Mi respiración era pesada, mi corazón latía mucho más rápido de lo normal. Era una mezcla de miedo, confusión y atracción. Sus ojos no me quitaban la mirada ni un segundo, eran intimidantes y no voy a negar que sea lo que sea que estaba pasando me gustaba.
Para que puedan entender lo que acaba de pasar, les voy a contar mi historia. En ese momento, yo tenía 17 años. Por problemas económicos, me tocó empezar a trabajar desde que mis padres se separaron, hace ya dos años. Mi papá nos abandonó a mi mamá y a mí por otra mujer; hoy en día, ellos están casados. Mi primer trabajo fue a los 15 años, era de lavaplatos, pero no duré mucho ya que alguien había denunciado que había una menor trabajando en ese lugar. Mi segundo trabajo fue en una granja; solo tenía que limpiar y cuidar a los animales. En ese lugar, trabajé un año completo, pero me despidieron porque tuve una pelea con una de mis compañeras. Trabajé como niñera por un tiempo hasta que me dijeron que ya no necesitaban mis servicios. Para ese entonces, yo ya había cumplido los 17 años, hacía menos de una semana.
Mi mamá trabajaba en un restaurante; no era de los mejores ni tampoco tenía un gran sueldo, pero cuando hay necesidades, cualquier trabajo es una buena opción... Oh, bueno, eso creía hasta que me encontré parada en la entrada de un cementerio. Hacía unas horas, había hablado con un anciano que conocía hacía mucho tiempo, pues él era amigo de la familia. Le conté que estaba desempleada y que necesitaba trabajo urgente, ya que no quería que mi mamá se haga cargo de todos los gastos de la casa. El anciano me dijo que necesitaba un reemplazo, ya que estaba bastante viejo y no podía hacer su trabajo como debería. Él se dedicaba a cuidar un cementerio toda la noche; la idea era que él se quedara trabajando dos días a la semana y yo trabajar los tres días restantes. Los fines de semana, se quedaba otra persona cuidando.
Aunque no estaba tan segura, acepté el trabajo de todas formas. "Perfecto, puedes empezar hoy mismo, a las 7 de la tarde ya debes estar aquí", habló el anciano. "Está bien", fue lo único que dije, y me retiré. Al llegar a casa, mamá ya estaba allí; le conté de mi nuevo trabajo, y la verdad, no le agradó tanto la idea de trabajar en un cementerio, pero le dije que solo iba a ser por un tiempo hasta que consiga algo mejor. Comí algo ligero, me bañé y me puse ropa cómoda para ir a mi nuevo trabajo: unos jeans, una remera que me quedaba un poco grande, un abrigo y unas zapatillas deportivas.
Entré al lugar y, al lado del gran portón, había una pequeña oficina; ahí estaba el viejo. "Ey, Camila, ¿cómo estás? Pasa", me dijo. "En esta oficina te vas a quedar". Dentro había una pequeña mesa, dos sillas y una cafetera. "Recuerda de vez en cuando salir a revisar el lugar", me terminó de decir, y se fue. El reloj marcaba las 19:45, y el sol ya había desaparecido. La mayor parte del lugar estaba oscuro; solo había unos 10 reflectores para todo el lugar, que era una manzana entera, y de los 10, 3 de ellos no funcionaban. Las primeras horas fueron tranquilas, oh, bueno, más que tranquilas, fueron aburridas. Ya eran las 10 de la noche, y decidí ir a dar el primer recorrido. Siempre fui una persona muy escéptica, así que no me daba miedo pasar por estos lugares. "Todo bien", dije en voz alta, y volví a la pequeña oficina.
Mi horario de trabajo terminaba a las 6 a.m., así que iba a ser una noche larga. El anciano me dijo que con solo tres recorridos ya era suficiente. El recorrido de la tarde no lo hice yo; me dijo que prefería hacerlo él antes de que yo llegara. Las 5 a.m. marcaba el reloj en mi muñeca y fui otra vez a vigilar. Todavía estaba oscuro, ya que estábamos en época de invierno y amanece más tarde. Mis pasos se dirigían a un pasillo que no estaba iluminado, así que saqué mi linterna. Todo estaba normal hasta que, después de hacer unos metros, comencé a sentir que una mirada se posaba en mí. Inquietud fue lo que empecé a sentir, comencé a caminar a paso rápido para llegar a la oficina, cuando de repente escuché que un objeto se estrellaba contra el piso. Un enorme escalofrío recorrió mi nuca. Me di vuelta y vi un par de ojos color verde que me miraban detalladamente. Iluminé con mi linterna y, para mi sorpresa, solo era un gato que me estaba siguiendo. Tomé un gran bocado de aire y me dirigí a la oficina. "Estúpido gato", le dije antes de irme.
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mi Bella Muerte
Fanfictionuna misteriosa figura ronda en los callejones del cementerio ¿que pasaría si la muerte se enamora de tí?
