Antología sobre los diferentes escenarios de Kirara si no fuera pareja de Leona, sino de otros personajes de Twisted Wonderland.
Cada cuento habla sobre su relación con un personaje diferente.
Estos pequeños relatos son independientes al fanfic orig...
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Kirara se encontraba en el baño únicamente con el pantalón y el top deportivo puestos, lavándose una fea herida en el brazo frente al lavabo del enorme tocador con un estropajo para desinfectar la sangre que había comenzado a secar, cuando una voz familiar se acercó a ella con una caja blanca en sus manos.
— No hagas eso, vas a lastimar tu piel — le dijo Vil mientras se acercaba con el kit de primeros auxilios.
Kirara respondió con un gruñido a través del espejo, por lo que Vil se limitó a suspirar.
— ¿En serio vamos a tener de nuevo esta discusión? — dijo mientras se colocaba a lado de la leona y colocaba una mano sobre su hombro izquierdo y su barbilla sobre el otro, mientras la miraba directamente a los ojos. — Sabes que no soporto ver cómo usas esos primeros auxilios tan primitivos.
Kirara estaba por responder cuando Vil bajo el brazo de su hombro hacia la herida y colocó la mano fría sobre ella, provocando que la leona se sonrojara al sentir el contacto sobre su pelaje lastimado. Al inicio sintió alivio, pero poco después el ardor le tomó por sorpresa, lo que la hizo gritar de dolor e intentó alejarse de Vil, pero éste le apretó más fuerte y le susurró al oído:
— Si te portas bien, prometo compensarte con un té çay preparado por la señora Papp.
Kirara ahogó un rugido de dolor e indignada ante el soborno, posterior a eso se limitó a verlo con rencor en el espejo mientras él sonreía con aires de suficiencia; cerró la llave del agua y envolvió el brazo en un trozo de tela para salir hacia la sala, donde se sentó en uno de los elegantes sillones de madera, típicos de Sunset Savanna. Vil se sentó a su lado y tomó el brazo lastimado con delicadeza, como si fuera parte de una muñeca de porcelana. Kirara se ruborizó nuevamente ante el contacto gentil de las manos de Vil.
Desde su graduación de NRC y MCC, habían comenzado a relacionarse más por cuestiones de trabajo, ya que Kirara había comenzado a fungir como Guerrero del amanecer (tal como su padre había sido) en Sunset Savanna y, como parte de una de sus misiones, le habían asignado ser guardaespaldas temporal del actor mientras se encontraran en rodaje.
Al principio Kirara se había molestado ante la misión, pero poco después se percató del increíble trabajo que requería ser el guardián personal de una celebridad de ese calibre. Jóvenes obsesionadas y acosadoras de todas las especies y razas intentaban continuamente accesar al camerino del famoso actor para declararle su amor incondicional o darle obsequios.
El príncipe Leona la había asignado personalmente a dicha tarea como líder y Director de los Guerreros del Amanecer. Pues, a pesar de sus evidentes diferencias, Vil y Leona eran amigos cercanos de NRC. Después de la filmación, la leona y el actor ya habían entablado una amistad arraigada, por lo que mantuvieron contacto y posteriormente Vil la había invitado a participar en una de sus películas como coreógrafa principal para batallas y bailes, brindándole renombre en el nicho.
— Sigo sin saber por qué insistes en actuar como si aún fueras parte del equipo de seguridad — le reprochó mientras untaba una crema preparada con aloe vera y otros ingredientes mágicos en una toalla. Vil colocó el ungüento en la herida y el escozor hizo rugir a la leona, provocando que retirara el brazo.
— ¡No te muevas! — ordenó Vil
— ¡Eso duele! — rugió Kirara
— ¡Si te quedaras quieta no te dolería! — le recordó.
— ¡Si me hubiera quedado quieta estarías en mayores problemas!
— ¡Si aceptaras mi propuesta, no tendríamos esos problemas!
— Soy más rápida que tu patético guarda espaldas — agregó Kirara sin arrepentimientos esquivando la mirada con enfado.
— ¡De haberme aceptado, producción no lo habría contratado!
— ¡Si no hubieras metido a Leona en esto, te habría aceptado!
Vil se quedó congelado por un segundo. No esperaba que aquél recuerdo saliera a flote de forma tan inesperada. Durante meses Kirara y Vil habían salido juntos, a veces en grupo y en otras ocasiones solos; ambos cuidando su imagen frente a los paparazzi, pues Vil era un modelo y actor de alto nivel y Kirara era deseada por el pueblo para que fuera compañera del nuevo rey de Sunset Savanna tras el trágico accidente de la familia real.
Con el paso del tiempo ambos desarrollaron sentimiento mutuos, por lo que empezaron a salir formalmente, aunque aún no habían anunciado nada a público; el único que sabía era Leona, por ser el mejor amigo (y jefe) de Kirara; esto había sido un arma de doble filo, pues aunque ella no era una leona celosa, Vil sí lo era.
Años atrás Rook había comparado esa característica con la naturaleza de las bestias, pues las leonas trabajaban en manada y era común que el macho fuera polígamo, los celos de una hembra eran naturalmente innecesarios e incluso podrían ser un estorbo para el resto del grupo.
Esto llevó a que Vil creyera que Kirara preferiría al nuevo rey, cosa que no era así. A pesar de tener todas las pruebas de que Kirara y Leona eran mano derecha el uno del otro sin ser algo más, su vanidad le había traicionado y le había montado una escena bastante vergonzosa a su pareja cuando lo visitó.
— Yo... — se detuvo un momento y suspiró arrepentido — ... lo lamento.
Kirara volteó a verlo sorprendida. ¿Vil se estaba disculpando? ¿La más grande diva y reina de la vanidad se estaba tragando su orgullo? No podía creerlo. Kirara no dijo nada, esperando que continuara.
— Gracias. — añadió — Salvaste mi vida aún cuando yo te lastimé.
Kirara se fijó en su mirada y supo que era honesto. Tantos años viéndolo actuar había ayudado a detectar sus expresiones no verbales para diferenciar una actuación de un sentimiento real. El verle herido emocionalmente provocó que su furia interna se apagara.
— No fue nada. Después de todo, el más hermoso de todos habría hecho lo mismo por mí. — respondió y acto seguido volvió a estirar su brazo hacia él. Un brillo de ilusión se iluminó en los ojos de Vil cuando volteó a verla de nuevo.
— Aunque no lo habría hecho del mismo modo — sonrió tomando el brazo de la leona con sutileza — Debo cuidar mi apariencia y físico, de esto vivo.
— Eso me queda claro — añadió la chica devolviéndole la sonrisa.
— Quédate quieta, te va a arder — dijo Vil con dulzura esta vez y colocó nuevamente la toalla con ungüento en la herida.
Kirara ahogó un gruñido, girando la cabeza y cerrando los ojos para soportar el dolor. Fue entonces que Vil soltó una frase que jamás le había dicho antes.
— Te amo.
Kirara sorprendida abrió los ojos y volteó a ver el sonrojado rostro de su pareja. Ella acarició el cabello rubio con el brazo sano y le respondió: