Capítulo 1: El Inicio del Fin

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La casa Jeong era perfecta.

A simple vista, todo parecía salido de un catálogo de revista de diseño coreano: los ventanales dejaban entrar la luz con una delicadeza casi escénica, el suelo de roble brillaba como si alguien lo puliera cada mañana, y el aire olía siempre a jazmín y café caro. Pero no era la casa lo que hacía que Jeong Hayeon se sintiera en la cima del mundo.

Era el hecho de que ella había nacido allí. O eso pensaba.

—¡Hayeon-ah! ¡Baja rápido, vas a llegar tarde! —La voz de su madre, Seo Mira, subió por las escaleras como un canto suave, maternal.

La chica se miró una última vez en el espejo. Su uniforme escolar perfectamente planchado, su cabello oscuro atado en una coleta alta, y esa expresión decidida en los ojos que llevaba perfeccionando desde hacía años.

Era una diosa en entrenamiento.

La escuela privada "Hanuel Arts High School" era solo un peldaño más. Había ganado competencias de danza a nivel nacional, su nombre era conocido entre los entrenadores más exigentes de la ciudad y, aunque aún no era trainee oficial, tenía ofertas de agencias bajo la manga. Hayeon lo sabía: ella estaba destinada a brillar.

—Estoy bajando —respondió, sin dejar de ajustar su cintillo.

Cuando bajó al comedor, la escena era habitual: su hermano menor, Hamin, comiendo cereal con una cuchara enorme, su padre leyendo el periódico sin levantar la mirada, y su madre colocando una taza de té humeante frente a su esposo.

—No olvides que hoy viene alguien a casa —dijo Mira, casualmente.

Hayeon arqueó una ceja. —¿Alguien?

Su madre la miró con una sonrisa nerviosa. —Una... amiga del pasado. Pero luego hablamos de eso, ¿sí?

La tensión se escondía detrás de palabras suaves.
Pero Hayeon era experta en leer silencios.

No insistió. Se limitó a tomar su tostada y besar la cabeza de su hermano pequeño.

—Nos vemos más tarde —dijo, antes de tomar su mochila y salir por la puerta.

Ese fue el último día que todo se sintió normal.

☁️

En la escuela, era imposible ignorar su presencia.
Jeong Hayeon caminaba por los pasillos con una seguridad que no necesitaba explicación. Los profesores la respetaban, los alumnos la observaban. Algunos la admiraban. Otros, la envidiaban. Pero todos, sin excepción, sabían su nombre.

—Hayeon-ah, ¿vas al ensayo hoy? —preguntó Kang Minjae, su mejor amigo desde la primaria, mientras caminaban juntos hacia clase de música.

—Por supuesto. Me dijeron que la directora de casting de LYNX pasará por la escuela la próxima semana. No pienso cometer errores —respondió ella, sin perder el paso.

Minjae la miró de reojo. Había algo magnético en cómo hablaba, cómo se movía.
Como si la música ya viviera en ella.
Pero no dijo nada. Solo sonrió con complicidad.

Lo que ninguno de los dos sabía era que ese mismo día, al volver a casa, Hayeon dejaría de ser el centro de su historia.

🌙

Cuando regresó por la tarde, notó que algo estaba mal.

El auto negro frente a la casa. Las luces encendidas a una hora en la que normalmente su madre dormía la siesta. Y sobre todo, el silencio demasiado denso que encontró al entrar.

—Ya llegué —anunció, dejando sus zapatos en el recibidor.

—Hayeon-ah —la voz de su padre llegó desde la sala. No era un saludo. Era una llamada.

Entró y los vio: su padre, su madre... y una chica sentada en el sofá, con el cabello suelto, una maleta a sus pies y los ojos grandes clavados en ella.

—Ella es... Seo Areum —dijo su madre, en voz baja.

—¿Y?

—Es mi... hija biológica.

El silencio fue absoluto.

Hayeon no se rió. No lloró. No gritó.
Solo se quedó allí, de pie, mirando a la chica como si fuera una sombra que acababa de surgir de la nada.

Una sombra con su lugar en la casa.

—¿Qué... significa eso?

Su padre se aclaró la garganta. —Hubo... un error en el hospital. Hace diecisiete años. No lo supimos hasta ahora.

Areum no dijo nada. Solo bajó la mirada, como si fuera la víctima en todo esto.

Hayeon sintió cómo el mundo se ladeaba. Su respiración era estable, su expresión, neutra.
Pero por dentro, algo se rompía.

—¿Y ahora qué? —preguntó.

—Ahora viviremos todos juntos. Como familia —dijo su madre, con voz frágil.

Familia.

Esa noche, Hayeon cerró la puerta de su habitación.
Y por primera vez, se preguntó si realmente tenía un lugar en su propia casa.

Blooming to become the protagonist idolDes histoires addictives. Découvrez maintenant