𝗨𝗡𝗥𝗘𝗔𝗟

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𝐌𝐈𝐊𝐀𝐒𝐀 𝐀𝐂𝐊𝐄𝐑𝐌𝐀𝐍 𝐏𝐄𝐍𝐒Ó que lo último que sentiría sería el frío acero de su espada cortando la carne de Eren

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𝐌𝐈𝐊𝐀𝐒𝐀 𝐀𝐂𝐊𝐄𝐑𝐌𝐀𝐍 𝐏𝐄𝐍𝐒Ó que lo último que sentiría sería el frío acero de su espada cortando la carne de Eren. Pero, en cambio, lo último que sintió fue el calor de sus lágrimas cayendo sobre su rostro.

Cuando cerró los ojos, esperaba encontrarse en la nada, ese abismo oscuro y silencioso al que pensó que sus acciones la llevarían. Sin embargo, no fue así.

Mikasa despertó de golpe, con la respiración agitada. Sus ojos recorrieron el espacio a su alrededor, confundidos. No estaba en el campo de batalla, no había sangre ni ruinas. En su lugar, estaba en una habitación desconocida.

Las paredes eran de un blanco simple, decoradas con cuadros de paisajes. La cama bajo su cuerpo era más blanda de lo que jamás había experimentado, y una brisa suave entraba por la ventana abierta, moviendo las cortinas de un color gris claro.

Se sentó lentamente, con el corazón acelerado. ¿Dónde estaba?

En el escritorio frente a la cama había una lámpara encendida y una taza de té todavía humeante. La ropa que llevaba puesta también era diferente: una camiseta sencilla y pantalones cómodos. Era como si alguien la hubiera vestido para una vida que no era la suya.

Sus dedos temblaron al llevarlos a su cabello, que estaba atado de forma relajada, nada parecido al estilo práctico que usaba en el campo. Todo esto se sentía mal, como un sueño demasiado real.

Se levantó con cuidado, explorando la habitación. La ventana ofrecía una vista de un vecindario tranquilo, con casas ordenadas y árboles que se mecían bajo el viento. No reconocía nada.

Un sonido la hizo girarse: pasos. Alguien subía las escaleras. Mikasa retrocedió instintivamente, buscando algo para defenderse, pero no había armas ni herramientas a la vista.

Antes de que pudiera decidir qué hacer, la puerta se abrió lentamente. Un hombre de mediana edad apareció, su rostro mostrando una expresión amable, aunque algo confundida.

—Mikasa, cariño, ¿estás bien? —preguntó, con una calidez que descolocó a la joven Ackerman.

Ella lo miró fijamente, sin saber qué responder. No lo reconocía, pero algo en su tono le recordó a las pocas veces en las que había sentido un atisbo de paz en su vida pasada.

—¿Quién eres? —preguntó finalmente, su voz baja pero firme.

El hombre frunció el ceño, preocupado. Dio un paso hacia ella, pero Mikasa retrocedió, manteniendo la distancia.

—¿Qué te pasa? Soy tu padre, Mikasa. ¿Estás bien? Pareces... confundida.

Padre. Esa palabra resonó en su mente, golpeándola con fuerza. Ella no tenía padre, no más. Lo había perdido hacía tanto tiempo que el simple sonido de esa palabra resultaba extraño.

Antes de que pudiera procesarlo, más pasos se escucharon en el pasillo, y una mujer apareció detrás del hombre.

—¿Qué está pasando? —preguntó la mujer, con la misma preocupación en su rostro.

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⏰ Dernière mise à jour : Feb 11, 2025 ⏰

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