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No existe nada más insufrible en este mundo, que odie o avergüence más a Hinata Hyuga que su temporada de celo. Además de sus pesados y forzados entrenamientos con su primo Neji, claro está. En estos momentos se siente como la cosa más asquerosa del mundo. Recibe constantes cambios de humor en los que normalmente está de mal humor, sudando o incluso actuando demasiado empalagosa.
Sakura, su alfa, siempre ha sido muy comprensiva con ella, no solo en este tipo de situaciones sino en muchas más también. Pero aún así no puede evitar querer desaparecer en estos instantes. Suspira cansada. Sería mucho mejor si tan solo hubiera nacido siendo beta, delta, o siquiera un gamma. No pedía ser alfa, no estaba siendo tan ambiciosa; solo quería ser un simple beta. Al menos en su celo, sin ese horrible olor mayormente dulce y ostigoso, sin esos horribles ciclos de calor.
Quiere hundirse en el gran futón y jamás salir de ahí, pero aún así se remueve inquieta, incómoda y muy ansiosa. Claramente extraña demasiado a Sakura. Tal vez en este momento estaría abrazándola mientras acaricia su cabello, dándole mimos y caricias, llenando la habitación con un olor y aroma reconfortante a chocolate oscuro y frutos rojos, una mezcla que representa fuerza pero también su delicadeza y feminidad.
Le resultaba a la pequeña omega demasiado satisfactorio exhalar el aroma dulce de tal vez su golosina favorita que había disfrutado de compartir tan íntimamente con la pelirrosa.
Dio un par de vueltas, cubriéndose con las mantas a su alrededor, buscando una posición cómoda para volver a dormir, pero no tuvo éxito. No fue hasta que algo en su cerebro hizo "click", al percibir el aroma dulce que perfumaba la almohada que su pareja usaba para dormir. Sin pensarlo dos veces, la tomó y la abrazó contra su pecho, suspirando gustosa.
Fue entonces cuando la omega encontró la magnífica solución a su horrible problema. Se levantó tan rápido como pudo, tropezando con las sábanas, se dirigió al armario de su novia y abrió rápidamente la puerta corrediza que tenía algunos dibujos que ellas mismas habían pintado. Rápidamente sacó algunas prendas, mayormente kimonos, suéteres, faldas largas, camisetas y demás cosas. Aspiró el aroma de algunas de estas, lanzando al suelo las que tenían menos olor hacia el futón, mientras que en las otras donde percibía un aroma más dulce las dejaba consigo o se las colocaba, como un suéter de osito con fondo blanco y manchitas negras, que obviamente le quedó bastante grande; por las mangas ya no se le notaban los dedos, mucho menos sus manos. Y fue entonces, quizá por primera vez en su vida agradeció desde que empezó a salir con Sakura, el ser más pequeña que ella.
Después de vaciar el guardarropa, se dirigió a gatas de regreso a su espacio para dormir gustosamente, acomodando y moldeando el montón de ropa a su propio gusto. Cuando estuvo totalmente satisfecha, volvió al centro del futón para cubrirse nuevamente con la mantita y volver a dormir.
Pasaron las horas y cuando Hinata despertó, tomando total conciencia de sus acciones, no podía creer lo que había hecho. "Carajo", maldijo por lo bajo, sintiéndose avergonzada. Un nido no es algo que ella hubiera hecho estando en sus cinco sentidos, pero por lo visto su omega no estaba de acuerdo con ello. Aún así, pese a que sentía que moriría de la vergüenza si alguien llegase a verla en tal situación -que en realidad era algo totalmente normal-, era su comodidad. Ojalá pudiera quedarse así por el resto de su vida: sin que la gente tonta todo el tiempo la subestime, sin Kiba que cada dos días le cuente de su reciente cita con el perro sarnoso o el ángel del cielo y pidiendo consejos que al final no seguiría. Solo ella y Sakura llenándola de mimos, caricias y amor.
Fue entonces que salió de sus pensamientos al percibir una voz familiar.
"Hinata?"
Oh claro, la mencionada quería que la tierra se la tragara. Ni siquiera había escuchado cuando Sakura llegó a casa y ahora la veía así. No atinó a hacer otra cosa más que a cubrirse hasta la cabeza con la sábana.
Por su parte, la pelirrosa entró despacio a la habitación, cerrando las puertas detrás de sí, intentando no hacer mucho ruido. Cuando un omega anida, es mejor conservar la calma y la tranquilidad con la que dicha omega se mantenía. Se arrodilló frente al futón y preguntó con una sonrisa amable.
"¿Puedo entrar?"
Hinata se destapó lo suficiente solo para dejar ver su rostro con el entrecejo fruncido, se acercó a su alfa para olfatear y asegurarse de que no llevara el aroma de ningún otro omega o inclusive alfa. Cuando estuvo segura, asintió despacio con las mejillas tintadas de rosa.
La alfa sonrió entusiasta para después acomodarse junto a la omega, quien la cubrió con la manta pues aún era temprano y hacía algo de frío. Sakura abrazó a su omega y le plantó un beso en los labios, aprovechando que la chica estaba distraída. Después comenzó a llenarla de caricias en el cabello y rostro, y la habitación se perfumó con sus dulces feromonas.
Sin duda, eso era todo lo que Hinata necesitaba para poder sobrellevar su celo.
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Una es el alfa, la otra el omega, unidas por un lazo etéreo que las eleva.
Una es fuerte y valiente, con una mirada llena de fuego, la otra es suave y compasiva, con un corazón puro y honesto. En la danza de la vida, juntas se complementan, creando un equilibrio perfecto que nunca se desvanece...♡
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Palabras:1017
Hola gente bonita, ¿cómo han estado? Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que publiqué algo. Hoy quiero compartir con ustedes esta historia que no es mía, si no que la adapte al sakuhina, esta historia es una adaptación de otra adaptación: Shinomitsu (Shinobu×Mitsuri), que originalmente era Obamitsu (Mitsuri×Obanai). Jeje, qué lío, ¿verdad? En fin, aquí están los nombres de los dos perfiles que merecen créditos: