaban Silvano Beltra, ya fallecido, y Junior Mesquem, el hijo del presidente de la Nación, Raúl Mesquem. Él fue llevado en un estado complejo al hospital San Felipe, de San Nicolás de los Arroyos."
-Enri...que...
Una extraña sensación la abordó. Un incómodo escozor que intentaba debilitar su mente.
-No...-se dijo.
"Vamos a estar pendientes de cualquier información. Nos dicen que aparentemente fue un accidente. Las primeras especulaciones que se manejan dicen que se enredó con los cables de energía del tendido eléctrico. Repetimos, el hijo del presidente de la Nación ha sufrido un accidente. Está, seguramente, en terapia intensiva en el hospital de la ciudad de San Nicolás. Estamos a la espera de novedades"
Beatriz apagó el televisor.
Su boca formaba una "o" perfecta. O tal vez un cero.
Un cero sería lo más correcto.
Cero comprensión de lo que estaba sucediendo.
Cero en caer en cuenta de la gravedad del accidente del hijo del presidente.
Cero en asimilar el extraño llamado de su esposo, que viajaba por la misma zona del accidente.
-Dios mío...-se dijo.
En ese momento, sus hijas entraron a toda prisa por la puerta del frente.
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Sin Testigos
ActionBeatriz recibe una llamada de su esposo, quien es transportista y la llama desde una estación de servicios. Él le cuenta que ha sido testigo de un incidente que le asusta, que no puede contarle en ese momento pero, el viernes cuando regrese a casa...
