18: Gomitas de Limón

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Chantal llevaba al menos 20 minutos sentada frente al escritorio de Margoth Levallois esperando que la directora llegara. No era usual que fuese impuntual, o al menos eso era lo que la gente decía sobre ella. Si la directora pautaba una hora estaba en el sitio justo cuando el segundero hacía la transición al momento marcado, pero en su caso no fue así. No estaba. En el momento que Pascal la encontró la transportó de inmediato a dicha oficina. 

Pascal así como Margoth conocían atajos dimensionales para esquivar los detectores de El Senado, era una forma de quebrantar la vigilancia del poder máximo en Khelia. No es que fueran los únicos que lo hicieran. Los maestros vorlith eran expertos en ese menester. La mayoría de los rastreadores al viajar por lso faros lo hacía en medio de una misión y eso enviaba un rastro energético a un salón en El Nido en donde un grupo de funcionarios recopilaban los datos haciendo una labor de rastreo y decofidificación de poder. 

 Pascal no le quitaba los ojos de encima y su mirada era de reproche. Caminaba alrededor de la circular oficina con los brazos cruzados. Se le veía impaciente. Tomaba objetos de los estantes los observaba y los volvía a dejar en su lugar, pero no se detenía verdaderamente en ninguno.

—¿Por qué tarda tanto?— Preguntó Chantal cruzando sus piernas. Ella también mostraba indicios de estar perdiendo la paciencia.

—¡Silencio!—Corto de cuajo Pascal.—Debería darte vergüenza el simple hecho de preguntar algo así. No tienes ni la más remota idea de lo que acabas de hacer. 

Pero eso no era del todo cierto, Chantal entendía la perfección la magnitud de sus actitudes. No necesitaba tener una vida entera en Khelia para entender que se había saltado no solo una, sino muchas normas y varias de ellas graves. Solo tenia que tomar en cuentaq ue se había enfrentado a sujetos de la ley. Podría incluso ser señalada de terrorista. Sin embargo, también sentía que no había por donde culparla. Al final, ella había actuado en defensa propia y Sabrok la había amenazado por el simple hecho de cuestionar al gran senador, no cuestionaba su autoridad como jefe máximo de Khelia, si no su capacidad para resolver un conflicto en el que ella estaba inmersa. Pero a Pascal eso parecía no importarle. Ahora, estaba muy concentrado en acariciar a su gavilán, el cual reposaba placidamente en una alargada percehera para aves. 

Sin embargo, no tenía muy claro que argumentaria cuando tuviese a Margoth de frente. La mujer lograba dejarla sin palabras. Cada vez que la tenía de frnte y, aunque solo había ocurrido en tres oportunidades era más que suficiente para que su sola presencia la hiciera sentir petrificada. Más allá de esto con el pasar de los minutos Chantal empezaba a sentirse impacienciente, pero también decepcionada de sí misma, porque sus planes de escapar habían fallado una vez más y ahora podía dar por descartado otra estrategia de escape. Las ideas se consumía tan rapido como un pedazo de papel expuesto al fuego, entonces debía tachar de su lista imaginaria el usar Puertas Batientes como vía de escape. Era como si el mismo sistema se encargaba de decirle que no iba a poder escapar y que su madre de seguro debía esperar un tiempo más. Eso solo acrecentaba la constante sensación de desgracia y hastío, porque seguía sin tener una respuesta clara de, en cuánto tiempo Marie Claire y ella estarían frente a frente.

Exasperada por la suma de tiempo Chantal sujetó un globo de nieve pusto sobr el escritorio de Margoth. Al agitarlo un montón de bolitas blancas simulando la nieve cubrían a Cabo El Hayak. Eso objetos le gustaban desde siempre. En su casa en Orleans habían varios y los colocaban, como era de esperarse solo en navidad. 

—Deja eso eso ahí.— Ordenó Pascal mientras ella pegaba la esfera a su ojo para ver la imagen de la escuela distorcionarse por el efecto de aumento generado por el agua más el cristal. 

La orden la tomó por sorpresa y como si de una niña se tratara soltó la esfera que casi se le resvala de la mano y la dejó sobre su pedestal. Avergonzada se levantó un poco del asiento y colocó sus manos debajo de sus piernas como una forma de evitar tocar algo más. 

Rastreadores de Almas y el Faro de OrienteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora