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La brisa cálida de Bangkok acariciaba la piel mientras el sol comenzaba a bajar sobre el horizonte, tiñendo el cielo de tonos rosados y naranjas. Freen Sarocha estaba en su camerino, revisando su guion mientras escuchaba el bullicio que provenía del set de filmación. Era el primer día de rodaje de la nueva serie y, aunque ya había trabajado en proyectos importantes, siempre sentía una mezcla de nervios y emoción en el primer día. Algo diferente estaba en el aire, algo que la hacía sentir expectante, aunque no sabía bien por qué.

De repente, el sonido de risas afuera de su camerino interrumpió su concentración. Al levantar la vista, vio a Becky Armstrong entrando en el set con su característica energía y esa sonrisa deslumbrante que parecía iluminar el lugar. Freen no pudo evitar observarla desde la distancia, notando cada gesto, cada risa, y sintiendo una curiosa calidez en el pecho. No era la primera vez que trabajaban juntas, pero esa cercanía cotidiana en los sets de filmación nunca dejaba de sorprenderla. Becky tenía una naturalidad y espontaneidad que Freen admiraba, y quizás, en secreto, envidiaba.

—¡Freen! —la voz de Becky la sacó de sus pensamientos—. ¡Por fin nos volvemos a encontrar en un proyecto! ¿Estás tan emocionada como yo?

Freen parpadeó, intentando recobrar la compostura. Sonrió, disimulando la sorpresa por la cercanía de Becky.

—Claro, Becky. Siempre es un gusto trabajar contigo —respondió con suavidad, tratando de mantener el tono profesional que siempre la caracterizaba.

Pero Becky no era alguien que se conformara con formalidades. Se sentó al lado de Freen en el sofá del camerino, sin preocuparse de invadir el espacio personal.

—¡Venga, Freen! Sabes que podemos dejar de lado la formalidad. Después de todo, ya hemos compartido demasiadas escenas y risas. ¿O es que ya te olvidaste de nuestras bromas en el último proyecto?

Freen sonrió, recordando aquellos momentos. Era cierto, trabajar con Becky siempre tenía ese toque especial, ese algo que hacía que las largas jornadas de grabación se sintieran menos agotadoras.

—No, no lo he olvidado, Becky —admitió finalmente—. Es solo que… bueno, sabes que siempre trato de mantener el enfoque en el trabajo.

Becky rodó los ojos con una sonrisa juguetona.

—Lo sé, lo sé, pero a veces tienes que relajarte un poco. Este proyecto será diferente, lo presiento. —Se recostó en el sofá, mirándola con un brillo en los ojos—. Además, ¿no crees que deberíamos empezar a conocernos mejor? Ya sabes, fuera de los personajes que interpretamos.

Freen sintió su corazón dar un vuelco. Becky siempre parecía tener una habilidad especial para acercarse, para hacerla sentir… vulnerable, pero no de una manera incómoda. Al contrario, era como si la presencia de Becky sacara a relucir una parte de ella que normalmente ocultaba.

—Supongo que… podría intentarlo —respondió, intentando sonar casual.

La sonrisa de Becky se amplió.

—¡Perfecto! Entonces, después de la filmación de hoy, ¿por qué no salimos a cenar? Conozco un lugar que tiene la mejor comida callejera de la ciudad. No acepto un “no” como respuesta.

Freen asintió, sorprendida por lo fácil que era decir que sí cuando Becky era quien pedía.

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Las horas de filmación pasaron entre risas y bromas, con ambas actrices entregándose a sus papeles. Sus personajes tenían una química eléctrica que no tardó en ser evidente para todos en el set. Los directores y el equipo murmuraban entre ellos, comentando lo natural que era verlas juntas, como si esa atracción en pantalla tuviera una chispa que iba más allá de la ficción.

