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Lucia Galán.

Desde que tengo memoria ha sido él.

Joaquín Cuervo, un amigo de mi prima, que con el tiempo, a mis 12 años se volvió mi mejor amigo, siendo él bastante más grande que yo.

A él le cuento todo, excepto el amor que le tengo y lo mucho que me gusta desde hace años.

Hoy tengo 20 años y él 26.

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A la una am la música estaba sonando, todos nuestros amigos estaban bebiendo, bailando y festejando porque se había ido otro año. Ya había abrazado a todos, excepto a una persona; mi mejor amigo.

Aún lo estaba buscando, pero no lo veía, así que decidí acercarme a mi prima. —Alicia, ¿Has visto a Joaquín?— hablé fuerte y cerca de su oído para que me entendiera.

—No, Lu. No lo he visto desde antes de las doce.— me contestó de igual manera, yéndose a bailar con un amigo.

¿Dónde se habrá metido?

Algo abrumada, opté por salir de la casa y tomar un poco de aire lo más lejos del bullicio posible.

Salí, cerré la puerta e hice una gran inhalación del aire fresco que había, al mirar hacia mi lado derecho vi a quien había estado buscando.

Estaba apoyado en la pared, mirando el cielo, dándole una calada a su cigarrillo.

—Joa, ¿Qué haces acá? Te estuve buscando.

—Quería iniciar el año reflexionando, nada más.— entonces me dirigió la mirada y me recorrió completamente con sus ojos. —Lamento si te asusté.

—Está bien, ¿No entrarás de nuevo a la fiesta?

—En un rato más quizá.— me acerqué a él y me apoyé en la pared a su lado.

Cuando iba a devolver el cigarro a sus labios yo lo tomé y lo probé, dejé salir el humo lentamente y miré a mi amigo.
—Deberías dejar está basura.— lo tiré al suelo y lo pisé para apagarlo —Sos mala influencia para mí.

—Ja, mirá quién habla, vos no te quedas atrás.— dijo con una sonrisa, cruzándose de brazos.

Solo me pude reír un poco, él sabe cosas.

—Luchi,— llamó mi atención y lo miré. —Feliz año nuevo.— sonrió y se acercó a abrazarme.

Le correspondí el abrazo y el saludo. —Feliz año, Joa. —lo abracé por la cintura y me recargué en su pecho. Me dio un beso en la frente y se separó de mi.

—¿Entramos?— preguntó y yo asentí.

Una vez adentro se nos acercó Viviana, su novia desde que tengo memoria. —¡Chicos! Ahí están.— nos pasó una copa de champán a cada uno y se abrazó a Joaquín. —¿Todo bien, mi amor? Te noto extraño.

—Estoy bien, linda. No es nada.

—¿Seguro, Joa?— intervine yo, pues estaba de acuerdo con Vivi.

—Estoy bien, solo estaba un poco agobiado por el ruido, nada más. No se preocupen.— tomó a Viviana de la mano y la invitó a bailar.

Se fueron de mi lado, y me quedé mirándolos un segundo, hasta que apareció Patricia. —¿Algún día se lo dirás?— ella sabía lo que me pasa con Joaquín.

—Míralo, Pato. Está muy feliz con Viviana y se ve que está bien con nuestra amistad, ¿Para que arruinar sus relaciones?— me abrazó por los hombros y yo me apoyé en el suyo. —Además, yo estoy muy bien con Alberto, también.

—Pff... Si vos decís...

Entonces llegó Alberto. —¿Cómo lo estás pasando, mi vida?

Me robó un beso. —Estoy muy bien, pero algo aburrida.

—Ah... Pero eso se soluciona.

Me tomó de la mano y me hizo girar al ritmo de la música. —¿Querés bailar?

Me reí y acepté. No era mentira lo que le había dicho a Patricia, Alberto es una persona maravillosa con muy buen sentido del humor y sabe hacerme sentir bien. Está enamorado de mi, y yo aún intento enamorarme de él.

Bailamos casi una hora, junto a todos los demás.

Estábamos todos bastante cansados así que fuimos a la sala de la casa, éramos más o menos 15 chicos. Seguimos bebiendo y hablando entre todos, riéndonos en un ambiente muy ameno.

Ya eran cerca de las cuatro de la mañana y empezaron a chapar entre amigos, y cada pareja respectivamente.

Yo estaba sentada en las piernas de Alberto, comiéndonos la boca, con ganas de más. Al igual que varios de ahí.

De reojo noté que Joaquín y Viviana también estaban como nosotros. Vi que mi amigo y su pareja estaban casi totalmente recostados en el sofá, besándose, más que acaramelados.

Volví a mi realidad y fui besando el cuello de mi novio, en un leve gemido solté una propuesta en su oído. —¿Vamos arriba?

Alberto asintió y nos retiramos de ahí sigilosamente. Llegamos besándonos al pasillo de los cuartos, que ya habían dos ocupados.

Entramos al primero que vimos vacío, nos desnudamos y entre besos y caricias ya estábamos unidos íntimamente, otra de las cualidades de Alberto es lo bueno que es en la cama. Suena feo, pero así es, y me ayuda a olvidar.

Estuvimos media hora y me hizo llegar al orgasmo justo después que él, nos acomodamos y dormimos hasta la mañana.

Nos despertamos casi a las once, el sol ya entraba por la ventana, nos saludamos solo con un pico y comenzamos a vestirnos para bajar a comer.

Nos dimos cuenta que en la casa solo quedábamos Patricia, Alicia, Joaquín, Viviana, Alberto y yo.

—Buenos días.— saludaron al unísono mi amiga y mi prima que estaban preparando el desayuno para todos.

Alberto y yo les contestamos y nos sentamos, al rato llego la otra pareja y nos imitaron, los cuatro estábamos con un notable dolor de cabeza, así que la dueña de casa (mi prima) nos fue a buscar una Aspirina a cada uno y agua.

Entre todos dejamos ordenado y limpio, tal como estaba antes de la fiesta y luego de eso nos fuimos, excepto Patricia.

Joa se fue a su casa con Viviana y Alberto me invitó a almorzar a su departamento.

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Holaa, bueno para variar se me fue la hora, pero aquí les dejo esto para que me digan que onda.

Lxs amo.

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Dos buenos Amigos.Stories to obsess over. Discover now