El susurro de las rocas.

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El SS Corsarius agonizaba. El casco de acero y madera crujía contra los colmillos de piedra negra que formaban la muralla de la costa. En la proa, bajo un sol que parecía demasiado brillante para ser natural, dos figuras se movían con desesperación.

Ambas eran mujeres en los inicios de sus 20 años: sus nombres eran Alia y Sandra.

Alia tenía la piel bronceada claro, cabello largo violeta casi lila, ojos amarillos y cara en forma de corazón. Su cuerpo era esbelto tirando a curvilíneo sin ser flaca. Vestía un bikini de dos piezas blanco con bordes azules oscuro que resaltan principalmente sus amplios pechos talla C y abrazaba sus caderas talla D.

Alia se limpió el sudor de la frente, dejando un rastro de grasa mecánica sobre su piel. Su bikini apenas contenía su respiración agitada. Con un grito de frustración, soltó una tabla pesada que impactó contra la cubierta con un estruendo seco.

"¡Todo esto es tu culpa!" rugió Alia, sus ojos rojos inyectados en sangre por el agotamiento.

"...'Será divertido', dijiste. 'Habrá tipos sexys y comida de lujo'. ¡Míranos ahora, Sandra! ¡Estamos en el puto borde del Océano Theermina esperando a que el mar nos trague!..."

Sandra, que terminaba de tensar una cuerda sobre su hombro, se giró lentamente. El rojo intenso de su cabello contrastaba con la palidez de su piel, ahora salpicada por la salitre del mar. Su cuerpo era principalmente atlético sin dejar de ser femenino, mostrándo los abdominales marcados en su torso por su brasier negro y sus shorts cortos ajustados del mismo color, que abrazan sus posaderas firmes y redondas.

"Bueno..." respondió Sandra con una sonrisa gélida y un tono venenoso.

"Yo no fui la que estaba teniendo sexo con el timonel mientras la tormenta nos partía en dos. Si querías un viaje 'excitante', lo lograste: nos estrellamos por un orgasmo..."

Alia apretó los puños, pero antes de responder, un sonido extraño provino de debajo del agua. No era una ola; era un latido rítmico, denso, que hizo vibrar el metal del barco. Algo en el Océano Theermina acababa de despertar.

Debajo de las aguas, una figura emergió como un relámpago. Una serpiente azulada y escamosa con una altura de 5 metros y una mandíbula lo suficientemente grande para devorar a un hombre adulto se lanzo contra Sandra, quien esquiva el mordisco por los pelos, unos cuantos mechones de su rojo cabello fueron arrancados cuando la serpiente se estrelló contra la madera del barco.

Cuando el gigante iba a dar otro mordisco a la chica, la pelirroja tomo un hacha y decapitó con un golpe certero, dejando que la sangre violeta fosforescente la cubra como una asquerosa máscara de lodo.

Respirando con dificultad, Sandra se levanta con hacha en mano y vuelve a clavar su arma en el cadáver del animal acuático con rabia pura.

Sandra soltó un rugido gutural mientras enterraba el hacha una y otra vez en el cuello de la criatura. La sangre violeta salpicaba su piel blanca y se escurría por las curvas de su cuerpo, tiñendo las tiras de su bikini de un color alienígena que brillaba con luz propia bajo el sol.

Alia se quedó paralizada, con el corazón martilló contra sus costillas. El olor del monstruo era metálico y dulce, una mezcla que mareaba.

"¡Sandra, basta! ¡Ya está muerta!" gritó Alia, acercándose con cautela.

Sandra se detuvo, jadeando. Sus ojos azules brillaban con una intensidad salvaje mientras se limpiaba la cara con el antebrazo, dejando un rastro neón en su mejilla.

El cadáver de la serpiente empezó a convulsionar; la biología de Theermina no seguía las reglas naturales. Los espasmos del animal hacían que la madera del Corsarius crujiera peligrosamente.

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⏰ Last updated: Jun 22 ⏰

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