Cuando finalmente se dio por terminada la jornada, Freen se encontró pensando en la invitación de Becky. No era habitual para ella salir después de un día largo de trabajo, pero había algo en la propuesta que la intrigaba. Quizás, después de todo, Becky tenía razón: tal vez era hora de abrirse un poco más y dejar que esa amistad —o lo que fuera— tomara forma.

Becky la esperaba fuera del set, apoyada contra una columna mientras revisaba su teléfono. Al verla, guardó el dispositivo y sonrió ampliamente.

—¡Sabía que vendrías! Vamos, tenemos una noche que aprovechar.

Ambas caminaron por las calles iluminadas de Bangkok, entre vendedores ambulantes y el aroma de los distintos puestos de comida callejera. Becky la llevó a un lugar donde las luces parpadeaban y la música llenaba el ambiente con una energía vibrante. Allí, entre platos humeantes y bebidas refrescantes, empezaron a compartir historias de su vida, anécdotas, y esos pequeños detalles que normalmente no compartían en el set.

—A veces pienso que todos nos ven como personajes en la pantalla y olvidan que somos personas reales con sueños y miedos —comentó Becky, con un tono de vulnerabilidad que Freen no había escuchado antes.

Freen asintió, entendiendo perfectamente a qué se refería.

—Es cierto. Pero creo que eso es lo que hace tan especial lo que hacemos. Es como si le diéramos un pedacito de nuestra esencia a cada personaje, algo que solo nosotros conocemos.

Becky la miró en silencio durante un momento, con una intensidad que hizo que Freen desviara la mirada, sintiendo el calor en sus mejillas.

—Entonces… ¿qué parte de ti le das a tus personajes? —preguntó Becky, con una sonrisa curiosa.

Freen pensó en la pregunta, tomando un sorbo de su bebida para ganar tiempo.

—Supongo que… les doy mi fuerza. A veces creo que es lo único que tengo —respondió finalmente, en un tono bajo—. Siempre trato de mantenerme fuerte, de no dejar que las emociones me dominen.

Becky sonrió, divertida.

—Eso explica muchas cosas. Eres como una roca en medio de la tormenta, Freen. Pero, ¿qué pasa con las veces que necesitas que alguien te cuide a ti?

Freen se quedó en silencio, sorprendida por la perspicacia de Becky. Era cierto, siempre había tratado de mostrarse fuerte, incluso cuando por dentro se sentía frágil.

—No lo sé —admitió—. Creo que nunca he dejado que alguien lo haga.

Becky extendió su mano, posándola suavemente sobre la de Freen.

—Bueno, entonces, si alguna vez necesitas apoyo, quiero que sepas que puedes contar conmigo —dijo en voz baja, mirándola directamente a los ojos.

Ese gesto, esa cercanía, hizo que el mundo a su alrededor se desvaneciera. En ese momento, no había cámaras, ni personajes, ni guiones. Solo estaban ellas dos, mirándose a los ojos, compartiendo un silencio que hablaba más que cualquier palabra.

Freen sintió un cosquilleo en el estómago, una emoción que apenas podía comprender. Había algo en Becky que la hacía sentir viva, que la hacía querer dejar de lado sus muros y mostrarse tal como era.

La noche continuó entre risas y confesiones, y cuando finalmente decidieron regresar, Freen sintió que algo había cambiado. Era como si esa noche hubiera sido el comienzo de algo que había estado latente, esperando el momento adecuado para salir a la luz.

Al despedirse, Becky le dio un abrazo, un gesto simple, pero que hizo que el corazón de Freen latiera con fuerza.

—Gracias por salir esta noche conmigo, Freen. Fue… especial.

Freen sonrió, sintiendo una calidez en el pecho que no podía ignorar.

—El placer fue mío, Becky.

Y mientras se alejaba, Freen supo que esa noche había marcado el comienzo de algo nuevo. Algo que quizás, si se atrevía a abrirse, podría ser la historia más importante de su vida.

Más allá de la pantallaDes histoires addictives. Découvrez maintenant