Inspiro y expiro el humo del cigarro mientras miro al techo de mi habitación, tumbada boca arriba en la cama. Todo a mi alrededor está gris, apenas puedo verme los dedos de los pies, pero no me importa. Ya casi nada me importa.
Llevo días así. Sin salir de casa, en mi habitación, fumando y saliendo solo a comer. Y sé que el tabaco no me va a curar, ni siquiera va a hacerme sentir mejor, y la verdad es que no había fumado nunca.
Hasta ahora.
Desde que se fue, todo está siendo una gran puta mierda. Y eso de ‘nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes’ es mentira. Totalmente mentira. Yo sabía perfectamente lo que tenía, no me hacía falta perderlo.
Son las 14:15, hora de comer. Así que doy la última calada al cigarro antes de apagarlo y me desperezo en mi cama. Sé que no puedo seguir así toda mi vida. Aunque si fuera por mí, seguiría así sin dudarlo.
Salgo de mi habitación arrastrando los pies, y me miro en el primer espejo que veo. Doy asco. Llevo una semana entera sin meterme a la ducha, con el pijama puesto y sin peinarme ni lavarme el pelo, aunque tampoco tengo intención de hacerlo. Hago una mueca y sigo mi camino hacia la cocina.
Y ahí está mi madre. Al verme, pone la misma mueca que he puesto yo cuando me he mirado al espejo. Y no la culpo. Pero me da tan igual todo, que no pienso preocuparme de mi aspecto exterior. De nada me sirve parecer que estoy viva por fuera, cuando estoy muerta por dentro, así que, ¿para qué molestarme? Haré de mi habitación la República Independiente de Alice, construiré un baño para no tener necesidad de salir y llamaré todos los días a la pizzería de al lado para que me pasen la comida por la ventana. Así tendré toda mi vida para estar lamentándome y comer pizza sin parar. Me gusta el plan.
-Ali, cariño…-empieza mi madre, como todos los días, pero se calla, como todos los días, porque no sabe cómo seguir. No sabe cómo consolarme. Normal.
Yo no digo ni una palabra. Desde que pasó, no he hablado. No lloro porque ya no me quedan lágrimas, que quede claro.
Llevar un año y medio con tu novio y que se muera por un puñetero accidente no es una cosa que se supere rápido, y menos si tú también te viste implicada en aquel accidente y que él se muera y tú sigas vivita y coleando, cuando deberías estar muerta…
Así debería estar. Muerta, con él. Y no aquí, pasándolo de culo, sin salir de casa, sin poder sacarme de la cabeza las horas antes del accidente, cuando estábamos felices, riéndonos y diciéndonos que nos queríamos.
Jode.
Mucho.
Y duele.
Todavía más.
Cojo una de las tortitas que ha dejado mi madre sobre la mesa y me dirijo a mi cuarto de nuevo. Cierro la puerta tras de mí y me siento en la cama.
Doy un mordisco a la tortita mientras miro por el rabillo del ojo mi móvil apoyado sobre la mesilla. Llevo sin encenderlo desde que pasó lo del accidente, y la verdad es que no tengo intención de hacerlo. Fui al funeral de Alex, así que la gente ya debe saber que estoy viva, que yo sobreviví y él murió, así que, ¿para qué encender el móvil y dar noticias de vida cuando la gente ya sabe que lo estoy? además, encenderlo solo me hará ponerme a llorar, ya que seguiré teniéndole como primer contacto de whatsapp, no podré evitar leer conversaciones antiguas y ¡pum! A llorar.
Y paso.
Aunque una vocecilla en mi cabeza me dice ‘enciéndelo, enciéndelo’. Intento reprimir aquel impulso y me tranquilizo.
Como no tengo otra cosa mejor que hacer, decido meterme de nuevo en la cama y dormir un poco.
Se ríe tras mi chiste malo. Y qué risa, cuánto la echaba de menos. Estamos en mi habitación, sentados en mi cama, bromeando y riéndonos, como casi todos los sábados a la tarde. Vivir en Miami no es una cosa muy agradable, y menos en verano, más que nada porque hace tantísimo calor que no se puede pisar la calle si no quieres terminar más rojo que un tomate, así que Alex y yo nos pasamos casi todas las tardes en mi casa, con el aire acondicionado.
-¿No te sabes chistes buenos?-dice, con su ronca y dulce voz.
-Como no quieras contarme tú uno bueno…-le contesto, con sorna. Sé de sobra que no se sabe ningún chiste, y en caso afirmativo, serían peores que los míos.
-¿Sabes? De tanto escuchar chistes malos me ha entrado hambre.
-¿Vamos a la pizzería de enfrente? Hacen unas pizzas buenísimas, está comprobado-digo, rozándome la tripa, lo cual provoca una sonrisa en su cara y que me bese.
Me encanta cuando me besa. Me hace sentir la chica más afortunada del mundo. De hecho, lo soy.
-Esa pizzería ya la tenemos muy vista. Sé de una que está en un cruce de carreteras a unos pocos kilómetros saliendo de Miami, unos 5. ¿Te hace?
-¿Has traído la moto?-le pregunto.
-Claro, como siempre.
Nos levantamos de la cama y me pongo unas sandalias, mientras él recoge sus cosas. Me miro al espejo, me hago una coleta rápida y salimos de casa.
Me ofrece su casco mientras él se sienta de piloto. Yo me abrocho el casco y me siento detrás de él, pero al ver que él no se pone el suyo, le pregunto.
-¿Y tu casco?
-Lo llevas puesto. He olvidado traer dos, pero tranquila, te dejo el mío.
-No, no. Tienes que llevar casco, Alex, ¿y si pasa algo?
-Tranqui, Ali, que controlo-me tranquiliza, dándome un piquito rápido.
Arranca la moto y nos ponemos en marcha, cuando de repente el cielo se va nublando y empiezan a caer gotitas. Tormenta de verano.
Ya hemos salido de Miami y vamos por la carretera. La lluvia cae en demasiada cantidad y Alex empieza a zigzaguear con la moto. No ve bien a causa de la lluvia, y siento su nerviosismo.
-Cariño, ¿vas bien?-digo, alzando un poco la voz para hacerme oír sobre el ruido del motor.
-Sí, tranquil…
-¡ALEX! ¡CUIDADO!-grito, cuando veo que ha salido un cervatillo a la carretera, interponiéndonos el paso.
Alex tarda demasiado en reaccionar y, para cuando quiero darme cuenta, la moto resbala sobre el asfalto mojado, chocando contra el cervatillo y lanzándonos a Alex y a mí por los aires. Chocamos de cabeza contra un árbol, aunque yo me golpeo en la espalda contra una roca al caer. Lo último que puedo ver antes de desmayarme es a Alex en el suelo, con la cabeza abierta por la mitad a causa del golpe contra el árbol, desangrado, muerto.
ESTÁS LEYENDO
PERDIDA
Teen Fiction¿Que pasaría si toda tu vida se desmoronase en cuestion de segundos?¿Y si eres la única superviviente del accidente? Alex. Muerto. Alice. Destrozada. ¿Pizza? Sí, gracias. ¿Qué hacer cuando no se puede hacer nada? ¿Es todo un juego del destino?
