Capítulo 1

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La lluvia golpea con fuerza en la ventana de mi habitación. Lleva sin parar de llover desde hace 1 semana, y aunque pueda parecer normal en otros lugares, creedme que aquí en el sur no es tan típico. El sonido de la tormenta cada vez se acerca más a este edificio. Y aunque resulte raro, a mí me relaja mucho cuando escucho los truenos. Sí, soy un poco raro, pero este soy yo, Alejandro.

Miro mi móvil esperando encontrar un mensaje de David, pero no tengo esa suerte. Os preguntaréis quién es David. Y la verdad que es difícil de describir todo lo que está ocurriendo con él. Lo conocí a través de una de estas aplicaciones tan famosas para ligar, porque aunque siempre he sido un poco reacio a estas cosas, al final es que es muy difícil conocer a gente si no las usas. Trabajo, casa. Y poco más. Así que un día decidí instalarla sin mayores pretensiones y ahí empezamos a chatear, muy intensamente al inicio y poco a poco se fue enfriando la cosa, siempre con sus excusas de que no tenía nada que ver conmigo pero yo quería vernos en persona y así saber si esa química existía. Finalmente ese día es hoy, es esta noche, pero hay una parte de mí que me tiene preocupado y que no se termina de creer que lo vaya a conocer en persona. Toda nuestra relación se basa en hablar a través de esta app, así que hasta que no nos veamos no estaré seguro de nada.

Acaba de caer un relámpago que ha iluminado toda mi habitación. Vuelvo a mirar a través de la ventana, y bloqueo el teléfono para dejar de estar pendiente de una respuesta que tal vez nunca llega, porque tal vez sólo quiere hablar en persona una vez nos veamos. Hemos quedado a las ocho de la tarde en un salón recreativo en el que hay hasta un minigolf. Siempre he querido probar uno. Si, parece una cita de quinceañeros, pero bueno, solo tengo 24 años así que tampoco hay tanta diferencia.

Miro el reloj que cuelga en la pared, son las seis de la tarde. El tiempo pasa lentamente y mis nervios no pueden más. Pero es que el lugar donde hemos quedado está a solo 15 minutos de mi casa. No puedo tampoco salir ahora... O tal vez sí. No lo sé.

Otro relámpago interrumpe mis pensamientos. La luz me deja cegado por un momento. El sonido hace retumbar todos los cristales de la casa. Parece que es el día del fin del mundo.

Mi móvil se ilumina. Lo miro con cierta ilusión y nerviosismo, es un mensaje de David. Sí, por fin me ha respondido después de dos días. Me confirma que nos vemos en dos horas y que tiene ganas de nuestra primera cita. Por fin hace un poquito de refuerzo positivo, tampoco es tan difícil. No voy a contestar, me voy a hacer un poco "el duro". Aunque eso tenga poco que ver conmigo y con mi necesidad imparable de demostrarle a la gente lo mucho que les quiero. Bloqueo el teléfono, lo dejo sobre el escritorio junto a la ventana y me voy al baño, que necesito ducharme antes de salir de casa. Porque sí, voy a salir dentro de poco, y esperaré allí, que nunca sabes si él también es puntual.

Abro la ducha y dejo caer el agua caliente sobre mi cabeza. Me encanta esa sensación. Cierro los ojos y respiro el vapor que se va acumulando a mi alrededor. Es una de esas cosas que me ayudan a estar presente en el momento. Cuando todo va mal, una buena ducha caliente siempre te lleva a otro lugar. Un lugar de calma, y es que el agua me relaja mucho.

Apago el grifo y salgo de la ducha. Cojo mi toalla de la suerte, de color azul turquesa, mi favorito. Es un ritual estúpido, lo entiendo, y me río de mi mismo, pero al final lo acabo haciendo porque cada vez que quiero que algo vaya muy bien, sigo los mismos pasos para evitar que salga mal. Y si las cosas no van como quiero, ya le echaré las culpas a que tal vez el agua no estaba a los grados que me han dado suerte en otra ocasión. Y así vamos, mucha terapia pero a veces las cosas no van tan bien en mi cabeza. Aunque creo que todos estamos un poco así, nuestras pequeñas manías nos hacen ser humanos.

Entro a mi habitación y me pongo la ropa que ya tenía preparada encima de mi cama. Una camisa vaquera con una camiseta blanca debajo, y unos pantalones vaqueros simples pero que me quedan bastante bien. Los zapatos, unas converse negras, las que me han acompañado desde hace muchísimos años. Bueno, no estas, el modelo.

hasta que el dolor desaparezcaStories to obsess over. Discover now