20 de octubre: Reporte en audio del Capitán O'Malley

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20 de octubre

Reporte en audio del Capitán O'Malley

Llegamos demasiado tarde. A las cero seiscientas de esta mañana, arribamos a la isla por la zona oeste, donde atinadamente los reportes establecían que la selva era más densa y las colinas más empinadas.

Guardamos el sigilo que se nos indició desde el primer paso aquí, pero la maldita isla es gigantesca; teniendo en cuenta la urgencia y necesidad de una vacuna, creemos que no será suficiente con el personal de este comando. La isla es un  desastre, no hemos alcanzado sino hasta final del día de hoy, el laboratorio. Estimamos que había más de un centenar de personas trabajando aquí, lamentamos reportar que ya tenemos conocimiento su destino

Todos están muertos; absolutamente todos.

Aunque muertos es una descripción inexacta. La situación de la gente aquí, coincide perfectamente con los reportes que recibimos de Atlanta, Orlando y Houston, pero comenzaré desde el inicio.

Desembarcamos con los primeros rayos del sol. El comando conformado por los cabos Denilson, Smith, Ramírez, la cabo mayor Grey, el sargento Dumbar y yo, dejamos el bote tras unas rocas y escalamos hasta la selva, a menos de veinte metros de distancia. Envié a Ramírez y Smith a revisar el faro; tal y como se temía, estaba deshabitado. Ambos reportaron sangre seca de hace un par de días y las pertenencias del encargado, abandonadas en el casillero. Nada que pudiese dar una pista de su paradero.

Evitamos el sendero, como se nos ordenó y cruzamos la vegetación protegidos por los matorrales. El sargento Dumbar apuntó atinadamente que la fauna del lugar, estaba especialmente callada. No escuchamos aves o insectos en todo el recorrido. Hasta el momento, la situación permanece igual.

A las cero setecientas nos cruzamos con un río de agua dulce. Se descubrió una anomalía en un recodo apuntando hacia el este. Atorados en una roca, hallamos varios peces muertos  tras una roca. Aproximadamente una docena de ellos. A estas alturas no nos queda duda alguna; el agente infeccioso está afectando a la vida silvestre tanto como a los humanos.

Arribamos al  punto de control del cuadrante doce de la isla. La cabina tiene marcas de batalla. Grey encontró balas de calibre nueve reglamentario incrustados en los muros que al mismo tiempo, tienen manchas negruzcas. La vegetación de alrededor parece haber sufrido también alguna especie de incendio. Grey detectó gasolina en ciertas zonas de césped, por lo que queda claro que fue provocado.

La bitácora de los guardias es bastante clara; a continuación leo la página final:

"Ocho de la noche. Se nos ordenó mantener la posición. Pero Nick no ha regresado y Leo jura haber escuchado un grito hace como media hora. El sol ya se escondió y sólo podemos ver a treinta metros a la redonda, cortesía de las lámparas de la cabina. Además del dichoso grito, la selva está demasiado silenciosa. Llevamos las armas con la funda desabotonada, esperando que algo salte de entre los arbustos. No hemos podido comunicarnos con la base desde hace horas.

Diez de la noche. Leo salió a buscar a Nick; hace cinco minutos escuché detonaciones, no muy lejos de aquí. Ninguno de los dos ha regresado. Temo lo peor.

Once de la noche. No hay comunicación con la base y mis compañeros no han regresado. Abandono mi puesto. Prefiero pasar la semana en prisión que soportar la incertidumbre y el miedo un minuto más. Dios los cuide a todos".

Fin de la bitácora.

Ramírez encontró un rastro de sangre metros más adelante por el sendero. Parece ser que el vigía no ha logrado llegar muy lejos. No queda claro quién disparó a la cabina, o cómo se inició el incendio.

El centro de tratamiento de aguas ha sido también, dejado a su suerte. La presa que desemboca al río se ha desbordado y el agua potable se ha mezclado con la residual, así que tentativamente sólo podemos contar con el agua que llevamos con nosotros. Tenemos reserva como para tres días, por lo que estimo que estaremos bien. Denilson intentó hacer contacto por medio de la radio ubicada en la cabina de comando pero sólo ha recibido estática. Los muebles del cuarto también evidencian una batalla reciente.

Para las mil ochocientas, y según lo estimado, alcanzamos las inmediaciones de la base. De acuerdo a lo descrito en el reporte pudimos conformar que los muros de diez metros de alto permanecen inaccesibles, ya que sus puertas de acero sólido de dos toneladas, han sido clausuradas por dentro. He dado la orden de subir a una colina ubicada en el sector norte de la zona,  para lograr una vista aérea; además, el atardecer es todo lo que nos queda de luz natural.

Desde la mencionada colina hago este reporte y aunque sólo puedo describir lo que el visor de visión nocturna me permite, casi puedo asegurar que la peor estimación hecha por  inteligencia, se ha cumplido. En algún acto de heroísmo, la base ha decidido encerrarse con el virus y por el momento, con total certeza puedo reportar que cada cuerpo deambulando por los patios y zonas externas del lugar, ha sido infectado por el ER-2887.

Repito: están muertos, todos.

Debido a la naturaleza de nuestra misión, no contamos con la munición suficiente para infiltrarnos. No sin arriesgar la integridad del equipo completo. Hemos contado más de cincuenta infectados y esos son solo aquellos que no merodean en los pasillos de las instalaciones. De acuerdo al estimado de las personas laborando aquí, tememos que haya el triple de enfermos en la base. Todo el lugar es una sentencia de muerte. Las probabilidades de infección, según cálculos de Grey, son del noventa y dos por ciento.

No hemos logrado hacer contacto vía satelital con inteligencia. Los decodificadores de la base probablemente sigan activos. De no cambiar la situación, tendremos que iniciar la infiltración por nuestra cuenta. Ramírez cree que nos han enviado a un matadero, como último recurso; le cuesta trabajo creer que no se haya previsto la incomunicación. Yo mismo comienzo  a tener dudas.

He hecho decenas de misiones en la selva; es la primera vez que me voy a dormir tras unos matorrales sin escuchar chicharras ni búhos.

Creo que por fin lo logramos. Hemos creado el apocalipsis perfecto.

Y pensar que todo comenzó con una gripe.

Fin del reporte.

Diarios del fin del mundoWhere stories live. Discover now