Prologo:

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Nota: La historia que escucharás a continuación es ficticia, que aunque tiene lugares y fechas de conocimiento público, nada de lo que aquí se relata sucedió.

Juventud Herida.

El inicio del todo.

Se cubre los oídos cerrando los ojos con fuerza, las detonaciones van una tras otra.

Si alguien me hubiera dicho que me toparía con eso en mi vida, no lo creería. ¡No!, no pensé muy bien las cosas. Aun así, lo haría. Estaría ahí porque, aunque lo viera con mis propios ojos, lo que sentía en mi interior era algo que no cambiaría nada. Ese sentimiento que nacía en mí, por esa persona a pesar de estar herida mi alma.

Sabía que no era un sentimiento racional, ni algo que todas las personas normales experimentaban. Pero ahora vivía en un mundo en el que nadie me criticaba lo que sentía.

Sintió que una mano fuerte lo jaloneaba con rudeza y lo impulsaba a levantarse y correr, las balas chocaban sobre su cabeza, la casa estaba siendo destrozada por los militares, se acuclilló siendo cubierto por esa mujer que ahora daba la vida por él, miro al derredor cubriéndose tras la barra de la cantina de esa lujosa residencia. Lo estaban destrozando todo. ¿Cómo y en qué momento habían llegado?

Gire para ver al tipo que se encontraba a lado de mí, portaba una camiseta blanca y sus músculos fuertes estiraban la tela cada vez que disparaba. Toque su amplia espalda casi temblando de miedo. Pero no por lo que sucedía, era miedo a perderlo... ¡porque lo amo!

Una granada de fragmentación y palabras sin sentido del tipo que lo abrazó con fuerza cubriéndoles con su cuerpo a ambos. La joven tenía sangre en la frente, pero se notaba que no se amedrentaba, intentó limpiarle, pero ella le miró con coraje ignorando su preocupación. Ambos estaban molestos con él.

Nuevos disparos se escucharon y los Marinos exigiendo que salieran. El tipo a mi lado gritó palabras altisonantes en negativa y se levantó tomando de manos de ella una granada. Les dijo que corrieran a la voz de ya. Sus oídos escucharon una explosión sorda, más ella lo jaloneo corriendo hacia la parte trasera, se levantó una polvareda y varios tipos armados de parte de él corrieron cubriéndoles. Corrió hasta que se encontraron lejos de las detonaciones, varias camionetas blindadas esperaban tras la casa, y subieron a una de estas aprisa, giró a tras al ver que él no los seguía...

- ¿Que sucede?, ¡¡¿dónde está?!! – grité con desesperación intentando bajar del auto y entonces lo vi, corrió hasta la camioneta y cuando hubo subido esta arrancó de volada. Lo abracé con fuerza, pero me separo viéndome con desaprobación, era una mirada fría la que me dirigía el tipo al que amaba.

Los militares no pudieron alcanzarnos, nos perdimos entre el tráfico de las noches de fiesta en el puerto de Acapulco. Baje la mirada respirando agitado, mi cuerpo temblaba como una hoja en plena tempestad. Él me regresó a ver tocando mis cabellos, no quería verle pues sentía vergüenza por mi estupidez, sus ojos oscurecidos y hundidos me decían que estaba molesto conmigo.

El viento del sur soplaba con fuerza la ventana de la camioneta, pues la tormenta se dejó caer en la costera. Me abrasé a mí mismo con fuerza bajando la mirada. Mis ojos miraban sin ver, después de tantos años aun no entiendo el motivo de haber nacido y haberme convertido en una porquería de ser humano. ¿Para qué? Sin siquiera saber por qué la vida se empeña en hundirme en el fango. Mi vida siempre fue complicada, no llevo ni la mitad de esta, pero estas vueltas son mucho para mí ser, apenas tengo 33 años, y sé que mi situación actual la tengo que librar, por él... por ambos. Por qué sé que me ama, como yo lo amo.

Retiro mi vista de esa mirada turbia que inunda mi alma podrida. Antes no era así, recuerdo que vivía en una hermosa casa a las afueras de la ciudad, la casa era enorme y espaciosa, cómoda, no como esta que tenía tantos lujos dichos que los militares habían dejado como una mierda. Como olvidar esas noches de agobiante tranquilidad, en las que podía apreciar el cielo negro y ver las hermosas estrellas tirado en la hierba húmeda del jardín sin ninguna preocupación, ¡oh! Era hermosa y relajante, la brisa fría, el sereno de la noche humedeciendo mi rostro. Viví en otras casas más, pero como olvidar la casa donde nací.

Nunca fui más feliz como entonces, soy el segundo de 5 hermanos, dos mujeres muy hermosas y agradables, el menor un joven muy gruñón y pesado, y el otro mi gemelo, tal vez es lo que más extraño de esos años en los que vivíamos como lo que éramos, "una familia". Mi padre trabajaba duro, mi madre nos protegía siempre, y nosotros solo teníamos que ser buenos hijos. Para entonces estábamos en la gloria, cobijados por los brazos protectores de mis padres, no teníamos miedo de nada.

Pero los hijos crecen y cada cual toma un camino...

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