El calor invadía la ciudad de Seúl, las calles estaban llenas de personas y mucho tráfico. Todo transcurría con normalidad como cualquier otro día de verano, pero en un pequeño edificio de departamentos la tranquilidad estaba apunto de romperse.
Desde el departamento 67, una voz potente y desafiante atravesaba las paredes finas, llenando el aire con notas que no eran precisamente melodiosas. Jungkook, con la camiseta desordenada y los auriculares colgando por su cuello, cantaba sin preocuparse por el reloj ni los vecinos.
Al otro lado del pasillo, en el 68, una joven peli negra apretaba los puños con coraje, conteniendo la frustración que crecía con cada nota desafinada que llegaba a sus oídos por su desastroso vecino. Ese canto matutino no solo había arruinado su sueño, sino que también había despertado su mal humor.
Haerim había buscado mudarse sola para así poder conseguir un poco de paz durante su carrera, sin embargo, esta misma se había arruinado unos días antes de volver a clases. Ya que su dichoso vecino Jeon Jungkook había decidido rentar justo el departamento de a lado, para darle boleto VIP a sus conciertos matutinos.
Al inicio la peli negra intentó ignorarlo, ya que pensaba que era un pequeño pasatiempo, sin embargo, ya comenzaba a amargarle las mañanas y las tardes, no era normal que alguien cantara tan mal por tantas horas!, Jungkook de verdad practicaba como si estuviera en un estadio lleno, y lo hacía precisamente a las 4:03 am., cuando el mundo civilizado debería seguir durmiendo.
Con una taza de café en mano y unas ojeras bien marcadas, Haerim se acercó a su balcón (el cual conectaba con el balcón de Jungkook) , mirando fijamente hacia el departamento de su vecino. Pensó en escribir una nota educada y pegársela anónimamente en su puerta, o tirarle una piedra con una nota más directa hacia el piso de su balcón... pero el desvelo hacía que fuera una obligación hacerlo entrar en razón, que no era ético lo que él estaba haciendo. Así que su opción más confiable era pedirlo sutilmente frente a frente.
La chica no se detuvo a pensarlo demasiado. Caminó decidida por el corto pasillo, aún en pantuflas, con su taza de café medio vacía como único escudo. Se plantó frente a la puerta 67 y tocó la puerta tres veces, cada una con mayor intensidad que la anterior. Al principio hubo un silencio en el interior, luego pasos y acto siguiente la puerta fue abierta, dejando ver la imagen de un chico despeinado y con cara de haber tomado una excelente siesta.
-¿Sí?- preguntó, sin rastro de culpa.
Haerim respiró hondo
-¿Podrías bajar el volumen cuando cantes? Hay gente que duerme y tiene cosas que hacer ¿sabes?
Jungkook la observó un segundo más, con la ceja ligeramente levantada.
- ¿Tú eres la de al lado?
-Sí. La que no puede dormir desde que te mudaste - replicó sin rodeo alguno
Él se apoyó en el marco de la puerta, mirándola como si aquello fuera gracioso.
-No sabía que tenía una fan tan atenta y dedicada.
-No soy tu fan. Ni un poco.
-¿Entonces por qué sabes que canto todos los días?- La sonrisa de Jungkook se volvió más burlona, con una mirada que retaba a la menor.
-Quizá porque me despiertas todas las mañanas- dijo con un tono que mostraba su descontento
Un silencio breve cayó entre ellos, lleno de tensión. Ella giró sobre sus talones, lista para irse. Pero entonces, él habló de nuevo.
-Podrías probar tapones para los oídos. O mudarte... Solo digo- soltó con un tono retador
Ella se detuvo y se volteó lentamente.
-¿Y por qué no te mudas tú?, Así nos harías un favor a todos.
Jungkook se rió, divertido ante aquella propuesta.
-¿Y por qué yo? Si tú eres la latosa que se anda quejando, yo ya te di propuestas de solución.
- Pues porque tú eres el causante del escándalo, no yo
- Tampoco tengo planeado irme solo porque Lady sensible lo dice. Este es mi hogar tanto como el tuyo.
-Pues que lo disfrutes- contestó ella, con la sonrisa más falsa que pudo haber puesto, para después entrar a su casa.
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Cállate, Jeon Jungkook!
FanfictionElla había imaginado que vivir sola sería su santuario. Un refugio de paz después de largas jornadas de trabajo y estudio. Pero todo cambió el día en que escuchó la voz de su nuevo vecino, cantando desafinadamente a las seis de la mañana. Jeon Jungk...
