Parte unica.

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En su tercer año en la U.A., Bakugou y Midoriya finalmente comenzaron a salir. Nadie se sorprendió. Lo que sí sorprendió fue lo rápido que decidieron mudarse juntos después de graduarse.

Izuku comenzó a trabajar como maestro en la U.A., mientras que Katsuki se convirtió en uno de los pro-héroes más reconocidos del país. A pesar de sus rutinas ocupadas, compartían un departamento amplio en el centro, siempre encontrando maneras de volver a casa el uno con el otro.

Una tarde, el reloj marcaba casi las nueve cuando Katsuki notó que Izuku no llegaba. Frunció el ceño. Sabía que su novio solía distraerse con papeles, entrenamientos o simplemente porque se perdía en sus pensamientos. Lo conocía bien. Aun así, una parte suya no podía evitar preocuparse.

—Maldito nerd... —murmuró, mientras encendía la estufa—. Seguro está ayudando a algún mocoso o recogiendo basura de la calle.

Lo que Katsuki no sabía era que esa tarde llovía con fuerza. E Izuku, en su clásica distracción, había olvidado su paraguas.

De regreso a casa, completamente empapado, Izuku caminaba a paso ligero por las calles mojadas, con el cabello pegado a la frente y sus zapatos de vestir haciendo un molesto "squish" a cada paso. Fue entonces cuando escuchó un leve llanto proveniente de un callejón.

Al asomarse, vio una pequeña caja de cartón bajo la lluvia. Se acercó con el ceño fruncido y encontró un gatito naranja, igual de empapado que él, temblando y llorando. Sin pensarlo dos veces, se quitó la chaqueta del traje y envolvió con cuidado al animalito. Luego, echó a correr hacia el departamento, sujetándolo con fuerza contra su pecho.

Katsuki escuchó la puerta abrirse y frunció el ceño. Dejó lo que estaba cocinando en la estufa, bajó el fuego y se asomó por el pasillo.

Allí estaba Izuku, mojado de pies a cabeza, temblando mientras trataba torpemente de quitarse los zapatos sin usar las manos, que seguían aferradas a algo envuelto en su chaqueta.

—'Zuku, estoy muy seguro de que sería más fácil si te los quitaras como una persona normal —dijo Katsuki, con una ceja alzada mientras se agachaba para ayudarlo—. Con las manos, por ejemplo.

—¡Ah! Kacchan, gracias... —respondió Izuku, aún agitado por haber corrido todo el camino.

—Tus calcetas están hechas mierda —dijo sin mirarlo a los ojos—. Seguro pisaste hasta charcos con gusto.

Izuku rió, un poco nervioso, con la respiración aún agitada.

—No es como si lo hubiera planeado... Se puso a llover de repente.

Katsuki le quitó el segundo zapato y se puso de pie, Katsuki ya iba a regañarlo por arruinar la chaqueta que él siempre planchaba porque Izuku –nunca lo hacía bien–, pero se detuvo al ver lo que su novio llevaba en brazos.

—¿Qué demonios traes ahí?

Izuku bajó un poco la chaqueta, revelando a un pequeño gatito naranja, tembloroso, que los miró con los ojos más grandes y asustados del mundo.

—Lo encontré en una caja... estaba empapado. Solo. No podía dejarlo ahí, Kacchan —dijo con la voz suave, casi culpable.

Katsuki lo miró en silencio unos segundos, los labios apretados. Después desvió la mirada y resopló.

—Tch... estás completamente empapado. Vas a enfermarte, idiota. Anda, métete a la ducha.

—¿Y el gatito?

—Yo me encargo —dijo, sin pensarlo.

Izuku parpadeó, sorprendido.

—¿De verdad?

Un gatito encontrado.Stories to obsess over. Discover now