Cena familiar

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La Mansión Wayne estaba inusualmente tranquila, una rareza que a Alfred no se le escapaba. Mientras terminaba de organizar los detalles para la cena, observó cómo el reloj marcaba las ocho en punto. Había sido una de esas pocas noches en las que Bruce insistió en reunir a toda la familia para una comida "normal". Claro, normal en la Mansión Wayne significaba que algo iba a salir mal.

—Señor Grayson, si sigue golpeando los dedos en la mesa, me temo que el piano del salón sufrirá las consecuencias— comentó Alfred al notar la inquietud de Dick, quien esperaba sentado junto a la larga mesa del comedor.

Dick detuvo el tamborileo, pero no sin quejarse. —Es que Jason lleva treinta minutos de retraso. ¿Apostamos a que se tardará 10 más?—

—Treinta dólares a que usa la palabra "aburrido" en la primera frase— añadió Tim, entrando al comedor con su teléfono en la mano.

—Cincuenta a que no se disculpa— dijo Damian, quien apareció detrás de Tim, su mirada severa fija en el lugar vacío al otro extremo de la mesa.

Alfred, con una expresión serena, dejó caer un suspiro casi imperceptible mientras colocaba el pan recién horneado en el centro. —Señores, sugiero que guarden su dinero para algo más productivo. Por ejemplo, para compensar los daños que seguramente causarán esta noche—.

Antes de que alguno pudiera responder, las puertas se abrieron de golpe.

—¿Qué? ¿Ya empezaron sin mí? Qué falta de educación— dijo Jason mientras se dejaba caer en una silla, acomodándose de forma exagerada. —Ah, y por cierto, veinte minutos de tráfico. No se preocupen, no me agradezcan por llegar—.

Dick soltó una carcajada. —¡Debiste tardar 10 minutos más! Damian ganó. Ni una disculpa—.

Jason arqueó una ceja mientras arrancaba un trozo de pan. —¿Disculparme? ¿Por qué? ¿Por ser la única persona interesante aquí?—

—¿Interesante? Más bien insoportable— replicó Damian mientras le arrebataba el pan de las manos.

—¡Oye!—

Bruce entró en ese momento, su presencia imponente como siempre. —Basta. Es una cena familiar, no un campo de entrenamiento—.

—¿Puedo usar los cubiertos como armas si empiezan a pelear?— preguntó Tim, su tono perfectamente neutral mientras miraba a Alfred.

—Preferiría que no, joven Drake— respondió Alfred mientras servía la sopa.

La conversación se calmó momentáneamente mientras todos comenzaban a comer. Por un breve instante, parecía que Bruce lograría su objetivo de una velada tranquila.

Y luego pasó.

—¿Quién quiere apostar por quién será el primero en derramar algo?— preguntó Jason, rompiendo el silencio.

Damian lo fulminó con la mirada. —Si te refieres a ti mismo, entonces no es una apuesta justa—.

Dick trató de intervenir. —Vamos, chicos, tratemos de comportarnos. Por lo menos hasta el postre—.

Jason se inclinó hacia Damian con una sonrisa. —¿Qué pasa, duendecillo? ¿Miedo a perder?—

—No necesito apostar contra ti. Ya sé que perderás— contestó Damian sin siquiera mirarlo.

—Si los dos terminan lanzándose comida, me reservo el derecho de grabarlo— añadió Tim, con su teléfono ya listo.

—Nadie va a lanzarse comida— dijo Bruce, su tono severo. —Al menos no mientras yo esté aquí—.

—¿Significa eso que podemos hacerlo cuando te vayas?— preguntó Jason con una sonrisa burlona.

Alfred, que había estado observando desde la esquina, decidió intervenir. —Señor Todd, si continúa provocando al joven Damian, me temo que tendré que restringir sus visitas a la cocina—.

—¡¿Qué?! ¡Alfred, no puedes hacerme eso!—

—Oh, claro que puedo— replicó Alfred con un brillo travieso en los ojos.

Las risas se mezclaron con las bromas mientras la cena continuaba. Para cuando llegaron al postre, incluso Bruce parecía relajado, aunque seguía lanzando miradas de advertencia cuando el volumen de las discusiones aumentaba demasiado.

Al final, mientras Alfred servía el último plato de postre, miró a la familia con satisfacción.

—Bueno, creo que esta noche ha sido todo un éxito— comentó con un toque de sarcasmo.

—¿Así es como defines éxito, Alfred?— preguntó Tim.

—Defino éxito como una cena sin incendios ni peleas físicas, amo Drake— respondió Alfred, provocando risas generales.

Mientras todos se levantaban de la mesa, Bruce los observó por un momento, permitiéndose una pequeña sonrisa. Tal vez no era la cena tranquila que había planeado, pero era perfecta a su manera.

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