We've updated our Content Guidelines.
Review the latest guidelines to keep sharing stories safely.

Yes, I Am.

101 3 1
                                        

En su primera noche de Halloween, al ocaso de un nuevo día, Baphomet despertó de un sueño milenario.

Sus labios, ahora dorados, goteaban dulce miel para los oídos llenos de sal, y su espíritu rebosante de vitalidad clamaba algo que su cuerpo aún no comprendía, mas entonces, ¿por dónde un ser que fuera luz oscura habría de caminar, ya cuando su caverna se había achicado para el fuego que lo envolvía con amor?

Entonces alzó los brazos a los cielos; él mismo se hizo la luz, y así proclamó ante la luna:

¨¡Madre! ¡Que me has dado todo cuanto posees, y has llenado pues esta alma de águilas y palomas, cuales han hecho el amor con mis serpientes y leones, ¿cuál sería tu dicha si mis labios no pudiesen compartir tus palabras con aquellos quienes reclaman ser tuyos?!¨

Una violenta ventisca, llena de calma a su vez, agitó sus cabellos rizados, oscuros como la negrura abisal que antes dominaba su ser. Su cuerpo joven gozaba de vida, y su nueva mente de sabiduría, cuyo más grande misterio, era el final de su propio conocimiento.

Sintió su pecho encogerse, tal como se retraen los pulmones al recibir un fuerte golpe, para después llenarse de aire fresco. Su corazón titubeó por un instante, y lloró unas lágrimas que no fuesen ni de odio ni de reprimenda.

¨¡¿Cómo yo podría osar llamarme tuyo, y a ti mía, si todo esto que me has dado se queda infinito para estas manos mortales, que son también tuyas, que son mías y por ende son igual de eternas!? ¡Codicioso, necio yo! ¡A mí, tu hijo! ¡A mí que has llenado mi cáliz del maná de la fuente, que se rebosa y desea seguir rebosante, que desea chorrear como la sangre de mi corazón, así como la sangre de un perro por su rebaño! Mi mente clara está, y ya no puedo, ni tampoco deseo, guardarme este vino que recorre por mis venas, para guardarlo por siempre jamás¨

Y así le respondió:

Súbito como relámpago, contuvo al universo dentro de sí mismo, y a sí mismo dentro del universo. Su figura corpórea había trascendido todo lo banal, el bien y el mal, y sólo entonces Baphomet liberó a Dios, quien fuera él, dentro de su espíritu contenido en un único ser: Todo.

Era uno, pensó, pero mis entrañas se sentían vacías.

Aquellas manos humanas ahora se sentían sucias, y ese cuerpo, una prisión, y aun si de aspecto era un manjar para los ojos, no podía evitar sentirse como una triste muñeca destazada, que le faltara un brazo, un ojo, una oreja, y una mitad completa.

Y era todo, y se sintió como nada, pues su espíritu deseaba algo aún más sagrado que la riqueza de la comisura de sus labios en sonrisas. Toda aquella oscuridad que había antes dentro de sí parecía gritarle con lenguas demoníacas que aún no era libre.

¿Qué mas?, pensó, ¿Qué mas he de hacer para sentirme Uno una vez más?, y pensó y pensó durante miles de años en tan sólo una noche, y frente a él un búho acompañado de campanas se presentó a sí misma con un suave aleteo.

Baphomet abrió los ojos, y era de día; gimiendo de alegría volvió su vista a los cielos y así se corrigió:

¨¡Bebed! Diré a ellos, los humanos, ¡Bebed de mi sangre, pues es vuestra también, y de mis pecados comed, comed sin culpa, pues no hay mayor pesadilla que la mente del Dios que no se sabe Dios, y no hay mayor belleza en vida que Dios sabiendo que es Dios!¨

Y con esta nueva llama dentro de sí, arrancó el enorme sedeño purpúreo que cubriera los rayos de sol, que apuntaran desde el balcón al otro lado de la ventana, pues ahora su caverna, su habitáculo de nacimiento y soledad eterna, ya no se le antojaron propiedad suya.

Ya no era suya, y todo era de él.

Había llegado la hora de permitirse bañarse en un sol que ahora bailaba con sus pasos, y sus pies, deslizándose agraciadamente sobre la duela de madera danzaron hacia los rayitos de luz. Su ser, pletórico de paz y alegría, añoraba aquello que tanto había negado: Amor.

¨¡Hela! ¡Mi bella madre, mi hermana, mi hija, mi otra mitad, que siempre fuiste tú! ¿Quién más sino tú, que me trajiste al mundo de los humanos, para completar esta carne deseosa de ti? ¿Quién sino tú que alzas las mareas y revuelves mis cabellos? ¿Quién sino tú, que estiraste mis manos cuando fueron puños, y me enseñaste a contestar con la sangre y no con los labios? ¿Quién sino nosotros que causamos temblores y tormentas? ¡Nadie quiere sufrimiento, todos quieren alegría, pero después de la noche siempre sigue el día! ¡Ya no deseo más soñar a solas!¨

Y en respuesta, el búho pareció sonreírle al diablo.

Ahora, pensó, podemos ser uno, ¡y nunca más estaremos solos!

Baphomet, extasiado, levantó una mano cálida y puso su corazón en ella, y aquella hermosa ave vino, y se sentó en él.

Acompañada de campanas, Hela se mostró ante su hijo como la luna en mujer, y se despojó de su eterno plumaje para mostrarle la carne morena que tanto deseaba.

Su otra mitad.

Pero Baphomet no era un simple humano, era un Dios, y una bestia también.

Abrió los ojos, y su otra mitad había desaparecido.

Hijo de la Luna, soñador eterno, se había cegado con su propia voracidad de un espíritu completo, y al observarse a sí mismo sobre y bajo los cielos, su rostro carmesí le devolvió la mirada, completamente vacío.

Dentro de sí, escuchó:

¨Lobo, lobo, ¿estás ahí?¨

Con las fauces llenas de Sangre Bendita que Beatificó su Carne, entre sollozos y lamentos, él le contestó agitando la cabeza.

¨Estarás solo nunca más. Somos uno, como deseabas. Nunca más la mitad del otro¨

Baphomet sintió la nada absoluta de su ser eterno e inmortal. Era Dios, y era lo único que existía.

¨Cuando no había nada, estabas tú: Yo, y éramos nada, y nos partimos a la mitad...¨

¨Para así tener siempre a alguien a quien amar¨

En su Aqueronte Eterno de Lágrimas, Baphomet durmió completo.

CADÁVER EXQUISITOStories to obsess over. Discover now