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Capítulo 1. Suerte.

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No todos tienen suerte en la vida...

Algunos reciben la bendición del cielo de tener un amor eterno desde el principio, y contar con una vida que muchos luchan por encontrar, otros jamás reciben ese amor y tienen una vida llena de sufrimiento, dolor y buscan desesperadamente ese amor, con un corazón lleno de cicatrices sin sanar que lastimosamente es esa desesperación la que los lleva a tomar decisiones que en vez de darles paz, solo son un inicio de guerra.

Algunos nacen en la abundancia; otros deben hallar la belleza en lo poco y deben aprender a construir sus sueños con manos que no siempre han tenido todo lo que desean, y gracias a eso, al deseo de lo que siempre han anhelado terminan lastimando a las personas que aman.

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A pesar de que Zaun y Piltover estaban en los mejores términos y la gente de Zaun estaba teniendo mejores oportunidades de vida, otros no pudieron salir del agujero en el que nacieron.

Silco era uno de esos, hijo de una prostituta que esperaba que su hijo fuera un Alfa que la sacara del nido de ratas en el que cayó.

Lástima que  la vida no le favoreció... A sus 15 años Silco se presentó como un Omega, que al su madre enterarse le dio una golpiza que hasta hoy en día sobrevive en sus recuerdos.

— ¡Te dije! ¡Te dije que tendrías que ser un Alfa para poder salir de este lugar, y mira con lo que me sales! — Gritaba la mujer de larga cabellera negra y pronunciadas curvas, que a pesar de ser muy atractiva ya no era tan joven para atraer buenos clientes.

Silco estaba completamente desnudo y temblando de frío por el balde de agua que le había lanzado su madre, para después golpearlo por todo el cuerpo con una vara de metal, que yacía torcida y ensangrentada en el suelo. El con una melena negra hasta los hombros, demasiados cortes repartidos por su cuerpo causados por los constantes golpes, sollozaba con fuerza rogando  que su madre se apiade de él y lo deje en paz.

— ¡¿Esto es lo que esperas de tu vida, de NUESTRA vida?!— La mujer señalaba para todos lados, y gritaba tan fuerte que estaba comenzando a llamar la atención de sus compañeros de trabajo, quienes veían a Silco con pena y tristeza. — ¡Ahora ¿que vas a hacer?! ¡¿Robarme los pocos clientes que tengo?!—. Tomó de los cabellos a su hijo, jalándolos en el proceso provocando que Silco hiciera una mueca de dolor. — ¡¿Eh?! ¡Contesta zorra!—. Y antes de que la mujer impactara el rostro de su hijo una voz fuerte y seria los interrumpió.

—Basta Lyrith, deja a tú hijo en paz—. Era Noctis, el proxeneta del burdel en donde vivían, un gran alfa imponente, pero defectuoso.

Lyrith al escucharlo chistó y acto seguido soltó los cabellos de Silco de una manera tan brusca que su cabeza terminó impactando el suelo, para después entrar al burdel sin decir nada.

Silco no quería levantar la cabeza, no sabía si era por vergüenza o temor, pero sentía la mirada penetrante de Noctis en su ser.

Noctis giró un poco la cabeza, viendo a los omegas y algunas betas que estaban esperando su aprobación para poder acercarse al joven omega que yacía tirado en el suelo sucio, este dio un asentimiento que de inmediato fue acatado y observo como unos omegas cubrían el cuerpo del jovencito de cabellos negros y unas betas le decían que primero se tenía que duchar para después sanarle las heridas y darle unos remedios. Pero en la cara de Silco se notaba la tristeza y sobre todo la frustración de ser algo que no quería.

— Es la naturaleza chico, no puedes culparte por lo que eres, toca aceptarlo, superarlo y seguir adelante. No hagas caso del como te vean, oh el que digan de ti y te aseguro que así podrás ser feliz— Dijo el hombre para después dar vuelta y antes de entrar por la puerta dijo una última cosa
— Hazme caso, se lo que te digo.

Silco solo agachó la cabeza resignado, y se dejó guiar por los omegas y las betas que le decían muchas cosas lindas para hacerlo sentir mejor.

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Habían pasado las semanas, y a Silco lo que antes eran heridas profundas ahora solo eran hematomas que con los días desaparecerían.

Se encontraba lejos del burdel, en una de las colonias que ahora representaban el agradable cambio en Zaun, era de noche y Silco caminaba por la orilla del río que anteriormente estaba sumamente contaminado y que hoy en día corría una agradable y saludable agua cristalina.

Estaba tan tranquilo que inconscientemente empezó a soltar fermonas, su aroma era una combinación de cereza negra con un toque de vainilla, un olor intenso que daba la impresión a una dulzura y calidez que podía atraer a cualquiera.

— Huele bien—. Dio un respingo y al girar su cabeza para ver de quién se trataba, se percató de que era un chico más o menos de su misma edad, era alto y algo delgado. Estaba sentado en la orilla y parecía que traía algo en las manos.

— Es grosero hablarle de esa manera a un Omega que no conoces—. Silco se cruzó de brazos y le dio una mirada de superioridad al Alfa imprudente que estaba sentado a pocos sentimientos de él.

— ¡Oh! Lo lamento, déjeme presentarme—. Acto seguido el Alfa se levantó mostrando su larga figura provocando que Silco se intimidara un poco pero aún así mantuvo su postura.

— Me llamó Corin, Corin Reveck—. Extendió su mano, Silco lo vio con extrañeza y algo de desconfianza, pero algo dentro de él le alentó a tomarla.

— Yo soy Silco—. Instintivamente sonrío siendo correspondido por el chico que le tomaba la mano.

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⏰ Last updated: Jan 03, 2025 ⏰

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