Se vale soñar

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Sasuke era alguien que soñaba con estrellas y auroras boreales, el es tipo de chico que suspira cuando esta cansado y que admira las flores en silencio.

Sasuke es un chico que era tranquilo y un poco demasiado inteligente para su edad, pero aun así su padre lograba compararlo.

Sasuke era un Uchiha orgulloso, un chico delicado que no temía llorar cuando estaba asustado, o reír cuando estaba contento.

Sasuke era más como su madre, Sasuke era alguien que se compadecía de los otros, un alguien que sería honorable en el futuro, era quién dudaba por las cosas mas pequeñas y quien abrazaba a su hermano mayor antes de irse a dormir.

Era quien se asomaba detrás de la falda de su madre, y era quién bajaba la mirada cuando habían visitas importantes.

Era quien besaba a su madre en la mejilla, y a quien Shisui le alborotaba el cabello.

Sasuke era un chico feliz, siempre intentando ser reconocido, siempre intentando complacer las expectativas de su padre.

Sasuke era quien dormía con un peluche de dinosaurio verde, porque los monstruos bajo su cama lo asustaban, y su dinosaurio era mas aterrador que ellos.

No era un genio, pero era decidido y eso era suficiente para tomar el mundo.

Sasuke era un chico libre hasta que conoció a Hinata Hyuuga.

Fugaku llevó al pobre niño a su oficina, informándole que lo prometerían con la pequeña y tímida heredera del clan Hyuuga, y que se esperaba que creara lazos con ella.

Su madre lloró por él, y su hermano confrontó a su padre, pero no podía hacer otra cosa que quedarse en frente de él, bien quieto y derecho, congelado como una estatua.

No había nada más que pudiera hacer.

Porque su madre se lo había dicho.

Su hermano le había advertido.

El día que amase a una mujer, su vida dejaría de ser suya.

Y si quería prosperidad en un matrimonio concertado, Sasuke tenía que aprender a amarla.

Y por supuesto, a Sasuke le habían enseñado con firmeza los beneficios de un matrimonio próspero.

Y no era culpa de ella.

Esa noche, Sasuke lloró.

Lloró tan fuerte que le dolió la garganta , empapó sus mejillas con lágrimas saladas y su peluche de dinosaurio jamás había sido tan apretado en su vida.

Y Itachi solo podía quedarse tras a la puerta y sufrir en silencio, porque podía ser un genio, pero nunca había sido bueno con los sentimientos.

Hinata era una chica callada y sencilla.

Disfrutaba las caricias en el pelo, del té a medianoche y sentarse a la orilla del lago para mirar el agua ondear con suavidad.

Hinata era la chica tímida del clan, demasiado asustada, demasiado pequeña.

Ella era la chica de ojos como plata derretida y que protegería a su hermana con su vida.

Era la chica que temía a su padre y extrañaba a su madre.

Era la chica que se escondía en un claro de violetas para llorar.

Hinata era una chica sensible, delicada.

Era una chica que ponía al resto antes que si misma, era amable.

Campo de violetasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora