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Muchas veces solemos callar muchos pensamientos y sentimientos solo porque los creemos incorrectos. Pretendemos agradar a todos en silencio, con sonrisas y bondad pero, entonces, nos perdemos a nosotros mismos y ya no sabemos cuáles son las cosas que nos gustan, qué es lo que realmente sentimos o queremos. Todo se vuelve una farsa que no puedes detener y llega el momento en que te preguntas ¿Quién soy yo realmente? ¿Quién es esa cuya imagen me muestra el espejo? ¿Cuál es la realidad luego de la mentira? Es ahí cuando lo entiendes, te perdiste, hace tiempo que lo hiciste pero ya no hay manera alguna de dar un paso al frente pues el camino se ha borrado. Caminando a ciegas, te internaste en la oscuridad. Cegada por tu "obligación" de ser aquel ser perfecto que todos esperan, te descubres sin conocerte. Eres un producto de esta sociedad que te ha obligado a guardar silencio, a ocultar las lágrimas, a callar los sentimientos y a enterrar las emociones. Con una sonrisa en el rostro aceptas todo, puesto que es lo único que sabes hacer. Te ahogas en los dolores de tu interior pero nadie lo nota, nadie acude a los pedidos de ayuda de tus ojos y te preguntas por qué. Tal vez sea porque tú misma te has creído esa farsa en la que te encuentras.

Nunca supiste cómo apagar tus emociones de modo que puedas sonreír sin sentir dolor alguno y, ahora, mientras más sonríes, más te duele. Porque eso sucede, te duele. Y sientes que todo se vuelve una pesadilla pero no recuerdas el momento en el que te dormiste, te niegas a aceptar que estás despierta. No quieres hacerlo porque eso implicaría aceptar una nueva derrota y sabes que aún no te has logrado recomponer de la última.

Entre todas las cosas que suceden a tu alrededor, sientes el deseo de desconectarte y encontrarle el botón de suspensión a la vida. Necesitas un respiro de la presión constante, de las lágrimas acumulándose en tus ojos a la vez que te niegas rotundamente a dejarlas salir por miedo a que te juzguen. Pero, entre tanta aflicción, no te sientes capaz de detenerte. Piensas que si no sigues colocando un pie delante del otro podrías tropezar y caer de la cornisa entre esa realidad en la que te han creado bajo sus prejuicios y conveniencias y la desconocida tierra donde está oculta quien realmente eres. El temor no deja de perseguirte y cada vez te encuentras menos estable pero callas. No hay mano que te sostenga porque tus pedidos de auxilio no son escuchados, no hay forma de detenerse porque le temes a lo que podría suceder, no sabes que hacer porque ellos jamás te enseñaron a sobrevivir, solo te enseñaron a ser quien ellos querían que fueras y tú, encerrada en esa bola de cristal comienzas a ver las grietas y, lo único que logras sentir es miedo y descubres que es tu primer sentimiento real, entonces sonríes, lo ocultas porque te han dicho que eso era lo correcto.

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