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Pov: Becky

—Hija, deberías ir a hablar con el príncipe Cooper. Creo que es momento de que se conozcan apropiadamente —dijo mi madre, con ese tono que no admitía réplica.

—Madre, ya he cumplido la mayoría de edad, pero aún creo que es demasiado pronto... Además, ha bebido demasiado vino.

—Precisamente por eso deben conocerse. Con más razón, Rebecca.

Con un suspiro, le arrebaté la copa que sostenía y la dejé en la mesa más cercana. Me giré para buscarla con la mirada, pero, como si fuera un susurro en la noche, ya había desaparecido entre los invitados, dejándome sola en la gran sala.

—Feliz cumpleaños, princesa —escuché una voz a mis espaldas. Al voltear, me encontré cara a cara con el príncipe Cooper, quien sostenía un enorme ramo de flores. —Tome, son para usted. Príncipe Christopher Cooper, a sus órdenes.

—Gracias, príncipe. Princesa Rebecca Armstrong, futura reina.

—Y mi futura esposa, en unión de nuestros reinos.

Le devolví la sonrisa, aunque forzada.

—No creo que sea necesario apresurarnos, príncipe. Y ahora, si me disculpa, me retiraré a mi habitación. Gracias por su asistencia.

Con una reverencia apenas esbozada, dejé el salón y me adentré en los fríos pasillos del castillo. Su grandeza siempre me había resultado intimidante: mármoles oscuros, cuadros con rostros solemnes, y techos tan altos que el eco de mis pasos parecía un recordatorio de mi soledad. La fiesta que habían organizado en mi honor no era más que otro recordatorio de que mi vida pronto ya no sería mía. A partir de ahora, cada paso que diera me acercaría a ese futuro impuesto, un matrimonio arreglado, tal como el de mi madre. Y no había nada que pudiera hacer para evitarlo.

Finalmente, llegué a mi puerta. Al abrirla, me envolvió la oscuridad. Caminé despacio hacia la ventana y corrí las gruesas cortinas para dejar entrar la luz de la luna. El cuarto se llenó de un resplandor plateado que iluminó mi rostro en el espejo al otro lado de la habitación. Me quedé allí, mirando mi reflejo, sintiendo el peso de mis responsabilidades como una sombra que nunca desaparecía.
En el fondo, deseaba que esta noche no fuera como todas las demás.

—¡Ahh! —grité, sintiendo cómo algo impactaba contra mí, haciéndome caer al suelo.

En un instante, mis manos quedaron atrapadas sobre mi cabeza, inmovilizadas contra el suelo helado. El pánico se apoderó de mí; imaginé lo peor, un asalto al castillo, tal vez alguien que buscaba lastimar a mi familia o a mí. Con esfuerzo, abrí los ojos y, al hacerlo, me encontré con su mirada. Esos ojos... eran intensos, llenos de un fuego oscuro que parecía hipnotizarme.

—Vaya, parece que la seguridad del castillo deja mucho que desear —dijo, esbozando una sonrisa victoriosa mientras se relamía los labios—. Acabo de encontrar mi cena.

El temor que había sentido se esfumó de golpe. En su lugar, algo más comenzó a surgir en mi interior. Ella... ella parecía un sueño, una aparición hermosa y peligrosa, demasiado perfecta para ser real. A medida que se inclinaba hacia mí, pude distinguir algo extraño en su boca: colmillos afilados, listos para morder.

¿Colmillos? No podía ser...

—¿Qué... qué eres? —murmuré, casi sin aliento.

Su sonrisa se desvaneció, y por un segundo, una expresión de desconcierto cruzó su rostro.

—¿No me tienes miedo? ¿No vas a gritar como una damisela en apuros, esperando que alguien te rescate? —preguntó, con una mezcla de incredulidad y diversión.

—Y-yo... yo solo quiero saber...

Aquel instante lo cambió todo. Desde esa noche, la soledad dejó de ser mi compañera constante. Nunca llegué a temerle realmente, y aunque sabía que estar cerca de ella era un riesgo, me aferré a cada oportunidad de permanecer a su lado. En el fondo, estaba segura de que ella también lo deseaba, aunque jamás lo admitiera.

Inefable | FreenBeckyStories to obsess over. Discover now