Capítulo 1

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Las puertas, son más complicadas de lo que las personas piensan, una puerta puede estar... abierta, o cerrada, si está cerrada, ¿hacia qué lado giraré la perilla? ¿Empujaré o estiraré la perilla? La romperé, cortaré o quizás la aplaste. A la hora de entrar, ¿Debo de mantener la puerta abierta o cerrada? Si la mantengo abierta quizás el propietario se asuste o se ofenda de que no la e cerrado, si la mantengo cerrada quizás se sienta incómodo por la privacidad sofocante, ¿y si el viento la cierra de golpe?

Parece una tontería, pero cada puerta es distinta, algunas están rasgadas, otras están ordenadas, algunas quizás sean reflectantes como espejos o trasparente como la ventana al alma.

Entrar en la habitación de cada uno es complicado, porque cada uno sella su puerta, cada uno la decora de una manera, cada uno tiene su forma distinta de hacer que las personas conversen con él.

Una puerta agrietada apareció enfrente mío, tenía una perilla pulida, ni un candado, pero la puerta estaba dañada, como si alguien hubiera entrado a la fuerza. Tomé con delicadeza la perilla, respire hondo mientras miraba los rasguños en esta, y entré girando la perilla hacia la derecha mientras empujaba levemente la puerta.

En la habitación solo pude ver a un chico, con suave pelo azul, decorado con un sombrero de un azul cielo y una cinta rosa que lo rodeaba con mimo, sus ojos carmesí expresaban confusión como si no hubiera esperado mi llegar; solo me quede allí, mirando su lindo vestido rosa que me recordaba a las nubes del atardecer posadas en el océano.

Entonces escuche como me llamaba y lo mire a los ojos, con cuidado cerré la puerta detrás mío y me acerque a su lado para admirarlo más de cerca. Su cara tenía dos pequeñas manecillas y con curiosidad las miré.

El contrario me miró con algo de incomodidad, pero no podía despegar su mirada de él al recordarme su aroma a las fragantes flores de mi difunta abuela.

Entonces, hizo un ruido que me sacó de mis pensamientos, mire mis manos que estaban levemente sudorosas y lo volví a mirar.

La habitación se decoró de un lindo paisaje. Cisnes nadando en un pequeño lago, árboles que saludaban con sus ramas gracias a la pequeña brisa y los colores del pasto me devolvieron a la verdadera habitación.

El chico me saludo algo incómodo por mi mirada y me dijo su nombre. ¿Tony? Un lindo nombre a mi parecer, corto, pero suave, me recordaba a la playa, simplemente maravilloso.

Me quedé callado, mientras lo observaba y con cuidado me aleje abriendo la puerta detrás de mí sin decir nada ni dirigirle la palabra a su llamado. Sin duda, quisiera volver a visitar esa puerta.

Las puertasStories to obsess over. Discover now