Prólogo 1

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El velocímetro marcaba más de 100kmh, sus manos apoyadas firmemente sobre el volante de cuero, los nudillos blancos por la presión, mientras su vista, perdida sobre el pavimento. Por fuera, el auto era una bala atravesando la penumbra.

El rugido del motor sonaba cada vez más fuerte entre las calles desiertas de la ciudad. No había musica, ni radio, solo la vibración que subía por sus brazos y le recordaba que seguía ahí. Saltaba cualquier luz roja que aparecía, desafiando su propia suerte. Para ella, los semáforos solo eran destellos cromáticos que no lograban sacarla de su trance.

Su vida hasta ese momento solo habia sido de éxitos calculados y una agenda llena de rostros que no significaban nada para ella. La velocidad era su única medicina contra la apatía que la rodeaba. Y con un quejido aceleró más.

Pero de pronto, en una fracción de segundo, su rutina y su trance se rompieron.

Una figura había cruzado el asfalto, para ella era una mancha que no debió estar ahí. A escasos metros, ella dio un volantazo violento hacia el carril contrario. Su mundo se inclinó, el chillido de los neumáticos fue el último sonido que escuchó, antes de que las luces frontales de un camión llenarán todo su campo de visión.

El impacto fue de un estallido de cristales y el frío silencio de la noche.


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