하나

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Era día de entrega de calificaciones. Hueningkai permanecía de pie frente a la hoja pegada en el tablón, siguiendo la lista de nombres con la yema de su dedo índice, bajando poco a poco hasta detenerse en el suyo. Tragó saliva antes de fijar la mirada en las cifras. Casi todas eran dieces y nueves, salvo una. Matemáticas: cinco.

Odiaba esa materia. No importaba cuánto se esforzara, siempre terminaba reprobando. Suspiró con fuerza y metió las manos en el bolsillo de su sudadera, resignado a marcharse. El simple pensamiento de llegar a casa y enfrentar a sus padres le revolvía el estómago, otra vez tendría que presentar examen de segunda, fallar, pasar a tercera y, al final, ser arrastrado con un siete por lástima. Con pasos pesados se dirigió a la cafetería. Sus dos mejores amigos lo esperaban ya con sus charolas a medio comer, sonrientes tras haber sacado nueve en matemáticas. En contraste, él no tenía apetito alguno; la desvelada estudiando hasta las tres de la mañana no había servido de nada. Apenas se dejó caer en la silla frente a ellos, Yeonjun y Soobin entendieron lo que había ocurrido.

—Entonces... ¿cómo le dirás a tus padres? —preguntó Yeonjun con cautela.

Hueningkai soltó un suspiro largo y apoyó la frente en la mesa.

—No tengo idea...

—¿Estudiaste? —insistió Soobin.

—Hasta las tres de la mañana.

—¿Y entregaste las actividades?

—Cada una. En la libreta, en el libro... todo.

Soobin frunció el ceño, pensativo.

—Entonces el profesor tiene algo contra ti. Ve con él y pídele ayuda.

—Yeonjun levantó la vista, sorprendido—¿Estás loco? ¿Acaso no sabes lo que pasó con Lia

—Hueningkai parpadeó, confuso—¿Quién es Lia?

—La capitana de porristas —explicó Soobin, bajando la voz y mirando a los lados antes de inclinarse hacia ellos—. También era pésima en matemáticas. Fue a pedirle ayuda al profesor Kang y... terminó teniendo relaciones con él para que le subiera la calificación.

—¿Q-qué...? —Hueningkai se enderezó de golpe.

—Eso es absurdo —replicó Yeonjun con el ceño fruncido—. ¿Cómo demonios un profesor haría algo así?

—Es joven, guapo y sin pareja —respondió Soobin con un deje de desprecio—. Es obvio que se aprovecha de quien puede.

—Es una estupidez —bufó Yeonjun, volviendo a darle un mordisco a su hotdog.

—Créeme, es verdad —sentenció Soobin, mirando de nuevo a Hueningkai—. No le pidas ayuda al profesor Kang. Mejor pasa a segunda y tercera hasta que el profesor Kim te pase por lástima.

—Hueningkai asintió débilmente—Gracias, Soobin.

—No hay de qué —sonrió su amigo—. ¿No vas a comer?

—No tengo hambre. Iré al baño.

Se levantó sin mirar atrás. Apenas desapareció entre la multitud, Yeonjun le dio un codazo a Soobin.

—Muy amable de tu parte —le reprochó con fastidio.

—Soobin lo miró, ofendido—Sólo dije la verdad. Él sabe que no quise hacerlo sentir mal.

—Pues lo lograste, idiota.

❝ ❞

Hueningkai se había refugiado en uno de los cubículos del baño, con el cuerpo encogido sobre el pupitre como si intentara hacerse invisible. El estrés lo estaba devorando por dentro, y cada segundo que pasaba sentía más difícil contener las lágrimas que querían escapar. No quería volver a casa. No quería enfrentarse a la mirada fría de sus padres, ni al castigo que lo esperaba. Sabía que esta vez no se limitarían a quitarle las consolas o prohibirle salir con sus amigos. Recordaba demasiado bien aquella advertencia, lanzada como una sentencia:

"Si repruebas una vez más matemáticas, te juro que golpearé tus manos con una regla, tal y como tu abuelo lo hacía."

Un escalofrío lo recorrió. Odiaba a su abuelo. Odiaba esa regla de madera que siempre llevaba consigo como si fuese parte de su cuerpo. Nadie nunca entendió por qué la cargaba a todas partes. Ni siquiera su abuela tenía la respuesta. Era como si aquel objeto fuese más que un simple instrumento de castigo como si escondiera algo. A Hueningkai lo había golpeado varias veces con ella, cuando rompió la maceta, cuando manchó de espagueti su camisa blanca, cuando se atrevió a jugar bajo la lluvia y regresó con los pies enlodados. Cada azote no solo le dolía en la piel, sino en el alma. Su familia entera parecía hecha de esa misma madera fría y rígida, dura, inflexible, incapaz de ofrecer ternura. Nunca lo dejaron correr bajo la tormenta, ni reír empapado en los charcos, ni equivocarse sin recibir reproches. Y, por más que se esforzara, jamás lo habían mirado con orgullo.

Las lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas. Se deslizaron hasta su barbilla y cayeron en silencio, como gotas pesadas que lo hundían más en su miseria. Hueningkai se recargó contra el retrete, cerrando los ojos con un suspiro quebrado. Quería despertar de esa pesadilla. Soñaba con abrirlos y descubrir que sus calificaciones eran perfectas, que sus padres por fin sonreían satisfechos, que todo lo gris había desaparecido. Pero no. La realidad era cruel, y él estaba atrapado en ella. Fue entonces cuando voces masculinas interrumpieron su aislamiento.

—¿Supiste lo que le pasó a Lia? —preguntó uno.

—¿Que se acostó otra vez con el profesor Kang? —contestó el otro, sorprendido.

—Sí. Es increíble cómo siempre ocurre justo en la entrega de calificaciones.

—Creí que solo lo hacía cuando reprobaba.

—Ella nunca pasa matemáticas. Por eso... ya sabes.

—una risa corta, resonó en el eco del baño—Qué suerte la de ella. Lástima que nosotros no podemos hacer lo mismo.

—¿Seguro? —replicó el otro en voz baja—. Escuché que Beomgyu también... bueno... que se mete con Kang.

—¿¡Beomgyu!? ¡Pero si es el mejor del curso! ¿Por qué...?

—Puntos extra, supongo.

El silencio que siguió fue incómodo, hasta que uno suspiró con nerviosismo.

—Yo prefiero reprobar mil veces antes que entregar mi cuerpo a un profesor.

—Igual.

Los pasos se alejaron y la puerta del baño se cerró con un chirrido, dejando un eco que retumbó en la soledad de Hueningkai. Él se quedó inmóvil, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Los rumores sobre Kang siempre le habían parecido estupideces. Pero escuchar esos nombres, esas historias, de labios de su propio círculo algo dentro de él se quebró.

¿Sería verdad? ¿Hasta dónde llegaba el poder de ese profesor?

El timbre sonó, arrancándolo de sus pensamientos. Se levantó tambaleante y salió al pasillo. Mientras caminaba hacia su salón, lo vio. El profesor Kang emergía de la sala de maestros con un café en la mano y un maletín negro en la otra. Vestido, como siempre, de blanco y negro. Impecable. Misterioso. Intimidante. Hueningkai se detuvo en seco. Sus ojos lo siguieron mientras levantaba el vaso de café y la manzana de Adán se movía al tragar. Justo entonces, como si lo hubiera presentido, Kang giró el rostro. Sus miradas se encontraron. El corazón de Hueningkai se detuvo un instante. Tragó saliva, con las mejillas ardiendo, y se obligó a entrar al salón. Se dejó caer en su asiento, ocultando la cara entre sus manos.

Kang era raro.
Kang era peligroso.
Y, al mismo tiempo... terriblemente atractivo.

Mr. Kang - Tyunning Two ShotsStories to obsess over. Discover now