Preface

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Aexus

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Aexus

No hay nada divertido en jugar a los escondidos en esta inmensa ciudad de “Pueblo Lunar”. Llevan cerca de dos horas buscándome mientras yo sigo dibujando el horizonte sentado en el campanario de la ciudad. Creo que es hora de bajar y enfrentarlos.

Al bajar del edificio me encuentro con Mikey.

—¿Dónde estabas Aex?— preguntó algo enojado.

Solo estaba dibujando. ¿Y los demás?— digo con calma.

Buscándote, ¿vamos?

Vamos.

Caminamos hacia la plaza y vimos en la pared un cartel que anunciaba un torneo de Struggle.

—¿Vas a participar este año Mikey?— le pregunto mientras caminamos.

—La verdad, no tengo muchas ganas.

—Ok.

Llegamos a la plaza donde los otros participantes del concurso de los escondidos nos esperaban.

—Has ganado, Aexus— dijo la mamá juez.

—Oh, cierto, ganaste Aex— me dijo Mikey— ¿qué deseas como premio entre un viaje a la playa con los niños o leer el libro de profecías del pueblo?— continuó Michael.

Los demás me miraban intentando que eligiera el viaje a la playa y yo, como todo un niño bueno, les permití el viaje y, en la noche, me colé en la biblioteca para leer el libro. Estaba interesante. Hablaba de una persona en específico originaria de este pueblo, que salvaría los mundos sacrificando sus fuerzas. También hablaba de una persona procedente de unas islas con nombre cuya inicial es la “S”. Este logró grandes hazañas con ayuda de sus amigos. Al final de la página aparecía una frase suya: “Mis amigos son mi poder…” Luego de leer un poco el libro, salí de la biblioteca y me fui a casa.

El camino se hacía demasiado largo por lo que decidí tomar un atajo. En el pasillo por el que me encaminé, reinaba la oscuridad, y en el fondo yacía una especie de portal que emanaba oscuridad. Curioso, entré al mismo y me sorprendió lo que vi.

Dos hombres luchaban en un mundo de tinieblas con lo que parecían espadas con forma de llave. Uno de ellos vestía con túnicas blancas y de mucha calidad; parecía de cincuenta y tantos años pero se movía con gran habilidad. El otro vestía una especie de capucha negra y no se le veía la cara.

El encapuchado intentaba defenderse de los poderosos ataques del señor. Me quedé mirando por un rato, hasta que decidí encararlos.

—Hola….— dije buscando su atención, y fue un gran error.

El encapuchado me atacó, buscando matarme, y el señor se cruzó en su camino, salvándome y sacrificándose para ello. Luego de esto el señor, quien yacía a mis pies, me dirigió una mirada y por fin habló:

—Pequeño niño, ¿estás bien?

—Sí, señor. ¿Y usted?

—Nada malo me va a pasar, pequeño, siempre que me prometas algo.

—Lo que sea señor.

—Primero que todo, ¿Cómo te llamas?

—Aexus, ¿y usted?

—Kirago.¿Ves esta arma?—dijo señalando su espada— Esta arma se llama “llave espada” y necesito que la guardes en tu corazón hasta el día que tengas que proteger a los tuyos. ¿La aceptas?

—Sí, señor— dije sosteniéndola con mis dos manos debido a que era muy pesada.

Esta arma luego de que la obtuviera me hizo caer en un profundo sueño…

Nota de autor: Hola mi gente. Esta es una historia que me hacía mucha ilusión escribir y pos aquí la tienen, que la disfruten;

Charles

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