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Ubicación: Ciudad de Bemon,
Al norte

Si nos convertimos en algo muy distinto al final de todo esto... solo espero quedar satisfecho con el resultado...

Las palabras merodeaban por su mente mientras esperaba el momento indicado para disparar. Su cargo no era el más cómodo, menos en esa época del año. Empezaba a nevar y hacia bastante viento, por lo que sus manos, aún envueltos en guantes de cuero negros, comenzaban a entumecerse y doler, sus labios resecos rasgaban un poco la tela del pasamontañas al mínimo gesto y la tela de sus pantalones no era lo suficientemente gruesa para protegerlo del frío. El tener su rodilla izquierda apoyada en el suelo helado no ayuda tampoco. Sin embargo Seonghwa no tenía pensado moverse hasta haber recibido el permiso para proceder. Entrecerró un ojo mientras cerraba por completo el otro enfocando la nuca de su víctima a través de la mira de su rifle. Casi sentía sus dedos temblar en el gatillo y bien podía ser debido a las bajas temperaturas como a la excitación.

El gordo, desde su oficina, ajeno al inminente peligro, paseaba animado en círculos delante de su escritorio y movía sus labios en un parloteo incesante mientras hacía aspavientos al aire, como si estos gestos fueran necesarios para transmitir sus palabras a quién fuera que se hallara al otro lado de la línea telefónica.

—Repito. Objetivo a tiro. Espero señal —. Habló Seonghwa, reportando por segunda vez su situación a través del auricular colgado en su oreja y esperó unos segundos. Sin embargo, por segunda vez, no obtuvo respuesta del otro lado.

¿Qué se supone que estaba haciendo Yeosang? ¿Habría sucedido algo en el puerto? ¿Los habrían pillado? Imposible. Seonghwa sabía que sus camaradas no eran de los que se dejaban atrapar antes de siquiera comenzar una misión.

—!No dispares!— se oyó finalmente la voz de Yeosang. Seonghwa enarcó las cejas en una expresión de confusión, pues esa no era la orden que estaba esperando.

—¿Qué has dicho? —Pronunció con tono grave, comenzando a irritarse. No había llegado hasta donde estaba, cargando el equipamento y colándose en el techo del edificio mientras se escabullía de los Securitas, arriesgando su vida para no ser atrapado y fulminado para que Yeosang le ordené a no hacer algo que llevaba semanas planeando.

Abortamos misión. Tienes que volver al barco de inmediato —habló Yeosang en tono neutro. Seonghwa, en un gesto inconsciente, llevó sus dedos a su auricular, como si con el contacto las palabras que provenían de este se hicieran más claras de lo que ya eran—. Repito. No dis pa res.

Yeosang pronunció la última frase más lento y con insistencia siendo consciente de la reluctancia de Seongwa muchas veces a obedecer sus órdenes a la primera.

—¡Qué demonios! ¿Por qué? ¡Tengo al gordo en la mira, estoy a un solo gesto de volarle los sesos...! —aseguró Seonghwa, reafirmando su agarre en el rifle mientras volvía a fijar la mirada en la nuca de la víctima, que permanecía ahora de espaldas a la ventana con el teléfono aún en la oreja.

Park Seonghwa —se oyó la voz del capitán de repente—. Ni se te ocurra disparar. Recoge todo y vuelve de inmediato. Te explicaré todo cuando estés aquí—. Seonghwa apretó la mandíbula, aún sin quitar el dedo índice del gatillo. La frustración lo carcomía por dentro en ese momento, sin embargo no se atrevió a desafiar las palabras de su capitán y acabó soltando lentamente sus manos el arma. —Tienes cuarenta minutos.

Tras el sonido que anunciaba la desconexión por parte del otro lado, Seonghwa se puso de pie, arrancándose los guantes de ambas manos y arrojándolos con fuerza al suelo. Odiaba dejar trabajos a medias. Ni siquiera quería saber qué diablos había sucedido ahora para tener que perdonarle la vida al ministro Shim, tras tenerlo a un solo movimiento del dedo índice de distancia de la muerte. Siempre ocurría algo. Seonghwa ya podía deducir que ese algo tendría que ver con Maverick, otra vez.

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