—¡No puedes dejarme! —gritó mi madre con la cara llena de lágrimas, rogando por el amor de un hombre perverso.
Yo, solo una niña, me escondo debajo de la mesa de la inmensa sala.
—¡SUÉLTAME! —gruñe mi padre, tirándola al suelo como si de una hoja de papel se tratase.
Cerré mis ojos por instinto al notar la fuerte caída.
¿Por qué no lo dejaba irse? ¿La lástima? ¿Acaso le gusta el dolor? No puedo entender.
—Yo te he dado todo: mi corazón, mi dinero, mi vida. ¿Qué más quieres? —murmura mi mamá desde el suelo.
El gris plata de sus ojos no tiene brillo, solo un profundo vacío. Mi padre, por su parte, solo la observa con asco. Con su traje negro y corbata perfecta, es alguien perverso.
—Ya lo has dicho, no tienes más. Eso te hace inservible —no sabía lo que quiso decir, pero a mi mamá le dolió mucho.
Al no recibir respuesta, mi papá huyó de la escena. Por un leve segundo lleno de esperanza, creí que mi madre no iría detrás de él.
Pero lo hizo. Se levantó del suelo con su hermoso vestido negro hecho un desastre.
—¡MAMÁ! —intenté llamar su atención sin éxito.
¿Esto es el amor del que mi madre solía contar por las noches al leerme un cuento?
No, no lo es. Porque ese tipo de amor no existe.
—Mamá —llamé de nuevo, saliendo de mi apreciado escondite.
Pero ya no había nadie en la sala. Escuché gritos afuera, así que salí.
Nuestra casa está rodeada por un hermoso jardín de rosas que mi madre ama más que a nada, así que el césped siempre es hermoso.
Está lloviendo con demasiada fuerza, apenas puedo ver, pero aun así logro notar que mi mamá está en la acera de la calle discutiendo con mi padre.
—¡Mami! —vuelvo a intentar llamar su atención.
Esta vez con éxito. Ella mira en mi dirección con suma preocupación porque me estoy mojando, suelo enfermar con frecuencia.
Mi papá aprovecha la distracción para ir a su carro, que se encuentra del otro lado de la acera.
Ante esta acción, mi madre va detrás de él. Este, ya harto, la empuja de nuevo.
—Mami —logro decir.
Todo pasa muy rápido. Mi papá empuja a mi mamá sin notar que un auto se aproxima.
Yo intento advertirle, pero ya es tarde. El auto choca contra mi mamá con tal fuerza que rueda varios metros por el suelo.
Mi papá quedó en shock, pero no hizo nada para detener al conductor. Este, al bajar del auto, miró lo que había hecho y con miedo subió al auto, huyendo de la escena.
Corrí hacia mi madre, arrodillándome en el suelo. Mis pequeñas manos tiemblan del frío.
—¡Papá, haz algo! —grité, sacando del trance a mi papá.
Él iba a ayudar, pero su teléfono empezó a sonar. Él, sin dudarlo, contestó sin importarle mi mamá o la lluvia.
Mi mamá aún respiraba, aún murmuraba cosas sin sentido.
Pero...
—¿Que Adam cayó de las escaleras? Ya voy para allá, no llores —lo escuché decir por teléfono.
¿Quién era Adam?
¿Por qué aún no ayuda?
Mi mamá está muriendo.
—¡Papá! —le grité con todas mis fuerzas al notar que me había dado la espalda para irse.
¿Por qué se va? No tengo a nadie.
Necesito su ayuda.
Es mi papá, ¿por qué ese tal Adam es más importante que yo?
—Llamaré una ambulancia —fue su única respuesta.
Con rapidez me levanté del suelo, tomando su brazo, pero como tantas veces hizo con mi madre, me empujó al suelo, subiendo a su carro.
—¡Papá! —grité al verlo irse.
—¡AYUDAAA! —grité con todas mis fuerzas hasta sentir mi garganta arder.
Pero no tenemos vecinos cerca.
—Angela —dice mi madre tan bajo que apenas logré oírla.
Con rapidez me senté en el suelo, notando que se está ahogando en un charco de agua y sangre.
Con sumo cuidado, levanté su cabeza, recostándola en mis flacas piernas.
—Voy a correr hasta la casa de los vecinos, espérame, por favor —le informé, pero ella niega, sosteniéndome la mano con fuerza.
Su cara está muy blanca.
—Mi niña —murmura ella.
—Debo irme —le digo, pero ella no me suelta.
¡SUÉLTAME!
—No seas como yo. No ames a nadie —dice—Promételo, hija.
—Lo prometo —le aseguró.
Ella sonríe, soltándome al fin.
La dejo en el suelo, dispuesta a correr, pero un nuevo auto aparece.
—¡AYUDA, POR FAVOR! —grité. Una joven pareja bajó del auto al ver mi desesperación.
—Sube al auto —me ordenó el chico.
Me habían enseñado a no subir a autos de desconocidos, pero al ver a la pareja cargar a mi mamá, no dudé en subir.
Fuimos al hospital rápidamente.
Ya en él, la joven pareja me hizo mil preguntas.
—¿Cómo te llamas?
—¿Te sabes el número de algún familiar?
—¿Sabes dónde encontrar a tu papá?
No respondí ninguna. Solo quería llorar. Tenía frío. Tampoco tenía a nadie a quién llamar.
Siempre fuimos tres.
—Chama, responde —me presiona el hombre que me ayudó.
Su novia, enojada, le dio un codazo.
—Es una niña, Sebastián. Debe ser muy duro para ella.
El hombre se disculpó.
Pero aún así, no respondí.
—Angela —escuché la voz grave de mi padre en el pasillo.
Él se arrodilló a mi altura con fingido interés, revisando si tenía alguna herida.
Luego habló con la pareja, los cuales le pidieron alguna prueba de que yo era su hija.
Él sacó su teléfono, mostrando una foto juntos, que tal vez sea la única que existe.
La pareja se despidió aún con dudas, pero yo estaba tan perdida que no podía soltar ni una sola palabra.
Después de unas horas, el médico salió para darnos información.
—¿Familia de Angeli Bernardi? —mi padre se levantó de su silla.
—La señora Angeli sufrió un ataque respiratorio. Hicimos lo que estaba a nuestro alcance, pero su esposa falleció. Lo sentimos.
Debí haber sentido dolor. Llorar como una niña normal de nueve años.
Pero no sentía nada de eso, solo un inmenso odio.
Odio que iba dirigido a la única familia que tenía:
Mi padre.
Espero les guste.
Si leyeron la primera versión, se darán cuenta que hubieron cambios.
YOU ARE READING
Mi dulce veneno.
Teen FictionElla es tan hermosa que duele, pero tan mala que te hace creer en la posibilidad de que sea un demonio. ¿Quién es ella? Ángela lombardi, el mal encarnado en persona. Un demonio que no dudará en poseerte. ¿Pero quién soy yo? Soy Ángela Mesa, el vago...
