Lo último que vería Karen frente a ella serían unos ojos llameantes de odio y un rostro consumido por una mueca de rencor. Después, un rayo metálico cruzando el breve espacio entre ella y su oponente. Intentó gritar algo como un 'no' pero era ya demasiado tarde, su voz se evaporó en el aire fresco de la mañana. Solo a duras penas entreabrir los labios y exhalar su último aliento entrecortado, mientras el punzante estilete de refulgente acero, suavemente pulido, penetraba con mortal facilidad en su pecho y atravesaba su corazón sin piedad.
Moriría así, de un seco golpe preciso, sintiendo el agudo dolor de la punzada en su corazón, pensando en ese último instante que amaba la vida, que no creía, como nunca creen las víctimas de asesinato, que la persona que tenía delante realmente iba a matarla en serio, que había sido hermoso vivir y que la hierba estaba tan verde aquel día, el cielo maravillosamente azul, y la esperanza del sol radiante fue su último pensamiento.
Una marea de oscuridad inundó su mente y se sintió desvanecer, apagarse como un televisor. Se vio a sí misma derrumbada sobre el retrete y acto seguido ya caminando fuera, en el amplio vestíbulo. Las cosas que vería a partir de ese momento ya no pertenecían a este mundo.
No pudo sentir cómo la persona que la había asesinado le rasgaba la blusa y desordenaba su ropa, le bajaba las ajustadas mallas y la rompía las bragas que quedaron enrolladas en sus piernas componiendo un cuadro fácil de interpretar.
Sigilosamente, alguien salió aquella mañana del retrete, cruzó con calma el vestíbulo con silenciosos pasos de felino y salió del edificio. Nadie vio nada, nadie oyó nada en aquella mañana gris y húmeda en la que todo el mundo estaba tan ocupado en sus tareas diarias, en el frenesí de los exámenes finales y cierres de evaluación, en el proceso de datos y el registro de matriculaciones.
Fue Natalia la que poco después descubriría el cuerpo de Karen, sentado en el retrete, con los ojos abiertos y vidriosos mirando desesperadamente al frente, la boca entreabierta y los senos a la vista con la blusa a medio quitar, rasgada y violentamente arrastrada bajo sus hombros, manchada de sangre que había manado abundante, color escarlata como una ratafía por la profunda y precisa herida a la altura de su corazón.
Natalia lanzó un grito tremendo y aturdida, casi mareada tras la impresión que había recibido, salió dando tumbos al vestíbulo, como si estuviera borracha, con todo dándole vueltas a su alrededor. Gritó y gritó pidiendo socorro, inmediatamente apareció Oliveira el conserje, y una de las administrativas de Secretaría, y en pocos minutos el jaleo era monumental; Natalia gritaba histérica, fuera de sí, señalando la puerta del retrete de chicas.
Rápidamente acudieron los directivos del centro que mandaron cerrar el retrete con llave mientras se avisaba a la policía que no tardó en llegar.
Se acordonó la zona, se tomaron muestras, se formó el tumulto habitual cuando ocurren este tipo de acontecimientos. La multitud de alumnos esperaban afuera, prohibida absolutamente la entrada al centro durante todo el día mientras la policía, forenses y demás personal autorizado hacía su trabajo, recogían cualquier mínima muestra que pudiera facilitar una pista, interrogaban al personal, primero por supuesto a Natalia y acto seguido a los que por su trabajo habían estado más cerca del lugar del crimen y finalmente a los demás profesores y alumnos del entorno de la desdichada Karen.
Llegó una ambulancia; también como es lo legal en estos casos, un juez que tras un tiempo razonable en el que la policía trabajó febrilmente, ordenó el levantamiento del cadáver y su traslado al Forense donde sería sometido a la inevitable autopsia.
Aún se mantuvo acordonada la zona, no mucho tiempo. La letrina donde fue encontrada Karen, eso sí, permaneció permanentemente cerrada y sellada hasta nueva orden.
Una o dos semanas después ya nadie hablaba del suceso. Y eso fue todo. Nadie en el centro, ni siquiera el director, recibió nunca ninguna aclaración o noticias sobre la marcha de la investigación, si es que había alguna. Todo quedaba tras la opacidad de la policía y el sistema judicial.
PD:
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La vida secreta de Elektra Nelken
Misterio / SuspensoUn crimen. Una Politécnica. Secretos.Traiciones. Para Elektra lo más importante será descubrir quién asesino a su hermana pero no todo es lo que parece. Una atracción incontenible surgirá entre los protagonistas, pero un pasado turbio se interpondr...
