I La carta

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Leah Lehane.

Parpadeó y leyó una vez más las cuidadas letras en tinta verde de la carta. No había duda, se refería a ella. Pasó la mano por el suave papel del sobre sintiendo entre miedo y excitación. Temía que si se alegraba demasiado aquel regalo que parecía caído del cielo desapareciera en una nube de humo verde. Cuando deseas tanto algo y por fin lo consigues te da miedo que sea un sueño.

Alzó la vista hacia la pequeña cabaña medio derruida que tenía delante. El humo del desayuno salía por la negra y retorcida chimenea que coronaba un techo con tablillas de madera que habían sido colocadas hace varias décadas. Las paredes también habían vivido tiempos mejores. El musgo cubría la cara norte de la casa de piedra y se podían ver algunas piedras que antes habían formado parte de la fachada diseminadas por la hierba que crecía rebelde en el suelo. No era una casa moderna, ni estaba en perfecto estado, pero era a lo que había llamado hogar desde que empezó a ser consciente del mundo. Había dado sus primeros pasos en el huerto y sus primeras palabras fueron en el diminuto porche, o más bien tejadillo, que precedía a la entrada. Eran sus raíces, su esencia.

Leah emitió un breve suspiro y cerró los ojos.

"Todo irá bien".

Animada por sus pensamientos tomo aire y con actitud decidida entro en la casa.

Le recibió un ambiente cálido y hogareño, a pesar de la multitud de cachivaches y artilugios que había amontonados por toda la habitación. La casa era de una única planta, tanto el salón como la cocina eran abiertos y formaban la parte más amplia de la casa. En el centro de la estancia una chimenea rugía con un par de troncos ardiendo, frente a ella había un par de sillones orejeros de color púrpura y a los pies de ellos un perro de pelaje rojizo dormitaba bien pegado al fuego. En el lado sur había tres puertas rodeadas todas ellas de estanterías abarrotadas de libros, una llevaba a un diminuto sótano y las otras dos eran las habitaciones, ninguna especialmente grande, pero resultaban funcionales. En la pared notre había una única puerta, que llevaba al cuarto de baño, la parte más fría de la casa o del universo como solía decir Leah. Junto a dicha puerta estaba la cocina y en ella se podía ver a una mujer de pequeña estatura peleándose con un par de cazuelas de la noche anterior.

-Mamá...ha llegado el correo.

La mujer se volvió hacía su hija mientras se secaba las manos húmedas en el delantal que llevaba puesto. Su vestimenta podía parecer descuidada, ya que las prendas que lucía eran bastante viejas y ajadas, como si llevarán años con su portadora. El conjunto lo completaban unas gafas torcidas y pegadas con celo tras haber sufrido varios golpes a lo largo de la vida. Su pelo era castaño oscuro, ligeramente ondulado y sus ojos color miel. En su mirada se veía que había tenido un largo y tormentoso pasado.

-¿Algo interesante?- Dijo con voz cansada.

Leah alzó la carta para que su madre pudiera ver el sello de lacre escarlata con una característica H mayúscula. Su madre abrió mucho los ojos sorprendida con la revelación de la carta. En ellos se podía notar una mezcla de miedo y al mismo tiempo genuina emoción.

-Lo has logrado cariño...no puedo creer que haya llegado este día...¿A que esperas? ¡Ábrela!

El perro se sacudió y acudió junto a ellas moviendo la cola y alejándose de su lugar calentito en junto a la chimenea mientras Leah sostenía el sobre temblando. Una lágrima cayó por sus mejillas y negó con la cabeza.

-¡No puedo!- Respondió con amargura y acto seguido tiro el sobre al suelo echando a correr hasta su habitación cerrando la puerta de golpe.

Se dejó caer en su cama con una mezcla entre rabia y desesperación. Su habitación era pequeña, no más de dos metros de ancho yalgo más de largo. En aquel lugar estaban encajados como podían una cama un armario y un diminuto escritorio repleto de utensilios para dibujar y escribir. Frente a el una pequeña ventana iluminaba la pequeña estancia con la luz de la mañana. En las paredes podían verse dibujos a tinta tanto de paisajes como retratos de personas y animales. Y justo en el centro un dibujo de un escudo en el que aparecían un león, una serpiente, un águila y un tejón.

Su madre entró sin llamar. Leah tenía los ojos cerrados, pero sabía que llevaba la carta consigo.

-Vamos...tienen que ser buenas noticias...

-¿Y si es una carta de rechazo?

- Que tu padre y yo seamos Squib no significa que tengas que serlo tu también.- la puso la mano cariñosamente sobre el hombro a su hija.- Además, Hogwarts no envía cartas de rechazo Leah...

Abrió los ojos y se encontró con los de su madre. Ambas tenían el mismo color de ojos, todos se lo decían. Por primera vez en mucho tiempo vio un brillo de esperanza en los de su madre. Bajo la mirada hacía la carta y la tomo entre sus manos. Sus yemas rozaron el sello de lacre rojo y se detuvieron un segundo.

-Madre mía Leah, como tardes más en abrirlo te juro que lo haré yo por ti.

Una sonrisa apareció en su cara eliminando toda la tensión. Arrancó el lacre y desplegó la carta para leer:

Querida señorita Lehane:

Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios. Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.

Muy cordialmente,
Minerva McGonagall
Subdirectora

Pasó a la siguiente página y leyó con cuidado todo lo que debía de llevar para el primer curso y sintió como su corazón se iba acelerando. Era real, lo había conseguido.

-Mamá...

-Si cariño, lo has logrado.- Su madre la estrechó entre los brazos mientras lágrimas de alegría salían de lo más profundo de su interior.

Continuará...

Colmillo Y Garra (Gryffindor x Ravenclaw)Des histoires addictives. Découvrez maintenant