Adriana llevaba años soñando con escribir historias que desbordaran pasión y emoción, pero su vida no le daba tregua. Su día comenzaba antes del amanecer, preparando el desayuno de los niños, lidiando con tareas escolares, limpiando la casa, y asegurándose de que todo estuviera en su lugar antes de que su esposo llegara a casa. Por las noches, cuando el silencio caía, se encontraba demasiado agotada como para escribir una sola línea. Pero había una historia que no la dejaba en paz, una que tenía como protagonista a Kim Seokjin, su personaje favorito.
Una noche particularmente extenuante, mientras Adriana miraba la pantalla en blanco de su computadora, sintiendo la culpa de no haber avanzado en semanas, algo extraordinario sucedió. Un suave golpeteo en la ventana la sacó de su ensimismamiento. Al girar la cabeza, lo vio. Él.
Ahí estaba Kim Seokjin, con una presencia que robaba el aliento, su sonrisa entre juguetona y cómplice. Adriana quedó paralizada, sin saber si estaba soñando o si el cansancio finalmente la había llevado al borde de la locura.
-¿Puedo pasar? -preguntó Seokjin con un guiño que hizo que su corazón latiera con fuerza.
No pudo responder, simplemente se apartó para dejarlo entrar. Todo en él era perfecto, desde su elegante chaqueta hasta los ojos que parecían leer su alma.
-Necesitamos hablar -dijo él, cruzándose de brazos-. Llevas semanas sin escribir, y yo... necesito saber qué pasa. ¿Qué sigue?
Adriana, aún temblando, se dejó caer en el sofá. Le explicó entre suspiros y lágrimas que su vida estaba llena de responsabilidades, que su tiempo y energía estaban destinados a todo menos a su pasión. Seokjin escuchó atentamente, cada palabra suya acompañada de una mirada comprensiva.
-Entiendo que estés agotada, pero, ¿y tú? ¿Dónde quedas en todo esto? -preguntó, inclinándose hacia ella, su voz suave como un susurro-. Tienes tanto talento, tanta pasión. No puedes dejarlo.
A partir de esa noche, Seokjin apareció con regularidad, ayudándola a sobrellevar su día a día. Cuando los niños la desesperaban, él tenía un comentario divertido que la hacía reír. Cuando su esposo olvidaba mostrarle afecto, él estaba ahí, recordándole que merecía sentirse deseada. Adriana comenzó a notar algo extraño: todo parecía más ligero, más llevadero con Seokjin a su lado.
Una noche, mientras escribía un capítulo especialmente apasionado de su historia, Seokjin apareció detrás de ella, leyendo las líneas por encima de su hombro.
-Interesante escena -comentó con una sonrisa traviesa-. Aunque creo que aquí necesitas más... intensidad.
Se inclinó más cerca, y Adriana sintió su aliento en la nuca. Su piel se erizó mientras su mente trataba de convencerse de que todo era imaginario. Pero cuando Seokjin deslizó su mano por el respaldo de su silla y sus dedos rozaron los suyos, la línea entre la fantasía y la realidad se desdibujó.
-Seokjin... tú no eres real -susurró, pero su voz carecía de convicción.
-¿Y eso importa? -respondió él, inclinándose hasta que sus rostros quedaron a centímetros de distancia-. Lo que sientes ahora, lo que yo siento... eso es lo único real que necesitas.
El calor entre ellos creció, una tensión que Adriana nunca había experimentado antes. Seokjin le tomó el rostro con delicadeza, su pulgar acariciando su mejilla.
-Escribe, Adriana -murmuró, sus labios tan cerca que podía sentir su proximidad como un fuego-. Escribe lo que sientes ahora. Déjame ser tu inspiración.
Adriana cerró los ojos, su mente desbordada por emociones. El mundo real parecía desvanecerse mientras el deseo y la pasión tomaban el control. Pero al abrirlos, Seokjin ya no estaba. Solo quedaba su computadora encendida, la pantalla brillando con un documento abierto, y en él, las primeras líneas de un nuevo capítulo.
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Entre Líneas y Suspiros ~OS~
FanfictionÉl era algo más que una simple creación de su imaginación.
