El guardia abre la puerta de mi celda acompañado de tres guardias mas, estoy acostada, solo escucho las llaves y las rejas abriéndose mantengo los ojos cerrados y con ello puedo calcular sus movimientos. La mordaza en mi boca no me deja mover la cabeza ni hacer giros bruscos, solo me rehúso a pensar y esperar la llegada del juicio final.
—Tienes visitas señorita Hutson—se acercan y mientras me ayudan a ponerme de pie, uno de los guardia se arrodilla para soltarme las esposas de las piernas, cada uno me sostienen los brazos mientras dos más esperan fuera de la celda. Salimos y caminamos por el largo pasillo solo iluminado por esas lámparas que se mueven de un lado a otro. Los guardias me sueltan los brazos y empiezan a caminar de espaldas frente a mi, mientras los otros dos detrás hacen comentarios pervertidos y se ríen de algo que no logro escuchar, los ignoro y sigo caminando.
En ese pasillo solo hay dos celdas la mía y no se quién está en la otra pero tiene que ser alguien muy peligroso. Todo es cerrado y no se puede ver el sol o la luna, a excepción de dos veces al mes que me sacan al patio con mas de quince guardias custodiándome, la razón de tanta protección es porqué estoy en clasificación A de los presos más peligrosos de Estados Unidos
Llegamos al área de visita y me espera el padre Gabriel sentado con su túnica negra, el rosario hasta el pecho y una biblia en la mano derecha, él es la única persona que me puede visitar y solo le dan un plazo de treinta minutos a veces.
—Padre—lo saludo con una reverencia mirándolo atreves del cristal que nos separa.
—Me declaro culpable, pido clemencia y perdón por mis pecados—recito la oración como cada mes y el se persigna—Me acerco a ti con absoluta confianza porque sé que tú prefieres la penitencia a la muerte del pecador—no pierdo contacto visual con él y sus ojos azules penetran lo más profundo de mi alma.
—A ti no te gusta ni la venganza ni el rencor, tu corazón es compasivo y misericordioso, y sé que sólo estás esperando a que tenga la humildad de reconocer mis pecados, arrepentirme y pedir perdón para desbordar la abundancia de tu misericordia—termino y solo quiero escuchar lo que tiene para decirme.
—Cuando confesamos nuestros pecados, Dios, fiel y justo, nos los perdona—habla y su voz gruesa inunda la pequeña sala, permanece en su semblante serio transmitiendo miradas cargadas de emociones que no se descifrar.
—Quítenle eso de la boca—les pide el padre a los guardias, refiriéndose a la mordaza que me cubre hasta la nariz y cuenta con tres espacios por donde puedo hablar y respirar.
—No padre, es parte del procedimiento—contesta el guardia moreno con seriedad y arrogancia.
—Quítenselo, yo me hago responsable quiero ver su rostro.
—No padre es una orden— el guardia sigue refutando.
—Estoy haciendo todo como ustedes han querido, está esposada, irá a juicio en unas horas miren lo delgada y débil que está que podría hacerme por Dios.
—Es una orden y punto—el guardia parece perder la paciencia mientras yo solo analizo la situación.
—Al menos déjenme a solas con ella, es una confesión— el padre por fin desiste.
—Queda bajo su responsabilidad padrecito—el moreno cierra la puerta y quedamos solos.
—Vamos a orar hija—Padre nuestro que estas en el cielo, santificado sea tu nombre—abre la biblia y me pasa un papel pequeño debajo del cristal con tres letras, rápidamente hago una que otra maniobras con las esposas y lo guardo en el bolsillo delantero de mi uniforme.
—Estamos siguiendo sus instrucciones al pie de la letra señora— el falso padre habla lo más bajo posible dándome información que no le pedí.
—¿Ya tienen a Enzo?— le pregunto esperando un sí como respuesta.
—No, pero les estamos pisando los talones— la decepción en su voz es triste.
—les di un mes para que lo encontraran, parece que ese traicionero les ha quedado grande—hablo lo más bajo que puedo pero mi sangre empieza a hervir—sabes muy bien que detesto que no cumplan cuando les doy una maldita orden.
—Las cosas se han salido de control señora, la DEA nos tiene acorralados, las mercancías no pueden salir ni entrar, desde que Enzo nos delato. Todo ha sido un caos. Estamos concentrados en su escape, todo tiene que salir perfecto, en dos hora es su juicio, mañana a esta hora estará libre, el trono espera a su reina con ansias.
—¿Qué has sabido de Angel?— Lo que más quiero es saber de mi hermano.
—Angel no ha salido de donde sea que esté escondido, los planes del escape nos lo ha informado por cartas con mensajes oculto que tenemos que quemar una vez leídas.— El padre habla y yo solo puedo reírme, un Hutson escondido como una rata, esperando a que su hermanita lo saque de su madriguera.
Quiero hablar pero el guardia entra y..
—Se acabó el tiempo—los guardias entran y me paran de la silla, ellos se ponen en posición de salida, agarrándome los brazos mientras nos dirigimos a la puerta.
No han pasado siquiera quince minutos—protesta el falso
padre.
—Dije que se acabó el tiempo, ¿está usted sordo padre?—El padre quiere volver a protestar pero asiento para que desista.
—Hijos recuerden, seamos benévolos con quienes nos han hecho daño, con quienes nos han ofendido, nos han traicionado y nos odian—habla y posa sus ojos azules en mi—Pues de otro modo no mereceremos que lo seas tú con nosotros.
Los guardias me llevan de vuelta al largo pasillo mientras pienso en todo lo que haré cuando salga de este maldito infierno. Y si padrecito, ten por seguro que no seré benevolente con nadie.
Disculpen si encuentran algunas faltas ortográficas, este es mi primera vez escribiendo en Wattpad y no tengo mucha experiencia..
Si les gusto este corto capítulo, voten y comenten.
Prometo que los demás capítulos serán más largos ❤️
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HUTSON
ActionMe hirió; me derrotó, me despojó... Mi corazón está lleno de rencor y en mi cabeza nunca cesa el odio. Elizabeth Hutson una hermosa y perversa maestra del crimen fue traicionada por el amor de su vida y a consecuencia de esto fue sentenciada a mue...
