Una mañana acogedora entre las calles de Iberville Street. Los primeros rayos del sol se hacían lentamente presente iluminando con resplandor el cielo, la cual a primera vista, se veía clara y despejada cuyos tonos eran magníficos, como cuál mano de un pintor hiciese de cumplir su trabajo mostrando aquella obra maestra.
La gente andaba caminando por doquier, y un niño que ni apenas llegaba a las doce estaba al lado de un quiosco vendiendo periódicos a la vez que decía en voz alta: «extra!!! extra!!!... Detienen al sospechoso asesino del hacha!!! extra!!! extra!!! ». Tenía su brazo alzada sosteniendo con su mano el periodico y las demás andaban agrupadas debajo de su otro brazo, y otro jovencito que, por observación, metía ágilmente su mano en el interior del bolsillo de la chaqueta de un señor que ni siquiera se daba cuenta del robo que le hizo. Por lo visto, estaba ebrio y disimuladamente aquel niño se fue como si nada hubiese pasado.
Algunas damas se encontraban reunidas en la otra acera al lado de una panadería, donde sacaba desde el interior de una bolsa algún tipo de saco y sosteniendo entre sus manos que, intuitivamente, debía ser algún trueque que hacían entre ellas y de cuando en cuando algunas tiendas se encontraban abriéndose a tal hora donde los dueños giraban sus carteles de aviso de "cerrado" A "abierto".
Varios hombres andaban sentados afuera de una cafetería manteniendo una conversación agradable acompañado de una taza de café; otros permanecían leyendo periódicos abrazados por el calor del sol.
Seguido por unos pasos apresurados cada vez presente a pesar que andaba cortando caminos para ir directamente hacia la estación de radio, Por desgracia, me había sobrepasado la parada ganándome unas caminatas extras.
Cruzando la calle y sin ver ambos lados donde mantenía mi mente de los pocos minutos que me quedaba. Me maldecí dentro de mí mismo del por qué no baje a tiempo en la parada y quizás, debía ser porque me deje llevar por alguna absurda imaginaciones mía durante el recorrido en el tranvía, y sin tener precaución, de lejos, la aparición de un auto con aceleración y pitando a la vez emitiendo aquel ruido en donde me percaté a tiempo hasta que me detuve estando en medio de la vía. Entré en un estado inmóvil sin siquiera mover un solo dedo. Sin embargo, este cruzó de largo desviando. Por desgracia, casi me atropella.
Idiota!!! Quítate de allí !!! – gritó
Recibí insultos por parte del conductor que se asomó por la ventana después a pesar que conducía pésimamente.
Solo lo ignore por completo encogiendo mis hombros al tiempo que torcí mis ojos y luego solté un suspiro, pero entonces, sentí que mi cuerpo entró en una situación de alivio por completo de que no me llevó; suerte de la vida, suerte de haber tocado la lotería.
Estando en la otra acera tenía una de mis manos ajustando un poco mi corbata mientras seguía andando en mi caminata, sin embargo, me detuve por solo unos segundos nada más por verme en el reflejo del vidrio de un coche estacionado peinando un poco mi cabello hacia un lado.
El destello solar era como cualquier tratamiento de ánimo de seguir, sosteniendo mi bolso, andaba cada vez apurado y viendo la hora del reloj de mi muñeca izquierda puesta; tenía tres minutos. A tiempo después y finalmente me dirigí logrando entrar a mi trabajo sin saludar a nadie y veía de reojo a mis compañeros en una esquina hablando entre ellos pero luego, comencé a rogar por mí mismo que no me viera ni siquiera que me nombrará, quizás ese efecto cumplió a pesar que cruzaba como un gato cuál nadie le importaba, me dirigí hacia la máquina donde saque torpemente el papelito teniendo dentro de mi bolsillo de mi chaleco y marcando la hora de mi llegada, tiempo después llegué a la cabina.
Al abrir la puerta, me retiré mi bolso, mi chaqueta al igual que mi sombrero puesto que llevaba dejando aparte colgados en un perchero.
Me volteo y vi a mi jefe en medio, con un aire de vigor, entretanto me acomodaba la montura de mi gafas.
