The end at last

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Un joven sentado en un sofá juega nerviosamente con sus manos sobre sus rodillas. Moviendo una de sus piernas rápidamente arriba y abajo. Respira profundamente tomándose de valor para las próximas palabras a formular.

“Está pasando nuevamente Doc. Sigo sintiendo esos deseos, quiero salir de ese camino pero no lo logro.” Termina de decir sin haber levantado su mirada durante su pequeño desahogo.

Levanta un poco su rostro para observar a la mujer sentada frente a él, un lapicero y libreta en mano. La mujer lo observó sin inmutarse y procedió a escribir en su libreta.

El joven se levantó abruptamente del sofá y comenzó a caminar de un lado a otro, el poco trecho que le permitía la angosta habitación.

“No logro entenderlo Doc, llevo años trabajando en mí para que vengan ellos a destruir lo poco que he logrado. ¡Cosas que ellos nunca me dieron! No les debo nada y aún así exigen todo de mí…” El joven hablaba sin tapujos, despojándose libremente de todo dolor trabado en su pecho.

“Ellos nunca se sentaron a educarme, prefirieron solo golpearme y dejarme la lección de que si volvía a hablar me iría peor. Ellos solo pensaban en como los vería el mundo o que pensaría Dios de tener un hijo como yo.” Río al final de manera irónica.

Dejando de caminar de un lado a otro el joven regresó al sofá y se sentó cabizbajo mientras soltaba un suspiro.

“Nunca tuve amigos verdaderos, conocí a muchas personas, ayude a tantos, pocos me ayudaron pero allí estuvieron, hasta que ya no más…”

Hubo un corto silencio dónde el joven apretó sus rodillas con sus manos que reposaban sobre ellas.

“¿Sabe lo doloroso que es oír hablar de amistades de años? ¿Sabe cuánto duele dar todo por personas que se olvidan de uno en cuanto pueden? Personas que no te buscan si no es por un favor, personas que no piensan estar ahí para ti aunque tú lo estés para ellos.” El joven volvió a reír irónicamente para luego suspirar, recostarse en el espaldar del sofá y mover sus manos a los apoya brazos del sofá. Levantó su mirada al techo y continuó hablando.

“¿Sabe lo patético que es olvidar su propio cumpleaños porque no tuviste amigos que te felicitaran o que tus padres no pudieron recordarlo? … Estuve para personas que no lo merecían, recuerda el incidente del chico que me hizo daño cierto? Me había enterado de que su abuelo había fallecido y aunque no estábamos en términos amigables le escribí, le dije que podría contar conmigo y yo estaría para él, le ofrecí mis condolencias. ¿Y como me salió eso? Él terminó difamando mi nombre con información falsa.” Narró inmutable y calmadamente.

“Antes estaba lleno de ira, quería destrozarlo todo, quería sacar todo esa ira dentro de mí. Intenté con deportes, intenté con el arte, intenté desahogandome con alguien, nuevamente, eso me llevó a peores.” Suspiró mientras cerraba sus ojos, retomó una posición recta en el sofá y coloco su cabeza entre sus manos.

“Ahora… Ahora solo soy un caparazón del hombre que alguna vez fuí. Cada día lucho por siquiera salir de la cama. Me esfuerzo por mantener una conversación y aún así me alejo de todas aquellas personas a quien quiero, porque se que ellos no me quieren a mí.” Pasó sus manos por su cabello hasta llegar a su cuello y dejar las manos allí. Levantó su mirada y observó a la Doctora, angustia decorando su rostro.

“No tengo fuerzas, no tengo deseos, no tengo nada, siempre fui nada Doc ¿Qué debo hacer?”

La Doctora lo observó, sonrió de medio lado, dejando la libreta en sus piernas usó su mano derecha para tomar algo en el suelo a un lado de su silla. Tomó el objeto y lo dejó en la mesa que los separaba a ambos.

En la mesa se podría observar una soga amarilla, destacando entre el marrón opaco de dicha mesa. El joven acercó su mano izquierda a la soga, posandola suavemente en ella, la doctora posó la misma mano con la que acercó la soga a la mesa encima de la del jóven.
El jóven observó la soga por un par de segundos para luego levantar su mirada hacia la doctora.

“Luego de tantos intentos fallidos lo haré nuevamente… Este será el último intento ¿cierto?”

La doctora le sonrió y asintió afirmativamente.

El jóven bajó el rostro nuevamente, suspiró y murmuró
“Tal vez así esté todo mejor”

Tomó la soga con ambas manos, se levantó y al salir de la habitación, la silla donde estaba sentada la doctora se encontraba vacía, el lapicero y la libreta estaban situados en la mesa, la libreta tenía algo escrito, se podía leer vagamente “LO INTENTÉ, JURO QUE LO HICE… NO PUEDO MÁS, LO SIENTO.”

El jóven tomó una silla del comedor, subió a ella, ató la soga al techo y suavemente pasó la cuerda por su cabeza.

Apretó el nudo, cerró los ojos y pateó la silla. Su cuerpo luchó y se movió, agitándose en desesperación, luego de un corto momento quedó inserte. La casa totalmente en silencio, la luz encendida haciendo que su sombra resaltara en la pared.

Cercano se escucha el motor de un auto apagándose, dos puertas siendo azotadas y dos voces discutiendo entre si, una femenina y la otra masculina. Se logra escuchar las llaves sonando entre sí al ser insertadas en el pórtico.

El sonido de la puerta siendo abierta fue lo último que se logró escuchar, siendo precedido por un grito de dolor y perdida…

The end at lastWhere stories live. Discover now