Darisa Thron y Panya Pirrup llevan una larga vida tranquila desde su casamiento. Hasta que un suceso cambia por completo sus vidas y decaen en la angustia por la otra.
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—A faire vieillir, á faire blanchir la nuit [...]
(Hasta envejecer, hasta aclarar la noche).
Lounane - Je vais t'aimer
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Ella sentía que flotaba, abrió los ojos y no veía absolutamente nada. Todo está en penumbras; su cuerpo es ligero como las plumas e intenta moverse, imitando los movimientos que hacía cuando se le impartía la materia de natación. A lo lejos escucho voces: "mi amor, estarás bien", tan solo al oír sabía que era su esposa. De nuevo Darisa habló, "no me apartaré de tu lado", su voz está casi quebrada y hace eco en todo ese espacio oscuro.
De pronto sus ojos alcanzan a vislumbrar un pasillo blanco, hay voces que no conoce. Quiere extender su mano, pero no la siente, su visión es borrosa, solo ve bultos y sombras. ¿Qué está pasando? Es lo que viene a su mente, quiere gritar a los cuatro vientos, ¡¿dónde te encuentras, Darisa?! Pero siente su garganta y boca seca. Su vista se aclara por un instante, ve a varias personas con batas y cubre bocas, Panya cierra sus ojos con el murmullo inentendible de cientos de voces a su alrededor.
[Horas antes]
Panya Pirrup de treinta y cuatro años de edad, con rubios cabellos tal cual lirios de la misma tonalidad y ojos azules, que según su esposa podrían humillar al mismo cielo, con una complexión delgada y cuerpo de reloj de arena; camina por la acera para esperar el próximo autobús. Ella es el tipo de persona que detendrá una puerta a alguien más, dará un buenos días, tardes o noche a quien sea sin necesidad de que el contrario dé una respuesta, admirará el cielo, el atardecer que ilumina todo lo que esté en su alcance hasta que las estrellas aparezcan, porque evoca con claridad las noches que compartió con sus amigas en su juventud, con su abuela charlando de su día a día cuando aún permanecía en aquel pueblo en Inglaterra, siempre se pierde en la infinidad de las nubes en el cielo azulado y el mar de estrellas. Ahora esta abordando el autobús que le llevará a su próximo destino.
Panya está más que satisfecha con su vida, tiene un empleo entre semana como florista, lo cual le encanta, ya que siempre le fascinaron las flores, también apoya en sus días libres a su amiga Talya Tweek cuando le hace falta personal en la cafetería de la que ella es propietaria, pues aprende alguna que otra receta de los postres que prepara su amiga. Vive junto a su esposa Darisa Thron quien trabaja en el departamento de mercadotecnia de una emergente empresa de zapatos en la que es dueña su amiga, Cindy Donovan.
Hoy es el decimotercer aniversario de casadas con su esposa Darisa, se dirige a la cafetería Tweek Bro's, puesto que recogerá el pastel de relleno de fresa y al menos media docena de tiramisú, los favoritos de su esposa. Ese será parte de su celebración, ya que Darisa le prometió algo más esta noche. Como todos los años, siempre es algo diferente, sonríe para sí misma, a veces ellas hacían viajes a algún lugar de Europa o bien de su mismo país, caminando tomadas de las manos por aquellas ciudades que se impregnaban en la memoria de su corazón. Este año esperaba algo como eso e incluso que su esposa superará sus expectativas.
Bajó del autobús cuando estuvo en su parada indicada, pues tendría que caminar un poco para llegar al local que su amiga Talya Tweak tiene en la zona céntrica de Denver. No le tomo mucho tiempo llegar e ingresa al local.
—¡P-Panya! —esa es la voz de Talya, quien está en el mostrador conversando con su esposa Carrie Tucker una mujer alta, de piel bronceada, cabello negro y ojos verdes con detalles azules.
—Hola, ¿cómo están? —comenta ya estando cerca de ellas. Carrie saluda con un ademán.
—¡Las ventas van estupendas! Desde que Lola y Butters entraron tenemos mayor apoyo y ahora me puedo concentrar totalmente en la cocina.
—Además que Talya ha incluido más postres, los cuales han tenido éxito —comenta la pelinegra sonriendo, su esposa le devuelve la sonrisa con complicidad.
—Por cierto, felicidades, por un año más —suelta repentinamente otra voz que Pirrup reconoce, le sonríe.
—Gracias, Butters —responde mientras la susodicha le entrega su pedido.
—No vayan a pasarse de copas —dice Tweak en modo juguetón.
—O terminarás sacando a Darisa de la cárcel, de nuevo —esa es la voz de la pelinegra, quejándose por la última vez que paso aquello. Bueno, era su segundo aniversario, Panya no había previsto una "reunión en su casa", tampoco el que sus amigas dejaran en un casi coma alcohólico a su esposa y el vandalismo que cometieron luego de eso. Soltó unas ricitas, que tiempos eran aquellos, cuando todavía era lejana la posibilidad de recorrer el mundo.
—Descuida, no creo que pase a mayores.
La charla se expande con las cuatro presentes, rememorando aquellas "locuras" que hacían desde la adolescencia, lo destacable sin duda fueron esos momentos en donde conoció su pasión por las flores al estar a cargo de la florería que la señora Havishman tenía, sus amigas con los postres y otras con la música. Siguieron hablando, riendo y rememoran hasta que Panya se dio cuenta del tiempo, eran cerca de las 5 p.m., debía volver al menos dos horas antes ya que quería preparar un detalle extra a la sorpresa que le tenía a su esposa.
Se despidió de todas y ellas le desearon un feliz aniversario. Volvió sobre sus pasos hacía la parada del autobús, esperando hasta que llegó y abordo. Observo a su alrededor, no habían demasiadas personas, al menos unas siete, incluyéndola, una anciana, una pareja de jóvenes y tres chicos que traían ropa de instituto. Busco un lugar al fondo, cerca de la ventana para observan las calles que recorría el autobús.
Los edificios poco a poco fueron opacados por nubarrones grises, sus ojos se posaban en ellos, las voces de adolescentes hablando entre si llenaban de vida el transporte, sonrió pensando en la velada con su esposa, un buen vino e incluso un vodka las acompañaría, pondrían un par de canciones en conjunto con la luz de las velas bailarían hasta que Darisa quisiera atiborrarse de tiramisús o una rebanada de pastel e incluso que Darisa tocaría la guitarra y ella cantaría con la alegría en su corazón...
Fue repentino, sin embargo, sintió que su cuerpo se elevo por un instante junto con el resto de personas, el ruido de cristales romperse, el ardor de su piel y luego un sonido la dejó aturdida, sus oídos zumbaban, sus ojos que competían con el azul de cielo se cerraron repentinamente y las pocas personas dispersas entre los asientos parecieron desvanecerse.