No recuerdo donde estoy.
Es lo primero de lo que me doy cuenta en el momento que recupero un poco de lucidez.
Miro la botella de whiskey en mi mano y ya casi no tiene nada. Trato de recordar donde dejé mi coche pero no lo logro.
Reviso en el bolsillo de mi pantalón y saco mi celular, enfoco la pantalla con dificultad por la luz que me deja ciego y busco la ubicación del maldito coche y está justo enfrente de mi. Ahí es donde recuerdo que estoy afuera de un bar que encontré a quince minutos de mi apartamento.
Miro a mi alrededor y no hay nadie en la acera, todos están adentro del bar; me tambaleo de un lado a otro al intentar ponerme de pie y la vista se me nubla, todo se vuelve oscuro por un momento y siento como la botella que sostenía entre mis manos se cae y se rompe.
Vuelvo a mirar a mi alrededor y ahora hay dos personas besándose en una esquina algo oscura; todo me da vueltas así que decido entrar en el coche, al cerrar la puerta recargo la cabeza en el respaldo y me tallo la cara. Al mirarme en el retrovisor observo como mi cabello está despeinado y me roza las cejas, mis ojos están rojos e irritados así que trato de recomponerme para poder irme a casa.
Me duele demasiado la cabeza y mi vista está demasiado borrosa, así que no logro identificar que es lo que pasó.
Enfoco mi vista y es que veo los vidrios rotos encima de mi y en todo el resto del auto en el que iba manejando, mi desesperación crece al no escuchar la voz de Sol, como puedo miro hacía atrás y la veo con los ojos cerrados y con sangre en su cabeza.
Mi corazón late desbocado y la desesperación me invade al caer en cuenta lo que pasó y que puedo perder a mi hija si no actúo rápido. La presión que siento sobre mis piernas me impide moverme y la desesperación por salir y salvar a mi hija me gana y no pienso con claridad. Todo se oscurece de nuevo.
Despierto sudando con un dolor punzante en las sienes, el recuerdo y la culpa de lo que pasó, siempre me va a perseguir y no hay nada que yo pueda hacer para huir de todo el dolor que hay en mi, la culpa me carcome por ser un inútil que no pudo salvar a su hija.
Todo el mundo me dijo que no fue mi culpa, que guardara esos sentimientos que iban a terminar consumiéndome poco a poco como lo han hecho hasta ahora, pero se que si yo hubiese actuado mas rápido no hubiese perdido a mi única razón de vivir, el amor más puro que la vida me pudo ofrecer; nada me va a devolver a mi hija y sus recuerdos ya no me son suficientes para mantener la cordura.
El dolor que siento me está matando lentamente y así mismo me estoy matando yo.
***
El empiezo del amanecer se puede observar a través del gran ventanal de mi apartamento, estoy sentado en el sofá que está frente a este con la pierna derecha encima de la otra y la camisa blanca desabrochada cae a cada lado de mi cuerpo, escucho el teléfono fijo sonar pero lo ignoro y continuo admirando como transcurre el amanecer.
A las siete de la mañana me levanto del sofá y me dirijo al baño a tomar una ducha para despejar mi mente, los recuerdos del accidente nunca me abandonan y siento todo de una manera irreal; hacerme a la idea de que mi hija ya no está conmigo me parte el alma y todo me lástima, la idea de superar algo que fue mi culpa me hace pensar que no merezco paz ni amor de parte de nadie y mi única escapatoria es el alcohol.
Cuando termino de bañarme me enrollo una tolla a la altura de la cadera y me seco el pelo rizo con otra, abro la puerta del baño y salgo para ir a mi cuarto a cambiarme, me pongo un pantalón negro y una camisa negra simple.
El teléfono que está en la sala vuelve a sonar así que me dirijo hacía allá y contesto.
—Buenos días señor Lavek, su madre está aquí y quiere verlo— Me avisa el portero del edificio.
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Teen FictionLa vida nunca es como uno lo espera, todo cambia y se convierte en algo diferente a lo que nosotros pensamos. Pensamientos nuevos nos invaden con el paso del tiempo y nuestra percepción del tiempo y espacio se altera de una manera violenta al darnos...
